Bale y Rooney, el peligro de 'picar' en Inglaterra
Real Madrid y Barcelona no tienen buenas experiencias con futbolistas británicos
Gareth Bale y Wayne Rooney han sido relacionados con el Real Madrid y el Barcelona, unos traspasos que de producirse se convertirían en una de las bombas del mercado de fichajes 2013-2014. Históricamente, al fútbol español no le ha ido demasiado bien cuando se ha visto en la necesidad de pescar en Inglaterra, y se puede afirmar que salvo excepciones "picar" en las Islas Británicas ha sido una decisión arriesgada. Repasamos de forma metafórica como fueron los menús que Real Madrid y Barça se encontraron cuando recurrieron al producto autóctono británico.
Los pioneros
Cuando los primeros clubes del fútbol español sobrevivían gracias a los donativos que efectuaban los propios jugadores, eran precisamente los ingleses los verdaderos impulsores de que aquella "banal" actividad que era para muchos el Foot-ball; los hombres que contagiaron su fiebre a los primeros aficionados de la península ibérica.
Aquellos pioneros se convirtieron años más tarde en jornaleros, y no era extraño ver desfilar por los campos españoles a marineros o trabajadores de los muelles británicos que hacían su particular "Tour" futbolístico por los estadios de nuestro país. En ocasiones debían explicar el reglamento a unos jugadores hispanos que jugaban al fútbol a su manera, que llegaban a hacer eternos los partidos al no ser capaces de marcar una disciplina en cuestiones tan básicas como el tiempo de los partidos. Se cuenta que Arthur Johnson, jugador del Real Madrid, llegó a publicar un manual con las reglas del juego y consejos varios, con el único fin de enseñar cuestiones básicas a sus compañeros.
Fueron los introductores del juego y por supuesto el primer precedente de jugadores llegados desde las Islas Británicas. Mucho han cambiado las circunstancias, aunque no tanto el fundamento.
Gary Lineker y Mark Hughes
Las expectativas eran altas y el Barça se fue a Liverpool para pescar a la estrella del Everton, al nuevo golden boy del marginado fútbol británico. El desembolso por Gary Winston Lineker fue alto pero no desorbitado; el Barcelona apostó por una buena materia prima pero sin llegar al gran reserva. Lineker ofreció grandes noches como aquel triplete ante el Madrid y retraso su salida hasta 1989, justo cuando se tomó la primera copa de la época Johan en Berna escorado a la banda. Tras aquella victoria en la Recopa de Europa dijo adiós uno de los hombres que mejor recuerdo dejó por su caballerosidad en Can Barça, y también una figura que ha sabido dirigir su vida de una manera coherente.
Pero la verdadera indigestión de la época llegó con Mark Hugues, y es que tras la recomendación de Mr. Venables, se contaba con que el jugador regalara noches de mantel fino y elegante. Al final este declarado independentista galés sólo trajo disgustos y problemas regados de cerveza barata. Hugues representó a la perfección el peligro de picar a la ligera en Inglaterra, y para colmo de males le birló al Barça la final de la Recopa de 1991 cuando militaba de nuevo en las filas del Manchester United.
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David Beckham
En 2003 las puertas de la corte británica se abrieron de par en par para Florentino Pérez, el poderoso mecenas de un Real Madrid capaz de almorzar en los más lujosos restaurantes. Ese verano los blancos firmaron a David Beckham y se abonaron a comprar en Harrods con fondos venidos desde Asia; desde oriente debería llegar el dinero que hiciera saltar la banca de Chamartín y hacer rentable aquella locura.
Pero tras unos entrantes de la más alta gama aderezados con el mejor golpeo a balón parado del mundo, la gastronomía británica comenzó a hacer estragos en el castizo estómago del público madrileño. Sin copas, sin ligas y prácticamente sin saldo tuvo que abandonar Beckham el Real Madrid. Menos mal que el postre de la casa endulzó en parte el mal trago y en inglés pudo marcharse como campeón de liga en el último suspiro.
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Michael Owen
Michael Owen era como aquellas dietas milagrosas que anuncian un cambio de tendencia. Amenazaba con poner el fútbol patas arriba, y en cierta forma lo hizo en aquel Inglaterra-Argentina de Francia 98 en el que dejó muestras de su clase. ¿Qué hubiera pasado si los Three Lions hubieran ganado aquella noche?
Probablemente una estatua de Michael Owen presidiría el majestuoso Saint-Dennis, porque aquel jovencísimo futbolista estaba en gracia. Más tarde le birló el balón de oro a Raúl, y poco tiempo después el Real Madrid no dudo en incorporarlo para gloria de su museo; la vitrina de los balones de oro acogió a una nueva reliquia. Sin embargo, en Madrid todavía se espera a Michael Owen, al brillante futbolista que demostró ser en el Liverpool y que no apareció en España; fue la comida más insípida, corta y dietética de la historia.
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Steve Archibald
Ponga un escocés en su equipo y podrá presumir de que nunca vio nada igual. Así era Archibald, el señor de la tierra del haggis y el Scotch Whisky. Nunca lo tuvo sencillo ya que nada más aterrizar tuvo la difícil responsabilidad de hacer olvidar a Diego Armando Maradona; cumplió y ayudó a que el Barça ganara la liga. Un año más tarde, en el "Mayo horribilis" del Barça en 1986 salió en el once de la final de Sevilla cuando la gran mayoría de expertos aconsejaban que fuera Pichi Alonso el titular de aquel partido. La derrota le hizo daño, y encima justo esos días le dejaron fuera de la convocatoria de Escocia que debía jugar en México 86, un futuro negro le esperaba. La llegada de Lineker y Hughes le apartó del menú de elegidos del Barça, y como no tenía sitio llegó incluso a jugar dos partidos con el filial en segunda división ante el Logroñés y el Hércules. Pero pese a todo nadie olvidará a "Archi" ni sus goles frente al Oporto y la Juventus en el viejo Comunale.
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Steve McManaman y Laurie Cunningham
Fueron dos casos con vidas extremadamente opuestas. Diríamos que McManaman fue el vino que supo mantenerse y llegar a añejo con grandes dosis de suerte, y Cunningham protagonizó la historia de la manzana podrida; la fruta que brilló en su madurez y se marchitó hasta llegar al peor estado posible. McManaman y Cunningham no abandonaron la sonrisa desde que llegaron a Madrid. Sin embargo uno fue capaz de marcar uno de los goles del Real Madrid en la final de la Copa de Europa del año 2000 y el otro sólo pudo participar medio lisiado en el decepcionante partido de 1981 ante el Liverpool; paradojas de la vida, los dos encuentros se disputaron en París.
Steve nunca intentó cosas extravagantes, ni realizó grandes locuras. Al margen de la suerte y algunas actuaciones decentes, siempre será recordado como otro de los grandes señores británicos que pasaron por nuestro país. A Cunningham le gustaba bailar en el campo y en la discoteca, y también le gustaba demasiado la velocidad. La gacela jamaicana encontró la muerte en 1989, uno de los años negros que relacionan la carretera y el deporte.
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