Gales y Escocia, recordando tiempos mejores
Las dos selecciones británicas se encuentran en franca decadencia
Hace casi nueve años que Gales perdió su oportunidad histórica de clasificarse para un gran campeonato. Las ganas y el deseo frenaron al equipo de Mark Hugues en su eliminatoria de play off frente a Rusia, en un duelo que debía decidir una plaza en Portugal 2004. Ryan Giggs, el símbolo de "los dragones", fue víctima de su propia ambición propinando un codazo a Vadim Evseev, el lateral derecho de la selección rusa. La acción del futbolista del Manchester United no fue castigada en primera instancia, un hecho que permitió a Giggs disputar el decisivo encuentro de vuelta en Cardiff cuatro días más tarde. Los de Hugues perdieron toda opción de clasificación tras un gol del propio Evseev; Gales decía adiós a un sueño, esperando que el futuro le brindara nuevas oportunidades.
Demasiados acontecimientos han sucedido en el fútbol galés desde el año 2003: la clasificación del Cardiff City para la final de la FA Cup en 2008, el ascenso del Swansea a la Premier, pero sobre todo, un suceso triste que conmocionó al deporte de su país, la muerte de Gary Speed.
La selección de Gales no levanta cabeza desde aquel momento. Tampoco es que las sensaciones del equipo antes del fallecimiento de su seleccionador fuesen demasiado positivas, pero desde que Chris Coleman se hiciera cargo del equipo nacional, País de Gales no conoce la victoria. La selección vive una situación límite, al borde del precipio. La última idea del que fuera técnico de la Real Sociedad ha sido arrebatar la capitanía del equipo a Aaron Ramsey en beneficio de Ashley Williams; una decisión que llega días antes del decisivo partido frente a la vecina Escocia, un encuentro que significará la constatación de que dos de las selecciones históricas del fútbol británico, pasan por una crisis ezpeluznante. Coleman justificó su decisión alegando: "Ramsey ha notado demasiada presión desde que se convirtió en el capitán más joven de la historia de la selección, necesitamos terminar con parte de la ansiedad del equipo con cambios".
Escocia y Gales han caído en uno de los grupos más competidos de la fase europea de clasificación para Brasil 2014. Si alguien pensaba que podrían optar a luchar por acudir a la Copa del mundo, las dos primeras jornadas han terminado por devolver a la realidad a los seguidores de los equipos. Serbia, Croacia y la esperanzadora Bélgica, se sitúan a años luz de dos selecciones que al margen de sus resultados (que han sido malísimos en el último año), sufren la ausencia de criterios futbolísticos en su propuesta.
El juego duro con el que los galeses recibieron a los Fellaini, Hazard o Dembelé en el primer encuentro de la fase de clasificación, no se ajusta al de un conjunto con aspiraciones de desarrollo. La escasa evolución de Gales, con futbolistas prometedores que no terminan de encajar en un sistema, es comprometida, pero si nos detenemos en el caso de su rival el próximo viernes, los Tartán Army, el panorama es casi desolador.
El pasado mes de Mayo, Escocia recibía un severo castigo en Jacksonville. La selección de Estados Unidos le goleaba 5-1 en un encuentro futbolísticamente bochornoso de los hombres de Craig Levein; el castigo de unos jugadores que en su día aprendieron el fútbol de los emigrantes llegados de las islas británicas, una lección muy dura de asimilar. Pero el comienzo de la fase de clasificación ha revelado a una Escocia que puede pasarlo muy mal durante su periplo hacia el mundial. Incapaz de vencer a Macedonia en casa, es una sombra del equipo que maravilló al fútbol europeo en los años setenta.
Se recuerdan con nostalgia aquellos años. Gales y Escocia se vieron las caras en Anfield en octubre de 1977; quien ganara estaría en la Copa del mundo de Argentina. La federación galesa llevó el partido a Liverpool, con la esperanza de recaudar más dinero y presionar a los jugadores rivales. Pero a la hora de la verdad, Anfield se llenó de aficionados escoceses que asumieron con gran responsabilidad la misión de apoyar a su selección. Se impusieron los del norte de la isla, y la maravillosa generación de los Kenny Dalglish, Archie Gemmill o Martin Buchan, tuvo el honor de cruzar el charco para representar al fútbol británico en la Copa del Mundo de Argentina 78.
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Cuando este viernes los dos equipos salten al terreno de juego del Cardiff City Stadium, una sensación de nostalgia recorrerá a los aficionados de las dos selecciones. Dragones sin rumbo y faldas escocesas sin imaginación, presidirán un choque entre dos selecciones condenadas de antemano a cruzar la puerta del infierno futbolístico.

