Diario de la Eurocopa (Día 2): Descubriendo Gniewino... en el bus del colegio
Segundo capítulo de la expedición de Fútbol Primera en Polonia
Los enviados especiales de Fútbol Primera.es a la Eurocopa 2012 continúan enviándonos los informes de su estancia en Polonia siguiendo los pasos de la Selección española. Aquí llega el segundo capítulo del 'Diario de la Eurocopa'.
Gniewino es un pueblo completísimo. No falta de nada. Tiene una iglesia, un cementerio, dos bancos, un restaurante y... Y ya está. Se han escuchado rumores de que alguien vio una vez un pub, pero nadie ha podido ofrecer pruebas que lo demuestren. Vamos, que lo que estaba destinado a ser una mañana para conocer el pueblo se agotó en un cuarto de hora, el tiempo que tardé en dar la vuelta a todo Gniewino. Eso sí, pese a sus limitaciones de ocio no se puede negar que Gniewino es un excelente anfitrión que se ha volcado tanto con la Selección como con la prensa española.
Las horas previas a la llegada de la expedición de España al pueblo parecían la reconstrucción polaca de 'Bienvenido, Mister Marshall'. Los 'gniewinianos' -tampoco me sé el gentilicio- pasaron toda la mañana limpiando las fachadas de sus casas, arreglando sus jardines o decorando las calles para que el pueblo presentara el mejor aspecto posible. Otros, por otro lado, ensayaban con la banda de música local los acordes del 'Qué viva España', que luego se convertiría en la banda sonora de la recepción a Del Bosque y los suyos.

Escondido en el pueblo hay un pequeño puesto de ayuda a los turistas con tres voluntarias polacas que dominan perfectamente el español y una de ellas incluso el valenciano. En cuanto supo que venía de Valencia me respondió con un "bon día. Tot bé?" acompañado de un invitación a tomar algo. La posibilidad de recibir comida gratis me impidió ver más allá, aunque durante la conversación extraje que el pueblo estaba muy emocionado con la visita de España. También era fácil deducirlo porque lo repitió como unas cinco veces. Por cierto, su jugador español es Fernando Morientes. Está un poco desactualizada, pero no elige mal.
La otra gran anécdota llegó cuando intenté coger un autobús. Parece ser sencillo, pero algo debí de hacer mal. Creo que seguí todos los pasos lógicos. Primero comprobé el horario de los autobuses, luego acudí a la parada cinco minutos antes para ser previsor, y a la hora indicada pasó un autobús al que me subí sin dudarlo. Sólo había un problema, era un autobús de un colegio repleto de alumnos y no uno de transporte público. A nadie le pareció raro y el conductor me invitó a sentarme con los niños sin ningún reparo, mientras ellos celebraban mi presencia no sé muy bien por qué. Acabé sentado al lado de un chico con gafas al que le he condenado a no tener más amigos en toda su vida o a convertirse en el popular de la clase. No lo tengo claro.
Por la tarde llegaría el momento más esperado por Gniewino. A las 20h45 España desembarcó en el pueblo. Todos mis compañeros de viaje estaban allí, vestidos con un traje regional para recibir a la Selección, también las voluntarias y la banda local que había visto ensayar durante la mañana. Daba la sensación de que el pueblo al completo se había congregado allí para dar la bienvenida a España. Al ritmo de pasodoble, los jugadores bajaron del autobús y vieron como se les dedicaba un baile local.
Habría otro regalo, un pan de enormes proporciones, que se convertiría en la anécdota de la recepción. La chica que estaba encargada de hacer entrega del obsequio parecía estar confusa y no sabía a quien darle el pan. Ante la duda, el más alto, y fue decidida a ofrecerle el regalo a Fernando Llorente, ante la risa del resto de internacionales. Así se cerró el primer día de España en Gniewino, un pueblo con un sólo restaurante, dos bancos, pero demasiadas claraboyas...

Francisco Ortí (Enviado especial a la Eurocopa 2012)
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