Real Madrid - Al Saad: Raúl y el cielo de los elegidos

Continúa haciendo historia

Raúl González Blanco continúa ampliando su leyenda en el Al-Saad después de haber triunfado en el Real Madrid y el Schalke 04. Analizamos la figura de este futbolista que hoy vuelve al Santiago Bernabéu para recibir un merecido homenaje.

"Quiero coger ese halón, quiero tocar esa estrella roja del amanecer. Subo al techo, perno llego allá. El cielo está más lejos que el mar. Dime cómo llegaré". Estos acordes de Silvio Rodríguez denotan históricas pretensiones humanas por alcanzar lo lejano, el infinito y, a su vez, unirlo a la sensación de libertad que sólo parece representado en el cielo. Una cima que algunos pretenden alcanzar en una existencia posterior tras meditaciones terrenales y obligaciones morales, pero que otros llevan siglos intentando sentir en su piel pese a que les vaya la vida en ello. El sueño de llegar al cielo nunca fue exclusivo pero sí un reto para todo aquél avezado intelectual.

Dos de ellos, los hermanos Montgolfier, sentados un día en torno a una hoguera, apreciaron que el humo se elevaba osadamente en el aire y comprendieron que el aire caliente es más liviano que el frío, facilitando así su ascensión. Meses después, un gallo, una oveja y un pato, actuaron de improvisados tripulantes en Versalles, con 130.000 almas esperando el milagro de alcanzar el cielo, que se convirtió en realidad. No necesitaba autopropulsión, podía elevarse o permanecer inmóvil en el aire, que juzga libremente su trayecto. Desde las alturas, divisa cualquier rincón, disfruta de los elogios de resto y levanta expectación desde una perspectiva dominante que nunca pierde fuelle ni atención. Hoy, el globo siempre presente, el que incita al debate eterno, el que no necesita ser propulsado y el que se defiende con el único gas de sus goles, se llama Raúl González. La perseverancia por llegar al cielo con un balón en los pies.

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Sólo su carácter ganador, la experiencia que le sirve para seguir aglutinando estadísticas positivas a su espectacular currículum y la constancia de quien un día supo abandonar su corazón para disfrutar de su pasión (abandonó el Real Madrid porque Mourinho no le aseguraba un lugar digno a la altura que él aún pretendía mantenerse), le permiten vivir en libertad desde los cielos de Gelsenkirchen. Nunca pierde su estatus, nunca cede posiciones en la grandeza que lo acompaña y cuando alguien intenta desestabilizarlo, recordarle su edad o poner en duda su regularidad (hace poco su técnico, Hubb Stevens osó increpar su estado físico), responde poco después sobre el césped que lo encumbrara de por vida. Ese cielo verde donde Raúl, ajeno a propulsiones mediáticas y a críticas absurdas, nunca encuentra respuestas negativas sino una continua apología que justifica sus méritos diarios.

"Si a un jugador creativo le das ciertas libertades eso termina beneficiando al equipo", tuvo que retractar Stevens, sabedor de que, más allá de la capacidad física (satisfactoria teniendo en cuenta que siempre fue un profesional perfectamente leal a sus labores pese a sus 34 años), la pólvora y sapiencia del ‘7’ superaron sobradamente el nivel medio del fútbol alemán. Si ya en su llegada se encumbró la figura de Raúl como el aliciente que llevó al Schalke a semifinales de la Champions League y el que siempre mantuvo el tipo gracias a sus 19 goles en 50 partidos oficiales (ojo a la cantidad de minutos en juego, porque fue uno de los jugadores que mayor desempeño realizó en 2010-2011), su ansiedad de superación le auto-obligaba a exigirse mejoras.

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Evitando palabras que alcen la voz a su alrededor y con la comodidad que le produjo la marcha del club del polémico Ralf Rangnick (que sí llegó a pedir su traspaso al club porque no consideraba que estuviera a la altura de sus peticiones), el madrileño ha mejorado más esta campaña y su relax extradeportivo se tradujo en 21 goles anotados a final de campaña. Una clara referencia de progresión y de tranquilidad global pues en los goles de Raúl y en su conexión ofensiva con Huntelaar, radicaban las esperanzas del Schalke para estar luchando hasta el final por la Bundesliga (algo que parecía difícil a tenor de su frágil defensa, el gran problema que Stevens logró solventar poco a poco) y por poder soñar con tocar el cielo europeo en la Europa League. Y aunque tales méritos no llegaron por la fortaleza de superiores rivales, su adiós fue como perder al icono que llegó para colocarles en la élite y despedirse fugazmente, aunque asegurandose un hueco en la historia. Su destino era más exótico que brillante, porque la edad y la vida así lo justificaban, pero lejos de contentarse con cumplir, ha vuelto a marcar diferencia con 11 goles en su primera campaña como delantero del Al Saad. Esos registros se han traducido en un nuevo título, el de campeón qatarí.

Sigue siendo máximo realizador histórico de la Copa de Europa con 71 goles, (donde superó a Muller e Inzaghi en los últimos años), vuelve a lograr sin quererlo que algunos recuerden sus cifras cuando la Selección Española encuentra problemas ofensivos (tras la lesión de Villa hace algún tiempo, consiguió que un sector volviera a reclamar su posición en la Roja) y hace mucho tiempo que fue para la historia el ‘Rey Minero’ de la Cuenca del Rhur. A sus pies, la afición del Schalke, que ya pensó en ofrecerle un contrato post-retiro para dar imagen internacional al club y que ahora se contentará con agradecerle en un amistoso, toda la gloria que fue capaz de otorgarle en apenas dos años (sí, solo dos que sirvieron para retirar su dorsal). En su cabeza, un cielo que lo cobija. Desde allí, con libertad y con el gas de sus goles, el globo Raúl sigue teniendo la mejor perspectiva. Hoy, el Real Madrid, le brindará un merecido homenaje. El de los ‘elegidos’.

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