Leeds - Chelsea, Elland Road busca revivir los setenta

En 1975, el estadio llevó al equipo a la final de la Copa de Europa

Leeds United y Chelsea se enfrentan en Elland Road en los cuartos de final de la Capital One Cup (Copa de la Liga) con la sensación recuperada por parte de los aficionados locales de volver a recibir a los grandes en su estadio. Con el Chelsea concretamente, se vivieron capítulos de extrema rivalidad hace décadas. El calor de la atmósfera agitará con fuerza Elland Road esta noche... vuelve el Leeds al escaparate del mejor fútbol inglés.

El fútbol traspasa el umbral de los sentidos gracias a equipos que no mueren nunca. La historia esta llena de casos y por fortuna, de vez en cuando podemos rescatarlos; equipos que llegan al alma, que transmiten fuerza y honor. Cuentan con una personalidad propia que les hace distintos a cualquier otro. Verlos competir es un premio, independientemente de la filosofía o el gusto técnico de cada cual. El Leeds de finales de los sesenta y setenta brilla con luz propia en el fútbol de su época. Los Johnny Giles, Billy Bremner, Peter Lorimer, Jack Charlton o Gary Sprake, son el fiel reflejo de una etapa que no volverá para el fútbol inglés. En el Leeds, todos estos futbolistas juntaron fuerzas y formaron un equipo en toda la extensión de la palabra. Llegados desde diferentes puntos de las islas británicas, su escudo les unió en la gran empresa... Leeds! Leeds! Leeds! Marching On Together!

Volviendo a trazar el camino

El pasado sábado, Leeds e Ipswich Town disputaron un nostálgico encuentro en la Championship inglesa. Ganó el United por 2-0. Los veteranos de Elland Road recordaron otras batallas como un general retirado que menciona una y otra vez cuando él mandaba en el frente de combate. La vida actual del Leeds United es esta, pero en Marzo de 1975 todo era muy distinto. Los dos equipos disputaron una de aquellas eliminatorias que pasan a la historia. El Ipswich de Bobby Robson necesitó tres repeticiones para dejar fuera de la FA Cup al Leeds; aquellos blancos enigmáticos vendían caras sus derrotas. Cada partido era una nueva pelea, pero cómo disfrutaba la grada de Elland Road con ello... Los Peacocks habían conseguido de nuevo meterse entre los cuatro mejores equipos de Europa por segunda vez en su historia batiendo en los cuartos de final del torneo al Anderlecht sin oposición.

Los Billy Bremner o Johnny Giles sabían a lo que jugaban y cual era su objetivo. Antes, en 1970, con la "jirafa" Charlton y el implacable Revie como entrenador, habían estado a punto de jugar la final de la máxima competición europea, pero perdieron esa posibilidad ante el Celtic de Glasgow. Ahora era su momento, tras una temporada en la que habían superado la salida de Revie y consiguieron por fin deshacerse del enemigo de parte de la plantilla, el genuino Brian Clough... "un perdedor ignorante", en palabras del clan de Bremner en el vestuario. Con Armfield habían recuperado la confianza.

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Y en Zurich llegó la patata caliente del mes de Marzo. Bayern, Saint Etienne, Leeds y Barcelona, se presentaron en el sorteo de las semifinales. Para el conjunto español, el momento era esperado desde hacía años. Si Rinus Michels, Johan Neeskens y Cruyff no conseguían traer la Copa de Europa a Barcelona, ¿quién lo haría?

Pero el miedo se apoderó de los directivos del club a medida que el sorteo se acercaba. Se temía a los ingleses, nadie quería al Leeds. Su oficio, el rugido de sus aficionados y la convicción en el campo de sus hombres, le convertían en el más peligroso de los rivales. Llevar a Cruyff a Elland Road era como lucir a la mejor bailarina del Bolshói en una pista callejera (es cierto que a Johan no se le podía acusar precisamente de ser una vedette, pero al lado de los leones de presa de Yorkshire con los que contaba el Leeds, quedaba reducido a un tulipán de exquisita educación).

Leeds-Barcelona, por un puesto en la final

Eliminado de la FA Cup tras la angustiosa pelea frente al Ipswich, aquellos encuentros habían dejado al equipo físicamente roto. Además, perdieron frente al Liverpool en su estadio justo antes de recibir al Barça, por lo que los catalanes confiaban en que los ingleses no estuvieran en un gran momento, pero el Leeds esperaba agazapado el asalto final. Tenían varios ases en la manga y uno de ellos era sin duda, Elland Road.

Cuando los jugadores del Barça aparecieron en el campo, les esperaba un clima de encendida pasión. Los Migueli, Rexach, Asensi o Heredia, tardaron minutos en reaccionar. Incluso Cruyff, al que decenas de cámaras acompañaban durante su calentamiento, parecía impresionado. Con el balón en juego, el Leeds comenzó ganando todos los espacios, recogiendo cada pelota suelta. La presión de los escoceses Gray y Bremner, hizo encomendarse a la fortuna a Rinus Michels, el técnico del Barcelona. Cada vez que el Leeds se acercaba a Sadurní el campo temblaba, y se vino abajo cuando Billy Bremner conectó un disparó que se coló sin remisión en la red de la portería del Barça a los diez minutos de juego. 1-0 para el Leeds, con miles de aficionados fundiendo sus voces y agitando banderas blanquiamarillas y de la Union Jack... ese partido lo estaba ganando Elland Road.

