Rayo-Barcelona, la última visita de Johan Cruyff

En 1978, el Rayo se convirtió en el matagigantes

El Barcelona visita al Rayo en Vallecas, campo en el que jugó por primera vez en 1978, siendo este partido el último que Johan Cruyff disputó como visitante en la primera división española.

En Madrid había iniciado Johan Cruyff su reinado en España. El 17 de Febrero de 1974, el fútbol se rindió definitivamente al holandes, que con una grandiosa jugada en la que se escapó de tres contrarios, marcó uno de los cinco goles que el Barcelona fue capaz de anotar aquel día en el Santiago Bernabeu. Era el primero de los 12 encuentros oficiales que Cruyff jugó en la capital de España con la zamarra azulgrana. Madrid fue la ciudad que lo dio a conocer al otro lado de los Pirineos gracias a las eliminatorias europeas entre el Ajax y el Real Madrid en los años precedentes, y allí gestó su único título de liga llevando la batuta de un ejército al que solo pudo trabar el Leeds un año después; eliminatoria que puso freno a la trayectoria ascendente de Johan, que tras ese momento nunca volvió a ser el mismo. En el Bernabeu ganó su segundo y último título en el fútbol español, la Copa del Rey de 1978. En Madrid se despidió de los campos de juego de la liga, excluyendo claro está el Camp Nou, que todavía tendría tiempo de dedicarle varios homenajes.

Vallecas era el escenario de su adiós, un campo que vibraba con el matagigantes del "palomo" Héctor Nuñez. El Rayo Vallecano había sorprendido a todos los incrédulos durante su primera campaña en la máxima categoría, y de manera paradógica, sería el club local en la última salida del gran Johan, que se marchaba del fútbol. O eso parecía, ya que se desdijo de sus palabras con la misma facilidad que lo haría Josep Lluís Nuñez en 1992 (el hombre que asumió la presidencia del club coincidiendo en fechas con la marcha del "flaco"), y el "me voy" se convirtió en un "hasta luego", ya que el holandés comenzaría un peregrinaje por el fútbol mundial que incluso le volvió a traer a España para vestir otra vez de azulgrana. Eso sí, defendiendo la camiseta del Levante con más pena que gloria, y con una actitud profesional muy dudosa. Por cierto, que en su andadura por la división de plata española volvió a jugar en Madrid, concretamente en el Vicente Calderón (frente al Atlético Madrileño)... y nuevamente en Vallecas, como en su despedida de 1978.

"Yo me iré como llegué, por la puerta". Perfecta declaración de intenciones ante las insistentes preguntas de los informadores que le buscaban y acosaban. La personalidad de Cruyff acaparó la atención del fútbol español durante su estancia en la liga. En ocasiones dio la impresión de que su figura fue todavía más importante fuera que dentro del campo, donde jugaba cuando le apetecía, y por supuesto, como le apetecía, que siendo Johan Cruyff uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos era un espectáculo.

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Pero su enigmática presencia traspasó la barrera deportiva desde el primer instante. Las cifras que se pagaron por él, su espíritu libre neerlandés y la particular forma que tenía para expresar y definir a la Barcelona que le tocó vivir, le convirtieron en el gran capitán de su época; un aspecto que se elevaba más allá del brazalete. El simbolismo de Cruyff era gigante, y a él le encantaba ser el protagonista.

Antes de aquella final de copa frente a Las Palmas en la que su amigo Carles Rexach marcó un precioso gol de falta, Cruyff y su Barcelona vivieron un año lleno de hechos singulares, con mucha inestabilidad en el plano deportivo. En los cuartos de final del campeonato de copa, el conjunto azulgrana fue emparejado con el Alavés, en una eliminatoria que quedó marcada por el enfrentamiento entre Jorge Valdano y el "flaco" Cruyff. Años después, el argentino recordó las palabras que le dirigió Johan en el partido de vuelta de aquel enfrentamiento. Valdano, harto de las constantes protestas de Cruyff, se dirigió a él de manera directa. Cruyff, sorprendido ante la valentía y descaro del joven futbolista del Alavés, le preguntó por su edad y se interesó por quien era. Valdano contestó, y la respuesta posterior de Johan (siempre según la versión del argentino) estuvo cargada de arrogancia: "A Johan Cruyff con 21 años se le trata de usted".

