La Italia de Enzo Bearzot

El técnico cumpliría hoy 85 años

Cuando Vittorio Pozzo guió a Italia a su primera Copa del mundo en 1934, Enzo Bearzot no había cumplido todavía siete años; aquel niño que creció en Aiello del Friuli, muy cerca de la frontera con Eslovenia, se convertiría en el segundo entrenador que conquistaba la Copa del mundo con la azzurra 44 años después del último título. Tal día como hoy en 1927, nacía Enzo Bearzot, el allenatore por excelencia de la historia de la selección italiana.

Italia vivió el sueño de una noche de verano en Julio de 1982. La Squadra Azzurra conquistaba la Copa del mundo tras recorrer la península ibérica de extremo a extremo. El poder del grupo se impuso a los obstáculos generados por la prensa y el entorno. Enzo Bearzot elevaba su figura a la cúspide del fútbol italiano; por fin Vittorio Pozzo tenía sucesor tras los intentos fallidos de Edmondo Fabbri o Ferruccio Valcareggi. Italia era campeona, y los nombres de Rossi, Tardelli, Scirea, Zoff o Gentile, se adherían al de Bearzot unidos en un todo. La selección de los empates en la primera fase, del silenzio stampa y de los severos marcajes a Maradona, Zico o Littbarski, alzaba al cielo por primera vez el trofeo diseñado por un italiano, Silvio Gazzaniga...

Madrid despedía su mundial afligida por un resultado que podía haber sido mejor tanto en lo deportivo como en labores de organización, esperanzada ante una época que ofrecía demasiadas expectativas y contagiada por el entusiasmo y el éxtasis que transmitieron los italianos en su despedida. Todos a una, cuerpo técnico, aficionados con su presidente Pertini (desplazado a España el mismo día del partido como un tiffoso más) y un grupo de fantásticos futbolistas, iban a conquistar el Mundial de España 82. La Italia de Bearzot culminó en el Santiago Bernabeu la idea de un inconformista ansioso por desarrollar el fútbol de su país. El marcaje sin tregua, el desmarque inteligente y el rápido contragolpe, fueron sus armas dentro del terreno de juego. La defensa a ultranza de sus futbolistas fuera de él tuvo como resultado la gran transformación del equipo.

Recordar a aquella selección italiana obliga a detenerse en varias imágenes. Son las estampas inolvidables de un conjunto que creció como un tifón durante el campeonato, y que terminó respondiendo con su fútbol a los incrédulos y a las artimañas alemanas de la primera fase. Pensar en Italia es recordar los tres goles de Rossi a Brasil, el marcaje de Gentile a Maradona, la parada de Dino Zoff a Paulo Isidoro que dio el pase a semifinales. Recordar a los campeones es revivir el humo de la pipa de Bearzot, los saltos de Pertini, y por supuesto, y esto es lo más importante, al malogrado Scirea entregando de tacón primero a su compañero Bergomi, para más tarde ceder el balón del mundial a Marco Tardelli; el segundo gol de Italia en la final de Madrid es la revancha definitiva de aquel grupo humano que estuvo muy cerca de estallar en la concentración de la primera fase en Galicia.

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Lo cierto es que cuatro años antes, en Argentina 78, los italianos ya rozaron el milagro. Llegaban más tiernos que en el mundial de España, con muchos jugadores de la Juventus como base; un equipo que fue conocido por su potencia en labores defensivas. La cortina di ferro de la Juve se trasladará a la selección de la mano de Enzo Bearzot. Italia no contaba en Argentina con un Rossi tan inspirado, fresco y motivado como en 1982. Italia no jugará con la aplastante solvencia en el contragolpe que demostrará en España, y no tendrá un futbolista con la capacidad creativa de Bruno Conti por ejemplo. Pero Italia 78 cuenta con el mejor Causio, el ídolo de la Curva Filadelfia de Turín y con Roberto Bettega, ausente por lesión en 1982.

Los hombres de Bearzot comienzan dando el primer golpe ante una Francia que juega con Michel Platini, un futbolista insignificante en comparación con la eminente figura en la que se convertirá. El futbolista del AS Nancy no puede imponerse a la poderosa defensa de una Italia que deberá abandonar su cueva tras el rápido tanto de Lacombe en el primer minuto. Bearzot confía en que Rossi y Bettega marquen la diferencia arriba en un conjunto en el que destaca su formidable retaguardia. Italia firmará un gran campeonato en el que se quedará a las puertas de la final.