El Barça intentaba combinar, tocar, elaborar, pero siempre aparecía una camiseta blanca con fuerza para rebañar la pelota. Era un partido para hombres en un auténtico coliseo de gargantas humanas. Otra acción de Eddie Gray, ganando a la defensa del Barcelona en velocidad y consiguiendo un centro envenenado que sacó Sadurní, forzó un nuevo corner. El Leeds estaba haciendo el mejor partido de la temporada, gastanto toda la gasolina que se había echado en falta durante tantos duelos de aquella 1974-75. Sólo Cruyff encontró un metro para enfriar ideas, inventar algo que sacara al Barça del atolladero, pero en la siguiente acción los ingleses ya estaban otra vez a la carga. Bremner jugaba con demasiado instinto, una venganza hacia alguien, puede que contra aquella semifinal de 1970. Tenía tantas ganas de gol que chutó a portería en un saque de esquina... y Sadurní otra vez la tuvo que sacar.

Cada vez que el Leeds se acercaba, la palabra miedo definía el estado anímico del Barça. Antes del descanso, un balón bombeado al área fue rematado a gol por Joe Jordan. La mano era tan clara como la de Maradona a Inglaterra o la que años después sufriría el propio Leeds en un gol de Raúl González, pero con la diferencia de que la de 1975 sí fue vista por el colegiado. El descanso llegó como una salvación para el Barça. Johan Cruyff o Neeskens, habían jugado más en el barro frenando a los futbolistas del Leeds que con la pelota en los pies: fue una auténtica exhibición de un conjunto de otra época. Los papeles se habían cambiado por completo, el Leeds era el mejor.

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En el segundo tiempo, los blancos acusaron el esfuerzo pero los de Michels seguían sin lucidez. Una entrada durísima de De la Cruz fue reprendida por el galés Yorath, que le agarró de la camiseta con aires amenazadores. En ese momento apareció Cruyff para montar una trifulca que estuvo muy cerca de convertirse en el nuevo Celtic Park, con aquellas peleas entre el Celtic y el Atlético de Madrid en otra semifinal de Copa de Europa. El Barcelona seguía desquiciado, pero a falta de 25 minutos, Cruyff se hizo con un balón cerca de su área de defensa. Tenía 80 metros por delante, sólo él podía intentar una carrera hacia lo imposible. El flaco miraba hacia adelante y no veía a nadie, bueno sí... camisetas del Leeds y un fondo del estadio repleto de fans con ganas de partirle las piernas. A pesar de todo, logró salir con el balón controlado y recorrió el campo rival hasta que vio a Heredia, el "milonguita" Heredia, y le mando un balón de oro. La jugada terminó como pueden imaginarse... los defensas del Leeds pusieron en funcionamiento su sierra para hacer inútil la ambición del delantero argentino. Pero el belga Loraux Vital, ¡pitó falta! El Barcelona, ausente de la eliminatoria hasta ese momento y que podía llevar una desventaja fácilmente de cuatro o cinco goles, tenía la posibilidad de abrir de nuevo el partido.

Cruyff tocó desde la frontal, más o menos desde el mismo lugar donde Koeman le daría la Copa de Europa al Barça 17 años después, y apareció Asensi para golpear la pelota con dureza. Era el gol del empate, el Barça terminaba de apagar el fuego de Elland Road, el tanto era un paso de gigante para conseguir estar en la final de París.

Elland Road nunca muere

Pero Elland Road, lejos de desfilar para casa, de dar el partido por perdido o lamentar el derroche de energías que habían desperdiciado los suyos, comenzó a alentar otra vez. A Billy Bremner todavía le quedaban fuerzas para lanzar la pierna a dos metros del rival: sus entradas rozaban ya lo criminal y no miraban consecuencias. Paul Reaney y Madeley, buscaban una nueva forma de sacar la pelota. El Leeds, el equipo que habían levantado de la mano del mentor Don Revie, no podía caer de esa forma. Europa les había acusado de practicar un fútbol poco vistoso, de emplear métodos fuera del reglamento. Pero ese día, a parte de todo eso, habían demostrado ser mucho mejores que el Barcelona: desarmaron al padre del fútbol total y tuvieron maniatado durante minutos al balón de oro Johan Cruyff. Ese día, el Leeds había dado una lección de fútbol y merecía ganar el partido.

En uno de esos avances con más fe que fuerza en los que Giles y Bremner se desfogaban pidiendo a sus compañeros un último aliento, el balón llegó al área de Sadurní. Jordan tocó de cabeza y la pelota quedó muerta en el área, preparada para que Allan Clarke, el cazagoles del Leeds, la enviara a la red. 2-1, el éxtasis, el tanto que acercó al United muy cerca de la gloria, puede que el gol más importante de la historia de Elland Road.

Como se sabe, aquel equipo jugó la final de la Copa de Europa de 1975, no ganó el título es cierto, o no le dejaron ganarlo... lo mismo da. Esta noche llega el campeón de Europa a Elland Road, el campo que quiere revivir la épica futbolística.

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