Málaga: El Milan ya sabe lo que es perder en Andalucía
Los de Pellegrini intentarán repetir la gesta del Betis en 1977
El Milan visita al Málaga en la tercera jornada de la Liga de Campeones, un duelo que llega en un mal momento para los italianos, que ya saben lo que es perder en Andalucía, fue contra el Betis en la Recopa de Europa de 1977-78.
Alfredo Megido lanza un túnel nada más sacar de centro, sortea cuantos rivales le salen a su paso y termina en el suelo, protestando al colegiado. En pocos segundos las dos imágenes de aquel Betis saltan a escena. Por un lado el impulso de intentar lo más difícil en el momento de mayor presión, por otro el genio mal invertido y la inseguridad de quien se sabe con carencias. El Athletic termina de marcar el segundo gol de la final tras un clamoroso error de Antonio Benítez, que cede inexplicablemente el balón al certero delantero Dani, y éste no perdona. A los verdiblancos se les marcha el título, pero harán uso de la inspiración para empatar de nuevo a dos un encuentro digno del trofeo que se entregaba por primera vez.
La Copa del Rey estrenaba denominación en 1977 y además, vivía la última edición sin extranjeros en muchos años, la copa seguía siendo la verdadera fiesta de los futbolistas españoles, y en ella tenía protagonismo el Athletic, indiscutible rey que todavía mantenía su solera. Sobre el terreno de juego del Vicente Calderón se suceden las acciones de Irureta, el mago Cardeñosa o el sobrio José Ángel Iribar. Pero el héroe sería Esnaola, el único vasco de la final que no jugaba en el Athletic, y que asumió galones de arquero y tirador en una tanda de penaltis agónica hasta la extenuación. Para el espectador neutral fue una final espectacular, apasionada e intensa; una de las mejores de la historia. Pero para los dos técnicos, Rafael Iriondo y Koldo Aguirre, vizcaínos los dos por cierto, el encuentro fue toda una prueba de resistencia. Es la estampa de otra época, el momento de mayor prestigio para el Real Betis Balompie desde que ganó la liga en 1935.
Una semana más tarde en Milán...
Nereo Rocco terminaba de ofrecer su última buena acción a la institución. Había vuelto al A.C Milan para rescatarlo, pero esta vez fue la última, la despedida definitiva. Un año y medio después de la final de Copa, el introductor del Verrou en el fútbol italiano fallecía en Trieste a los 66 años.
Y es que Internazionale y Milan se jugaron el trofeo de la copa 1976-77 en San Siro, siendo la primera final disputada en Lombardía desde 1963, y la única ocasión en la historia en la que los dos gigantes de la ciudad del Duomo disputaron la final del torneo. Los Rossoneri habían vivido un año para olvidar en el que solo consiguieron salvarse del descenso en la penúltima jornada, tras una agónica victoria frente al Catanzaro. Los métodos del nuevo técnico contratado a principio de temporada, Giussepe Marchioro, pronto dejaron de convencer a los tifosi y a una junta directiva ya presidida por el célebre Felice Colombo, involucrado después en el escándalo del Totonero. Aquella final con el Derby della Madonnina que se resolvió de forma positiva para el Milan, salvó una temporada mediocre. Fichajes como el de Fabio Capello, que llegó al club procedente de la Juventus en una operación trueque con Romeo Benetti, no pudieron ayudar a que el Milan alcanzara una buena posición en la liga, e incluso fue eliminado de la Copa de la UEFA por el Athletic de Bilbao, curiosamente el conjunto que se enfrentaría al Betis en la final de la copa española. Sevillanos y milaneses se verían las caras en la primera fase de la extinta Recopa de Europa en la temporada siguiente; fue la primera derrota del Milan en Andalucía.
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El centrocampista bético Francisco Javier López iba a convertirse de nuevo en el gran protagonista en un duelo en el que el Betis no partía como favorito. López ya había sido el héroe en la final del Calderón pocos meses antes, y marcaría un gol vital en el partido de vuelta disputado en Milán que daría la clasificación a los verdiblancos.
Aquel Milán no pasaba ni de lejos por su mejor momento, y en cierta manera el equipo actual recuerda a aquel conjunto que no era capaz de superar encuentros ante clubes más débiles. Mientras tanto, el Betis fue fiel a su historia, alternando brillantes momentos de instinto con sonados fracasos. Aquel equipo respetado, bautizado como el Euro-Betis y temido por los grandes cuando lo tenían en frente, terminó perdiendo la categoría en la última jornada de la Liga 1977-78, en una triste victoria frente a la Real Sociedad; ese día Rafael Iriondo, el artífice del éxito un año antes, dijo adiós al club, aunque más tarde volvería.
Los viajes europeos del Betis fueron una experiencia inolvidable para la afición verdiblanca. Ya en la final de Madrid frente al Athletic, se había vivido una fiesta de orgullo andaluz, con miles de banderas verdiblancas que proclamaban el sentimiento bético y reivindicaron al mismo tiempo el andalucismo, como parte del proceso autonómico que vivía la España de la transición. El 14 de Septiembre de 1977 llegó el Milán de Niels Liedholm a Sevilla. Tres días antes en Catalunya, se había producido una de las manifestaciones más multitudinarias en la lucha por el reconocimiento de los símbolos, la cultura y las instituciones aparcadas durante la dictadura; Andalucía vivirá la suya el 4 de Diciembre, y el Betis mientras tanto, se convierte en el mejor embajador de la región, ausente el Sevilla de las competiciones europeas desde 1970.
El Milan alineó en el Benito Villamarín a Albertosi, Sabadini, Turone, Morini, Boldini, Maldera, Bigon, Capello, Tosetto, Biasiolo y Buriani, mientras que el Betis de Iriondo inició su periplo en la Recopa de Europa con Esnaola, Bizcocho, Sabaté, Biosca, Benítez, López, Alabanda, Cardeñosa, García Soriano, Eulate y Landinsky.
El conjunto Rossonero fue sorprendido en Sevilla por unos motivadísimos futbolistas del Betis que no dejaron ningún detalle a la improvisación. Los italianos abusaron del marcaje al hombre y quisieron estrechar el campo acumulando centrocampistas, pero los andaluces se impusieron por garra y talento. Las incorporaciones desde atrás de hombres como Alabanda o Biosca, y el constante apoyo del vallisoletano Julio Cardeñosa (que todavía no era célebre por su error ante Brasil del mundial de Argentina 78), fueron esenciales para doblegar al campeón transalpino. El Betis ganó dos a cero, con goles de Landinsky y el salmantino Eulate.
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En la vuelta, los verdiblancos estuvieron cerca de jugar otra prórroga, ya que el Milán había conseguido levantar la eliminatoria hasta llevarla al empate. La situación se complicaba, y los andaluces estaban avocados otra vez a jugarse su futuro en un nuevo tiempo extra. No sería algo novedoso para los hombres de Iriondo, ya que en la copa del año anterior se especializaron precisamente en eso, en levantar encuentros en la prórroga. Si el Betis había conseguido ganar la Copa del Rey salvando tantos momentos críticos frente al Athletic en el partido, en la prórroga y en los penaltis... salir con vida de la eliminatoria frente a todo un ex-campeón europeo no era algo imposible. Y lo hizo, otra vez apareció López, el hombre récord del Real Betis, el goleador en los momentos clave, rematando contra la portería defendida por Albertosi para clasificar al Betis. Aquel gol en San Siro supuso el estallido de toda Andalucía, el Betis hacía historia en uno de los templos del fútbol italiano.