Rayo Vallecano y Barcelona se enfrentaron en la penúltima jornada de la liga 1977-78, con un Barça desahuciado en la lucha por el título y un sorprendente conjunto rayista que coronaría su espectacular temporada con una victoria por 2-1 ante el campeón de copa. El Rayo ya había sorprendido en la primera vuelta, empatando a uno y encendiendo a un Camp Nou escocido por los continuos tropiezos de los hombres de Rinus Michels.

El último Barça de Cruyff no comenzó mal ni en la liga, donde fue líder, ni en la copa de la UEFA, donde acribilló sin piedad al discreto Steaua de Bucarest (ningún barcelonista hubiera pensado que el club rumano y su meta Helmuth Duckadam pasarían a formar parte de la historia del conjunto catalán pocos años después). La presencia de Josep Tarradellas, recién llegado de su exilio, en el encuentro frente a la Unión Deportiva Las Palmas, supuso todo un estímulo para un equipo que poseía mucha pólvora en la parcela ofensiva. Aquel día, los Cruyff, Neeskens o Zuviría, destrozaron al conjunto canario.

Pero las cosas se iban a torcer, y el gran palo llegó en los octavos de final de la Copa de la UEFA. El Barcelona se enfrentó al Ipswich Town de Bobby Robson. El inglés era un admirador y estudioso del fútbol español, hecho que demostró sorprendiendo al conjunto de Michels en el partido de ida. El 3-0 evidenció las carencias del Barça, y dejó a Cruyff y sus hombres con un pie y medio fuera de Europa. El talento del holandés unido a la magia del Camp Nou, hizo posible la igualada en la vuelta, y el Barça volvió a clasificarse en la tanda de penaltis. Decimos volvió porque ya lo había hecho en la ronda anterior ante el AZ´67; el cupón de la buena suerte se terminaría muy pronto, y el panorama del Barcelona comenzaría a hacerse más oscuro con la llegada del nuevo año.

El presidente Agustí Montal Junior había abandonado la nave barcelonista hacía muy pocas fechas, y su salida coincidió con una penosa racha de resultados fuera de casa del equipo, como las derrotas en Mestalla frente al Valencia o ante el Atlético. Además, las lesiones terminaron de ofrecer problemas, a los que se sumó la eliminación definitiva en las semifinales de la Copa de la UEFA ante el PSV de los gemelos Van de Kerkhof. El partido de vuelta, en el que nuevamente se rozó la remontada, supuso la despedida de Cruyff de las competiciones europeas con la camiseta del Barça. Curiosa circunstancia, ya que fue el mismo escenario y el mismo guión, aunque con un rival diferente, que el firmado en 1995-96 cuando el Bayern de Munich le eliminó de la Copa de la UEFA, siendo éste el último encuentro europeo de Johan Cruyff como entrenador del Barça.

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En Vallecas el Barça perdió, desmotivado y con un juego muy poco asociativo. El Rayo sumó una victoria que le salvaba matemáticamente, y que se unía a las conseguidas anteriormente frente al Real Madrid, el Sevilla, el Atlético de Madrid o el Valencia. El matagigantes hacía historia, y además conseguía cobrar las suculentas primas pactadas a principio de temporada en caso de lograrse la ansiada permanencia. Cruyff se despidió, recibiendo el calor de un público que aunque no era el suyo, reconoció la trayectoria del emblemático futbolista.

El holandés jugó tres encuentros más con el Barcelona: la despedida oficial en su estadio ante el Valencia de Mario Kempes, y dos amistosos, uno a domicilio frente al Nápoles y otro en casa ante "su" Ajax.

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