La desgracia en nombres [Cap I. Futbolistas]

Jugadores como Ballack, Robben o Ibrahimovic parecen perseguidos por la mala suerte.

Abrimos un serial de tres artículos donde se pretende recopilar de forma sencilla y funcional a los nombres más desdichados –por diferentes circunstancias- de la historia del balompié.

Antes que los sensibles, los revanchistas y los dignos se vengan arriba, quisiera aclarar que no se duda en ningún momento de la calidad futbolística de ninguno de los nombres que aparezcan en este artículo, pero por razones diversas, a estos protagonistas la suerte les giró la espalda.

Éste serial se compondrá de tres artículos: Futbolistas, Equipos (selecciones nacionales y clubes), y Entrenadores & Presidentes.

Arrancamos la primera entrega con los futbolistas.

Decía Simón Bolívar que “el arte de vencer se aprende en las derrotas”, pues bien, de ser cierta tal afirmación, el Sr. Michael Ballack debe haber aprendido muchísimo, porque derrotas colecciona para dar y tomar

El gafe del teutón arranca en el año 2000, cuando un autogol suyo en la última jornada de la Bundesliga (en el campo del modesto Unterhaching) dejó a su equipo, el Bayer Leverkusen, sin título en beneficio del Bayern. En 2002, Ballack llegó a la final de la Copa Alemana (Pokal), la final de la Champions League en Glasgow, y “el equipo de la aspirina” además, peleó la Bundesliga hasta el final. El balance fue que perdió las dos finales y la ensaladera de campeón se la llevó el Borussia Dortmund. Ese mismo año, en verano, se pierde por sanción la final del Mundial 2002 en Corea-Japón y ve desde la barrera como la Brasil de Ronaldo le priva del campeonato mundial.

En verano de 2006 deja Alemania para fichar por el Chelsea. No solo no destaca, sino que sus actuaciones con los blues van desde lo discreto hasta lo lamentable. [Su “socio” Shevchenko también pasó con más pena que gloria por Stamford Bridge. Fernando Torres, se rebela para no acabar integrando el trío de “blufs millonarios” de la historia del Chelsea].

En 2008, la Alemania de Ballack llega a la final de la Eurocopa de Austria y Suiza, pero en la final celebrada en Viena, España le priva del cetro continental. Para colmo, Luis Aragonés lo trollea llamándolo “Wallace”. Ese mismo año, también pierde la final de la Copa de Europa con el Chelsea a manos del Manchester United, cae derrotado frente al Tottenham en la final de la Carling Cup, y acaba subcampeón de la Premier League a dos puntos de los Red Devils.

Por si esto fuera poco, una inoportuna lesión en los ligamentos de su pie derecho lo dejó fuera de la selección alemana de cara al Mundial de 2010 y acabó encabronado con Löw y media Mannschaft, para beneficio de ésta.

Por todo ello, y más historias que me dejo en el tintero, podemos afirmar que estamos ante el mayor “Carpanta” de la historia del balompié moderno.

El excelso y atormentado delantero sueco Zlatan Ibrahimovic ha vestido la camiseta de Ajax (4), Juventus (2), Inter (3), Barça (4) y AC Milan (7). Entre los cinco equipos suman la friolera de 20 Copas de Europa. Zlatan lleva jugando la Champions League de forma ininterrumpida desde el año 2002 y aún “no ha tocado pelo”. Este dato escalofriante en la más prestigiosa competición de clubes contrasta sin embargo con sus éxitos ligueros, y es que Ibrahimovic ha logrado 8 títulos de campeón nacional de forma continuada, con estos cinco equipos, y de hecho, si el Milan conquistara el Scudetto 2011/12 lograría su novena Liga consecutiva. Gloria doméstica, bochorno continental. Palmarés intramuros.

El habilidoso extremo holandés, Arjen Robben, lleva dos años ciertamente aciagos. Perdió la final de la Champions League disputada en mayo de 2010 en el Santiago Bernabéu ante el Inter de Mourinho. Dos meses más tarde, aquel 11 de julio de 2010, sobre el césped del Soccer City de Johannesburgo, tuvo en sus botas y por partida doble, la posibilidad de vengar a la “Naranja Mecánica” y dar a Holanda el primer Mundial de su historia. Apareció “El Santo” y el título mundial se lo llevó La Roja, “iniestazo” mediante.

