Wolfsburgo: ¡Pobre escabarajo millonario!

El proyecto del equipo alemán continúa sin rumbo

El Wolfsburgo vuelve a vivir una temporada irregular en la Bundesliga pese a sus muchas inversiones en fichajes. El proyecto continúa a la deriva y lo analiza José David López.

Podríamos sentarnos a dialogar con tranquilidad sobre la primera mujer que formó parte de los fundadores de un club de fútbol en Europa (Irma Dziomba, famosa empresaria de la época), tratar el poderoso pensamiento nacionalsocialista que se generó en una ciudad levantada por el mismísimo Adolf Hitler con la clara intención de dar fuerza a la gigantesca empresa automovilística Volkswagen o imaginar cómo serían aquellas sábanas verdiblancas donadas por las mujeres de los trabajadores para que sus maridos vistieran de corto (de ahí los colores actuales), pero de todas las anécdotas que rodean al Wolfsburgo en una corta pero tremenda historia de ambiciones empresariales trasladadas al fútbol, jamás olvidaré la leída en mi único viaje a suelo germano.

La ciudad de Renania era una majestuosa oda al movimiento industrial de Volkswagen, que en aquellos años estaba extendiéndose al planeta con sus modelos más rompedores en un mercado que pronto iba a dominar. Oficialmente llamado Volkswagen Tipo 1, Sedan o Beetle, el ‘escarabajo’ (cada país lo conoce de una forma diferente) fue el diseño más inquietante de cuantos propuso el gigante germano, que aunque con el tiempo sí encontró la fama deseada, de inicio fracasó con estrépito hasta el punto de llenar la ciudad con su singular estampa. Lo regaló a sus trabajadores, lo vendía a precio de saldo y lo intentaba adosar en cualquier otra negociación, pues a los alemanes les costó aplaudir aquella osada carrocería y sorprendente tracción para la época. Millones invertidos que no recuperó en los primeros años, donde la acumulación de fracasos hizo temblar los cimientos hasta que apareció un partido del Wolsfburgo ante el Schalke como elixir mágico.

Los locales llegaron por separado en sus peculiares coches y se recuerda aún hoy a los visitantes, mineros, trabajadores y obreros, no pestañearon al ver aquellos impactantes modelos que acabarían en su Gelnsenkirchen natal pocas semanas después. El trato minutos antes del partido, no oficial pero sí rumoreado, es que los locales regalarían sus autocares al rival siempre que acabaran ganando aquél partido, algo que se consumó poco después. La fama de la que dispuso años después el propio Schalke, hizo que la leyenda creciera y el ‘escarabajo’, dejara de ser pisoteado por el mercado alemán para acabar vendiendo más de 20 millones de ejemplares a día de hoy.

Una relación perfecta que hoy explicaría de igual manera la desidia, penuria y fracaso absoluto de los últimos diseños de su club de fútbol. Volkswagen ha aportado grandísimas sumas de dinero a su proyecto deportivo en los últimos tiempos, pues es el único equipo alemán cuyo déficit en ingresos-gastos por fichajes supera con creces al resto, situándose en más de 100 millones de euros en los últimos 5 años. En su caso no hay problemas pues, pese a que es imposible que una empresa asuma el poder del club (la Bundesliga no permite que un solo ente poderoso pueda hacerse cargo de más de 50% de las acciones de cualquiera de sus clubes), la relación es mucho más amplia y compleja hasta el punto de que casi antes de que el club se levantara fruto de sus trabajadores, ya existían las instalaciones adecuadas que la empresa había levantado para quienes allí desarrollaban su labor diaria. Eso se extrapola a la actualidad pues en Wolfsburgo, una ciudad de apenas 120.000 habitantes, no hay ninguna muestra de debilidad o fragilidad financiera respecto a las principales capitales nacionales. Su fútbol, producto de la riqueza comarcal y de la facilidad para generar beneficios de sus precursores, también se apoya en la influencia de sus gerentes, aunque por desgracia, el único que ha perdido la batalla hace tiempo, reside en el puesto principal, su técnico Félix Magath.

Y es que ese entorno agradable en lo financiero y no demasiado exigente en lo deportivo (pues el club jamás ha sido un referente continuo), ha acelerado un peligroso proceso de renovación de plantilla y mentalidad en base a su polémico líder. Magath nunca podrá ser vilipendiado en la ciudad después de darle su único título nacional en 2009 (con la increíble rentabilidad de Dzeko, Grafite, Misimovic, Schafer…), lo que ha multiplicado su poder en la entidad hasta el punto de ser aquél entrenador que más fuerza posee en su puesto como entrenador, negociador, ojeador y hasta directivo en momentos concretos. Un mayúsculo error unificar todas las ramas en una única persona que, desde luego, perdió el guión a seguir desde que regresara al Wolsfburgo una vez fracasado su proyecto en el Schalke (de donde salió con enorme polémica al ponerse en duda su limpieza en fichajes a precios excesivos que acababan recalando en su cuenta bancaria).

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Ha deambulado en zona baja, ha perdido el caché de aquél título histórico, ha generado desidia en una afición que no llena su estadio (extraño y recalcable este dato por ser la Bundesliga referente en estos términos) y además, ha gastado nada menos que 220 millones de euros en acumulación de jugadores de un mismo corte secundario que comparten un alarmante perfil, el de la frialdad y falta de personalidad. No existe un planteamiento, no hay identidad, nunca hay alternativas de capacidad, se han perdido sensaciones, se han vendido aquellos jugadores que podrían desempeñar un papel imprescindible y se han seguido acumulando jugadores de dubitativo potencial. Se conocen decenas de problemas de vestuario, han sido habituales los ‘castigos’ a su plantilla (como hacerles correr durante horas en la nieve), las obligaciones a entrenar con juveniles (más del 50% de la plantilla sabe lo que eso significa), los roces entre un vestuario donde nadie aguanta la fuerza dictatorial de su entrenador (todo aquél que ha ‘saltado’ ha sido defenestrado) y las enormes críticas de analistas exteriores pues, pese a todo esto, el Wolsfburgo es la tercera plantilla en cuanto a gasto de mantenimiento anual (por ejemplo Diego Ribas cobra 6 millones limpios).

Vemos a centrales actuando en el mediocampo, a extremos jugando por dentro, a delanteros retrasando su posición y a laterales reconvertidos sin la mayor lógica. A perlas que pierden brillo, a veteranos que reciben un respaldo inesperado o a canteranos propios que acaban siendo vendidos con extrema facilidad pese a sus merecimientos. Una absoluta pérdida de valores futbolísticos que evidencian desde hace mucho tiempo la falta de una corriente que abandere un punto de renovación absoluta. De lo contrario, el caos del Wolfsburgo (ahora mismo antepenúltimo en la clasificación), amenaza con recuperar su versión escarabajo, la del club pisoteado por todos pese a su millonario envoltorio.

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