Alemannia Aachen: El día más negro del fútbol alemán
Las deudas ahogan al conjunto teutón
Las deudas ahogan el mundo del fútbol por toda Europa y también han aparecido en la Bundesliga, la liga más solvente, con la situación del Alemannia Aachen. Analizamos un caso que podría no ser aislado en Alemania.
Representa la economía más importante de Europa, protagoniza un papel de líder en la gestión de la crisis de la deuda de la zona euro y ha desenmascarado las vergüenzas financieras de los modelos del resto de vecinos continentales. Más allá de la recuperación experimentada en 2010, el crecimiento se ralentizó en 2011 y las perspectivas acabaron por reducir su optimismo en 2012. Así es hoy Alemania, que pese a su solidez y su robustez al frente del continente, se ha mostrado vulnerable frente a los impactos externos, los problemas domésticos estructurales y las permanentes dificultades para integrar la zona oriental. Esa debilidad jamás vista hasta la fecha, incide en la confianza y pesa sobre el crecimiento, el mismo que le sirve para exigir que el resto de países reduzcan su déficit presupuestario y continuar con la recapitalización del sector bancario. A pesar de estas políticas restrictivas, las medidas de reflotamiento han generado sensaciones impopulares que ya no esconden graves problemas concretos.
El fútbol alemán, con una Bundesliga convertida en los últimos años en un instrumento de lujo armonioso, ha sabido aprovechar las múltiples inyecciones de un público volcado y de unas medidas estructurales que abanderan el respeto por quien disfruta y paga por el show cada semana. Solo así se explica que el 95% de los clubes alemanes han mejorado su salud financiera en los últimos ocho años y que la mayoría de ellos tienen solvencia establecida para la próxima década sin necesidad de ayudas externas, apoyos bancarios, inversiones foráneas o peticiones de esfuerzos a sus abonados (medidas todas ellas ya asumidas como habituales en Europa). Pero esa grandeza que les coloca como el campeonato más ejemplar dentro del profesionalismo, se ha visto empañada por un pequeño agujero, el de las cuentas del insolvente Alemannia Aachen.
Cerca de llegar a su 112 cumpleaños (unos estudiantes llegaban a casa de noche y vieron escrito el nombre de la ciudad en latín, de ahí su nombre), el singular club amarillo de Aquisgrán (junto a la frontera con Bélgica-Holanda), habitual de la Bundesliga 2 (segunda división germana) en los últimos lustros, atraviesa por el momento más crítico de su larguísima historia. Un déficit de cuatro millones de euros ha sido suficiente para que la quiebra se consumara, le obligara a declararse insolvente y, con ello, asumiera su descenso hasta la Regionalliga (Cuarta División). Todo va a ser oficial en días, pues los gestores se declararán en bancarrota la próxima semana y pedirán una licencia para jugar en la cuarta división presentando un plan de solvencia. Iniciando así un proceso absolutamente catastrófico que merma la vitalidad económica de un país y su fútbol ejemplar. Eso sí, solo las estrictas normas de la Federación Alemana (DFB), que calificó este problemas de “violación de disposiciones”, impulsan este tipo de decisiones y maniobras (lo recalco porque no en todos los países existe el mismo compromiso al equilibrio financiero en las cuentas de los clubes de fútbol).
El club amarillo, que en los setenta fue capaz de disputarle un título de Bundesliga al todopoderoso Bayern, que se plantó en la final de DFB Pokal en 2004 y que consiguió plaza en la primera división en 2006, se hundió con un excesivamente optimista plan de crecimiento. La idea de cambiar su viejo estadio (Old Tivoli) por un recinto moderno como el de la mayoría de clubes alemanes (el ya levantado New Tivoli), fue un obstáculo insalvable tras la caída del club y la ausencia de resultados que mantuvieran esas intenciones. Pagar los 50 millones de euros del estadio acabó siendo su peor decisión, una pesadilla eterna que han ido pagando en forma de baches y problemas en los últimos años. De nada sirvió que el ayuntamiento echara una mano en 2010, pues la deuda no frenó su progresión. Hace unos días, 50 aficionados quisieron entrar por la fuerza en las oficinas del club y a la sala de prensa del estadio, confirmándose el caos definitivo en Aquisgrán.
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"Este es el día más negro en la historia del club. Este desastre no se podía esperar. La pérdida de cada mes sería significativamente mayor. Por lo tanto, la quiebra inevitable. Habríamos acabado la temporada con un déficit de dos cifras. No hay dinero en la caja, no podemos capear la situación durante más tiempo”, dijo el abogado del club ante las exigencias de su hinchada. “Todavía no he digerido la situación, debemos permanecer unidos. Vamos a hacer todo lo posible para salvar al club”, explica Uwe Scherr, director deportivo del equipo. El Bayern de Munich ya se ha ofrecido a disputar un amistoso donde lo recaudado acabe en las arcas del club, que amontona donaciones de desinteresados que siempre tuvieron simpatía por el club. Sólo así, al menos este 2012, fecha de su 112 cumpleaños, podrá soplar con fuerzas renovadas y energías cargadas, en busca de su futura escalada.