Hace tan solo 48 horas, en el trascendental BVB-Bayern, toda la mala suerte del mundo se concentró nuevamente en su persona en unos 15 minutos finales fatídicos. Se duerme a la salida de un córner y habilita a Lewandowski (76’) en el gol del Borussia Dortmund, un gol que vale una Bundesliga (salvo hecatombe de los de Westfalia), posteriormente, falla un penalti a cinco minutos del final, y en el tiempo de descuento marra una oportunidad clarísima a un metro de la línea de gol.

Robben, siendo un jugador primoroso, no tiene suerte. Las lesiones, el azar o la desdicha más cruenta siempre jugaron en su contra. Ahora bien, el fútbol siempre da segundas e incluso terceras oportunidades. La próxima semana hay un Bayern-Real Madrid. Ojo con él.

Dicho cuanto antecede, nadie en su sano juicio, puede dudar la inmensa calidad futbolística y el peso específico de gente como Ballack, Ibrahimovic o Robben, eso sí, no serían las tres personas más idóneas para subirlas a bordo de un avión o un barco.

ABONADOS AL DESCENSO


Dentro del ámbito de la Liga Española, existe algún caso singular de futbolista “gafe” que colecciona descensos como el que colecciona botellas de cerveza.

El actual delantero del RCD Espanyol, Sergio García, vio como entre verano de 2005 y verano de 2010 experimentaba el descenso con Levante, Real Zaragoza y Real Betis. Casi nada. Muchos pericos, conocedores de este hecho, se hicieron cruces cuando el Espanyol acometió su fichaje por 1,8 millones de euros en verano de 2010. De momento el club mantiene la categoría. Sergio García, aún y con esa fama de gafe, puede decir bien orgulloso que ganó la Eurocopa en 2008. No más de 45 futbolistas en España pueden decir eso.

El delantero brasileño Ricardo Oliveira, acompañó a Sergio García en la delantera del Real Zaragoza y el Real Betis, fue “cooperador necesario” en dichos fiascos, y además no puede sacar la Eurocopa como atenuante a su mal fario.

Ojo con “El Mono” Navarro Montoya, mítico portero de Boca Juniors, que coleccionó la nada despreciable cantidad de tres descensos consecutivos con el Extremadura, el Mérida y el Tenerife respectivamente. Hoy comenta en Radio Marca.

El delantero sueco de origen eritreo, Henok Goitom, tuvo la mala suerte de ver como el Real Murcia y el Almería descendían a Segunda División estando él en sus filas. Solo por ello ya merece figurar en esta relación, ahora bien, debo decir en su descargo, que alguien que usa el Twitter con esa naturalidad y ese sentido del humor es más un #winner que otra cosa. [Su nick es @Henok_Goitom]

Todas estas historias, son más o menos recientes, y en la mayoría de casos aún son reversibles de un modo u otro.

LA PENA DE BARBOSA


Ahora bien, existe una historia en concreto que encoge el alma. Moacyr Barbosa, era el portero brasileño que defendía la portería de Brasil el día que a Uruguay se le ocurrió llevar a cabo el “Maracanazo” en el coliseo de Río de Janeiro.

Aquel 16 de julio de 1950, un país entero que vive por y para el futebol, culpó a Barbosa de no haber hecho más en los goles charrúas, especialmente doloroso fue aquel de Alcides Ghiggia, tanto que a la postre (1-2), sumió a Brasil en una llanto constante y una depresión que duraría años.

A pesar de ser designado mejor cancerbero del aquel Mundial, el pueblo brasileño y los medios nacionales estigmatizaron y criticaron con dureza el desempeño del buen portero de Vasco da Gama.

Su repudio público duraría años, décadas. En 1993 se acercó a visitar la concentración de la selección brasileña, quien preparaba el Mundial de USA’94. Mario Zagallo, por entonces asistente del seleccionador Carlos Alberto Parreira, vetó de inmediato el acceso de Barbosa para con los futbolistas, toda vez que entendía que la sola presencia de aquel “apestado” causaría desgracia a la verdeamarelha. Pocos meses después, Brasil ganaría aquel Mundial en una agónica tanda de penaltis ante Italia. Por su parte, Moacyr Barbosa, uno de los mejores porteros de la historia del fútbol brasileño, murió solo en el año 2000 sumido aún por la pena de no haber podido atajar aquel disparo de Ghiggia.

Dejó para la posteridad la célebre frase 'la pena máxima en Brasil por un delito son treinta años, pero yo he cumplido condena toda mi vida'.

Son historias de desgracias. Desgracias que también conforman la historia del fútbol.

Continuará…

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