Diario de la Eurocopa (Día 1): Gniewino, Magic Andreu y las claraboyas
La expedición de Fútbol Primera ya se encuentra en Polonia para vivir la Eurocopa 2012
Fútbol Primera.es ya está presente en la Eurocopa 2012 con dos enviados especiales, quienes para ofrecer un material diferente nos mandarán un diario de su aventura en Polonia. Aquí nos llega la primera entrega.
En cuanto abandoné el avión y pisé por primera vez Gdansk noté lo que me esperaba en la Eurocopa 2012: un frío que pela. No es que los once grados con los que me recibió la ciudad que acogerá a España durante toda la fase previa supongan una temperatura extrema, pero teniendo en cuenta que saltaba directamente desde el calor preveraniego de Valencia el contraste ha sido enorme. Según me han explicado, durante el día el clima es agradable pero cuando se oculta el sol las temperaturas bajan de manera agresiva. La mala noticia es que en Gdansk no anochece lo que se dice tarde, por lo que va a tocar desempolvar los abrigos.
Por lo demás, el desembarco en Gdansk ha sido perfecto, aunque algo más complicado de lo esperado por la cuestión idiomática. Tan sólo he hablado con tres personas por lo que generalizar sería algo exagerado, pero al parecer el inglés nunca llegó a cruzar el muro de Berlín y nadie le ha avisado de que hace tiempo que fue derribado. Mantener una conversación con cualquier 'gdanskiano' -los llamaré así hasta que descubra el gentilicio- es un derroche de vocalización, gestos y repeticiones que inevidablemente acaba muriendo en una nota de papel con las instrucciones que quería comentar desde un principio. Podría empezar directamente con la nota de papel, lo sé, pero no tendría la misma gracia.
Así fue la batalla para convencer a un taxista del aeropuerto de que me llevara hasta Gniewino, el pueblo en el que se aloja tanto la Selección como la mayoría de la prensa española. Finalmente llegamos a un acuerdo, tanto idiomático como monetario, y se convirtió en el primer compañero de aventura. Aunque, eso sí, siempre en silencio. Contrariamente a lo que sucede en España, el taxista no se giró ni una sola vez para mantener conversación o preguntar alguna duda. Tampoco solicitó ayuda cuando estaba visiblemente perdido en mitad del trayecto, aunque eso sí es muy español. Lo de los GPS supongo que también se quedaron estancados en el muro de Berlín y nadie ha ido a reclamarlos todavía.
Tras un tour nocturno por los bosques y alrededores de Gniewino, el taxista por fin acertó a encontrar la entrada del pueblo. Humildemente majestuosa, podríamos llamarla. Tienen poco, pero lo han sabido engalanar para que España se sienta como en casa. De cada farola pende una bandera de España, proliferan carteles de ánimo hacia los campeones del mundo y en los balcones de las casas se pueden apreciar imágenes de los jugadores. Todo ello lo intuí a través de la espesa oscuridad de la noche, así que habrá que esperar para una segunda oportunidad. Aunque tampoco habrá que esperar mucho porque si aquí anochece pronto, amanece más temprano todavía.
Y el hecho de que amanezca pronto no tendría mayor inconveniente de no ser porque justo encima de la cabeza de mi cama hay una inoportuna claraboya. Desconozco quien la puso ahí, pero se cubrió de gloria. Y, por supuesto, no hay ninguna forma de cerrarla para evitar que pase la luz. Así que desde las cuatro de la mañana el sol se ha convertido en mi molesto compañero de cama. Tendré que empezar a hacer buenas migas con él porque todo apunta a que me va a despertar todas las madrugadas. A no ser que invente algo para cerrar esa maldita claraboya.

BONUS TRACK:
En el avión coincidí con el Magic Andreu polaco. No le hizo mucha gracia que le fotografiara.

Francisco Ortí (Enviado especial a la Eurocopa 2012)
También puedes seguir mis aventuras en Polonia a través de Twitter: @franciscoorti

