Luka Modric: Rebeldía, caos y fútbol indolente
El jugador croata continúa forzando su traspaso al Real Madrid declarándose en rebeldía.
Luka Modric continúa negándose a entrenar con el Tottenham para forzar su fichaje por el Real Madrid y en FútbolPrimera.es analizamos su situación.
No existen límites. Un análisis superficial se llevaría por delante los fetiches de propaganda civilizada de nuestros días, pues abogar por premisas básicas prestablecidas, solo arrincona y destapa la trampa. Integrar es destruir la identidad del resto. Tolerar es el privilegio eterno del que manda. Igualar es borrar los rasgos individuales en pro de una masa destruida. Una ignominiosa pantomima democrática alcanzada por ideales occidentales civilizados, aunque es precisamente ese supuesto modo standard, el que produce todos los males de nuestros días multiplicando su agudeza con los minutos. El fútbol, con su desorbitado poder de masas, radicaliza muchas de estas sensaciones. Y es que mientras media España vive anclada en el paro, la pesadumbre y la incapacidad financiera, el club de mayor calado y que más voces representa, pretende contratar a un futbolista cuya primera reacción ante las circunstancias, ha sido negarse a cumplir su derecho de trabajo. Luka Modric es el enésimo rebelde.
El enganche croata, cuya opinión sobre su posible fichaje del Real Madrid ya analizamos en su momento como un riesgo demasiado indolente y frío como para ser necesariamente exigido en el vestuario blanco, repite por segunda vez en su carrera la misma táctica. El pasado verano el balcánico había desarrollado por completo su rol de creador, llegador, clarividente y guionista del Tottenham, por lo que asumió que podría exigir un cambio de aventura cuando el Chelsea se acercó a él. Pero la naturaleza ‘vecina’ de los Blues londinenses, la competitividad directa del club destino y la necesidad de los Spurs de poder mantener en sus filas al hombre que reivindicaba un papel protagonista para el proyecto de White Hart Lane, impidió una vez tras otra que Modric fuera traspasado. La táctica, ya conocida, respaldaba su interés absoluto en marcharse al club interesado de inmediato, negándose a entrenar con sus compañeros, solicitando claramente su venta y exigiendo todo lo que pudo a su directiva, que llegó a tener 60 millones de euros sobre la mesa por su croata de oro.
Esta vez la línea a seguir no ha cambiado, aunque sí pequeños detalles claramente determinantes. Un año después, Luka Modric viene de desarrollar una campaña más decepcionante e irregular que las de anteriores, ha seguido demostrando que le falta un ‘plus’ competitivo para dar la cara como estrella en momentos de máxima necesidad (tanto con su club como con Croacia en la Eurocopa 2012) y es un año más veterano de cara a contratos de larga duración (26). Sin embargo, el club que lo pretende es el más apetecible en lo personal (estaría dispuesto a forzar más que nunca para poder ser el eje medular madridista), el Real Madrid no es un rival directo en la pelea por la Premier y la oferta sigue siendo altamente destacable teniendo en cuenta cómo está de especulador el mercado estos días y la secundaria necesidad que pretende cerrar e su plantilla José Mourinho con su contratación.
Pero esas pequeñas diferencias entre 2011 (interés Chelsea) y 2012 (interés Real Madrid), han servido para que Modric explote al máximo su directriz básica, la de la rebeldía. Un denominador común cada verano en traspasos complicados, que desmonta la verdadera raíz pasional y sentimental del fútbol para mostrarnos su lado más agresivo, económico y acidulado. El trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre. Es útil, digno de él, idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana. Necesario para formar y mantener una familia, para adquirir el derecho a la propiedad, por las implicaciones morales que comporta en la vida social y porque su remuneración es el instrumento más importante para practicar la justicia en las relaciones laborales. Una lucha por la igualdad que el ser humano ha desarrollado, sufrido y peleado durante toda su vida pero que, en apenas un par de segundos, el fútbol se encarga de desmontar, mostrando su cara más indolente, la de la incapacidad para establecer su propia justicia.
No hace falta retroceder muchísimo en el tiempo para encontrarse sensaciones similares relacionadas precisamente con el Real Madrid. Fácilmente recordaremos estas prácticas más o menos idénticas en Sergio Agüero (exigiendo su venta al Atlético de Madrid), Lass Diarra (incluso se inventó fatiga mental y hasta se fue con la selección francesa sin permiso) o Robinho (pidió públicamente ser traspasado al Chelsea-Manchester City tras tres cursos de blanco), pero mi cabeza es capaz de retrotraerse a 1997. Por entonces, Cristian Karembeu jugaba en la Sampdoria, estaba en su último año de contrato pero la llamada blanca le hizo declararse en rebeldía, exigir a su club, negociar a espaldas y hasta negarse a entrenar pese a recibir tres multas. Acabó fichando y necesitó tiempo para mejorar su estado físico ya como madridista donde, por cierto, fracasó.
Ahora, Luka Modric pretende seguir esa línea rebelde pues, pese a castigos, declaraciones, amenazas o multas como la que ya ha recibido por estar dos semanas sin entrenarse (100.000 euros que no es más que el equivalente a su ficha ese tiempo), el croata sabe que en la mayoría de casos, el jugador acaba siendo el beneficiado. De modo que lo suyo y lo de tantos otros, es oponerse al Orden, romper códigos, desobedecer estructuras, derrocar directivos e intentar boicotear las premisas del deporte rey. El caos no tiene límites. El caos acabará reinando.