Gaetano Scirea era aquel líbero que soñaba tener en su equipo cualquier técnico de finales de los años setenta. La buena condición defensiva está incorporada en el código genético de cualquier integrante de la selección italiana. Cuando se trata de amarrar un resultado, no existe mejor especie que el futbolista italiano, que en base a su tradición, siempre se ha inclinado más a conservar que a ofrecer. Desde Bearzot hasta Prandelli, únicamente Sacchi (y no llegó al éxito) intentó explotar aspectos ajenos a la tradicional escuela italiana.

En Italia con los defensas ocurre un hecho similar al de Kenia con los fondistas, Jamaica con los atletas de velocidad o Japón y sus judokas. Gozan de talento natural, y el trabajo en una misma dirección ha perpetuado y mejorado la especie. Únicamente por esa razón, puede llegar a entenderse que Italia ofreciera al mundo defensas de un nivel tan alto a lo largo de décadas. Desde Fachetti a Cannavaro, la presencia de alguno de los mejores defensas del mundo es una constante en la azzurra. Gaetano Scirea era uno de ellos, como Gentile o posteriormente Franco Baresi, Maldini o Costacurta. Scirea iba bien al corte y se incorporaba con facilidad al ataque; la estabilidad que proporcionaba al juego transalpino fue sin duda una de las razones del éxito italiano. También su carisma fuera de los terrenos de juego, hizo que su muerte en un accidente de coche en 1989 conmocionara sobremanera a su país.

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En 1978, dos disparos de larga distancia de los holandeses Brandts y Arie Haan, sorprendieron a Zoff para dejar a Italia sin la posibilidad de jugar frente a Argentina en la final; los de Bearzot ya les ganaron en la primera fase, siendo el único país que consiguió vencer a la albiceleste.

En 1980, Italia organiza la Eurocopa de naciones, pero fallará ante su público. Primero en Roma es incapaz de vencer a Bélgica, y más tarde en Nápoles en el encuentro por el tercer y cuarto puesto, San Paolo se convierte en terreno hostil para la azzurra, ya que los aficionados se muestran decepcionados por la incapacidad ofensiva de los pupilos de Bearzot. Dino Zoff a sus 38 años, anuncia que seguirá, pero serán tiempos duros para el fútbol transalpino. El escándalo del totonero marcará el futuro del calcio, pero en España 82, el veterano Zoff y el condenado Paolo Rossi, serán piezas clave en el éxito de Italia.

En la primera fase de la Copa del mundo de 1982, Italia roza el ridículo. Se clasifica sin obtener ninguna victoria aunque dejando algún destello de calidad como el maravilloso gol de Conti frente a Perú. En la segunda fase, Italia hará suyo el estadio de Sarrià. Realizando un símil pugilístico, ganará a Argentina y Brasil a los puntos, compitiendo en combates de desgaste y enorme derroche físico. Primero cae Maradona, desesperado por la exhibición de facultades defensivas de la roca Claudio Gentile. Más tarde, la mejor Brasil de la historia para muchos, es incapaz de dar una gran alegría a la torcida desplazada a Barcelona. Paolo Rossi desencadena la fiebre de un país con sus tres goles al arquero brasileño Valdir Pérez.

Italia ha realizado un milagro tras obtener la clasificación para semifinales, y muchos tiffosi ya piensan en el posible rival en la final del domingo siguiente, Francia o Alemania. El partido frente a Polonia se convierte en un trámite, pero antes de que los hombres de Bearzot abandonen la ciudad condal, Paolo Rossi termina de afinar su puntería con dos goles que clasifican a Italia. La conquista española por parte de La Nazionale que comenzara en Vigo un mes atrás, está a punto de consumarse. Italia se hace fuerte en Catalunya; vencer al gran enemigo histórico, Alemania, en la final de Madrid, será el último paso para que Bearzot y sus hombres se coronen como los nuevos reyes del fútbol mundial.

Italia no falló, y ofreció en el Santiago Bernabeu una noche llena de épica y emoción. El título es recordado tres décadas más tarde como una de las mayores proezas del fútbol transalpino. Bearzot se fue en 2010, recordado como el sargento de hierro de la Azzurra y artífice de estampas imborrables en un mundial inolvidable para Italia. Tras Balaídos, Sarrià, Rossi, Tardelli y Zoff... la última imagen tuvo lugar en el avión de regreso a Italia. La Copa del mundo como testigo de la partida más relajada de Enzo Bearzot.

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