Luka Modric, la candidez sobrevalorada

El croata ha cerrado su fichaje por el Real Madrid

Luka Modric con Croacia Luka Modric con Croacia

Luka Modric es nuevo fichaje del Real Madrid después de que se haya hecho oficial su traspaso procedente del Tottenham y José David López se encarga de analizar al nuevo jugador del conjunto blanco.

Puede ser el mejor de todos los tiempos o el mejor una tarde mundialista. Puede haber sido el jugador de moda o el más simpático. Puede ser comparado con mitos o portar carteles de millonarios traspasos a su alrededor. Sea cual sea su naturaleza, la medular del Real Madrid siempre se ha dividido en un eterno mal endémico. Entre aquellos que rinden culto al toque aseado y la categoría en el desplazamiento creativo de balón o, por el contrario, entre quienes ocupan labores de destrucción y desarrollo físico. Mahamadou Diarra, Lassana Diarra, Gravesen (aunque el danés sí estaba en un escalón inferior), Gago y hasta en su día Makelele (para quien escribe, el mejor mediocentro destructor puro de los últimos años), han sufrido ese calvario del ostracismo, la invisibilidad y la negatividad que levantaba en todos los análisis desde los medios de comunicación hasta el último madridista del graderío.

Consciente de que los últimos fichajes del pasado curso fueron decepcionantes en rendimiento, el Real Madrid está mandando mensajes a través de los medios a tipo de encuesta. La teoría es clara, se duda sobre qué jugador puede beneficiar el proyecto y cuál agradaría a la afición más allá de cumplir los requisitos que exija José Mourinho para la nueva campaña. Y esa pregunta sin respuesta llega como muestra del altísimo potencial que existe en la actual plantilla, una mezcla europea de primerísimo nivel, talento, experiencia y calidad contrastada en los primeros escenarios mediáticos. Y es que allí donde otras veces fichó por lo que provocó ruido (casos de Khedira u Ozil en el pasado Mundial), ahora el campeón de Liga se encuentra con que los que más han lucido en su escenario habitual de ‘caza’ (la Eurocopa), son sus propios jugadores. De ahí la duda. De ahí los sondeos a través de la prensa. De ahí un nombre: Luka Modric.

El comodín croata está siendo vinculado al gigante blanco como primer indicio de la duda, como ‘marioneta’ en busca de aprobación social y como diana perfecta sobre la que testear las valoraciones de los analistas y aficionados. El error no está solo en evidenciar esta estrategia que pone de manifiesto el poder de la mano directiva en el club más allá de las intenciones de la dirección deportiva (se ficha a ojo mediático y no a ojo analítico), sino en instalar dudas innecesarias en los ocupantes de esa zona medular donde podría acabar el balcánico. Porque cuando no existen más debates sobre la plantilla y su capacidad (quizás sería necesario algún central más) tras un año donde a nivel individual y colectivo ha estado cerca la perfección resultadista y de imagen, el mal común es recuperar las dudas en la zona que siempre despierta antipatías.

Sin embargo esta vez hay menos necesidad que nunca. Primero porque el hombre que podría perder su puesto para la entrada de Modric es un Sami Khedira que viene de la mejor campaña de su vida y de ganarse los elogios del mundo entero con su poderío físico y llegador en Alemania. El germano tiene más fuerza, agresividad, ambición y energía, siendo además cas intocable para su entrenador. Si por el contrario la teoría es conservar a Modric como alternativa para rotar en esa medular, su papel ya está ocupado por Nuri Sahin. El turco es una de las grandes incógnitas del año por sus problemas físicos, pero tiene calidad contrastada, capacidad para llevar el guion de un equipo asociativo y toda la juventud necesaria para madurar lo que ya nos mostró en el Borussia Dortmund (sus lesiones han impedido que muchos aficionados realmente crean este análisis optimista sobre sus facultades). Desde luego, tampoco tiene el impacto y los recursos ya cautivadores en el Bernabeu que maneja Mesut Ozil si su futuro fuera actuar de enganche. E incluso, si llevamos las comparativas al límite y la intención fuera colocarle como escudero-volante, sería incomprensible que interrumpiera el trabajo y progresión de Granero.

Pero más allá de encuestas, alternativas de mercado y una lista de la compra que parece más innecesaria que nunca en el Real Madrid 2013 (pese a que parezca mentira a los directivos que se pueda completar un verano sin gastar dinero inapropiado), la apuesta por Luka Modric es tremendamente fría y dañina desde numerosos aspectos. El croata tiene calidad técnica, capacidad asociativa, talento para el último pase y claridad de ideas, pero jamás ha demostrado ninguna de estas cualidades diferenciales en un contexto de primerísimo nivel donde de su aportación dependiera el futuro de su equipo. La falta de referentes de su rol, pues no abundan en el panorama actual jugadores en los que delegar responsabilidades creativas y clarividentes, siempre situó al balcánico en la élite de los mejores clubes del mundo aunque las excesivas pretensiones de sus dueños, evitaron que alguno de ellos arriesgara en exceso.

Frío, cándido, timorato y hasta carente de voracidad, Modric no superaría a ninguna de las opciones que ya existen en el banquillo del Real Madrid (Xabi Alonso en creación, Khedira como acompañante ideal, Ozil como enganche o volante fuera de su mejor zona de influencia) y obligaría a un desembolso mayúsculo (en torno a los 35-40 millones de euros) que no se reivindicaría en el césped ni se reembolsaría a posteriori en una futura venta. La candidez no debe vestirse de blanco y menos, a precio de oro.

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