La proeza de ganar en el Camp Nou
Las estadísticas del Barcelona como local son aplastantes
El túnel de acceso genera ansiedad, la adrenalina sube por momentos, la capilla impone, el ruido del metal de las botas anuncia la salida, la megafonía da la bienvenida a los espectadores en perfecto catalán, la boca del túnel se abre para el equipo visitante; una grada interminable, alta como la Sagrada familia y un estadio que roza la megalomanía de un sentimiento; es imposible no quedar impresionado cuando se respira su aroma en los primeros minutos, en ese momento suenan los acordes del mundialmente conocido himno del Barça interpretado por la coral de Sant Jordi... no hay retorno, el miedo escénico no sirve como excusa. Por allí pasaron los mejores jugadores de la historia del fútbol y en ese rectángulo de juego tendrán que buscar la proeza, conquistar el Camp Nou, una de las misiones con más dificultad del mundo del fútbol.
[video:http://www.youtube.com/watch?v=BHAFXQ3YlBY]
La primera vez que el santuario azulgrana fue profanado por un club rival, ocurrió en Febrero de 1958, pocos meses más tarde de haber sido inaugurado con un solemne acto. El Barcelona luchaba en la parte alta de la tabla, y aquel día el nuevo estadio acogió aficionados de todas las partes de Catalunya; el rival era nada menos que el Real Madrid. En el bando barcelonista se alineaba un jovencísimo Luís Suárez, acompañado por otros ilustres como Kubala o Evaristo. Pero el equipo de la capital de España actuó de forma incontestable aquel día, demostrando su condición de campeón de Europa. Las combinaciones entre Di Stefano, Kopa y Rial, silenciaron por primera vez la catedral del fútbol catalán; dos goles en la primera parte sirvieron a los madridistas para llevarse un 0-2 que terminaría ayudando para que conquistaran el título de Liga 1957-58.
Pocas derrotas se recuerdan de forma más dolorosa en la ciudad condal, como la que significó el adiós de Helenio Herrera del banquillo azulgrana en las semifinales de la Copa de Europa 1959-60. Fue el año de los dos campeonatos europeos, ya que el Barcelona jugó al mismo tiempo el final del denostado torneo de Copa de Ferias y la Copa de Europa. Todo estaba preparado para que por fin el Real Madrid cediera su reinado continental, que se había mantenido firme desde el comienzo de la competición. En el partido de ida, el Madrid se impuso 3-1 gracias a la mejor versión de un inspirado Di Stefano. Pero a orillas del mediterráneo, se esperaba una remontada que diera al Barcelona la posibilidad de disputar la final del ansiado trofeo. El duelo español se estaba librando en las semifinales tras un sorteo con tintes algo extraños. Glasgow esperaba, y gran parte de la crítica pronosticaba que de esa eliminatoria saldría el campeón de Europa.
[video:http://www.youtube.com/watch?v=_9-H85pUlMs]
Los blancos hicieron buena una famosa frase que representa el orgullo del club y causa la más profunda irritabilidad entre sus enemigos: "El madrid siempre vuelve". Y es que su victoria por 1-3 sembró de lágrimas el césped del nuevo estadio del Barcelona, que tendría que esperar al gol de Evaristo en Bruselas en la semifinal de la siguiente temporada para volver a llorar, esta vez de alegría... aunque también es justo afirmar que la tristeza posterior en la final de Berna, superaría cualquier afrenta sufrida anteriormente.
Lo cierto es que las derrotas entre los dos máximos enemigos del fútbol español escuecen de forma notable. No hay más que echar un vistazo a resultados recientes del Barcelona en el Bernabeu, que cortaron la cabeza de algún entrenador y hundieron al club merengue en la más profunda de las vergüenzas. Por eso, en can Barça tampoco se olvidan esos partidos en los que el Real Madrid silenció el Camp Nou, como el 1-5 en Enero de 1963 con una sensacional actuación de "cañoncito" Puskas, o el doloroso 0-2 que el Real Madrid le endosó de nuevo en una semifinal del máximo torneo continental en el año 2002. Aquellos goles de Zidane y McManaman que precedieron a la novena Copa de Europa madridista, es uno de los capítulos que la memoria barcelonista ha querido borrar con más urgencia de su almanaque histórico.
Pero no solo el Madrid fue capaz de protagonizar una gesta sobre el tapete culé. Nadie olvidará la noche del cuatro de Noviembre de 1992. Todo parecía perfecto en el entorno del equipo entrenado por Johan Cruyff. Se había ganado la liga pocos meses antes remontando al Madrid, que tuvo una tarde nefasta en Tenerife. Se había conseguido la ansiada primera Copa de Europa y el vicepresidente barcelonista Joan Gaspart se bañó en el Támesis para celebrar tan magna ocasión... para adornar la tarta, el Real Madrid perdió la final de la Copa del Rey, en su estadio y ante otro de sus rivales, el Atlético de Madrid. La ciudad Condal había organizado los mejores Juegos Olímpicos de la historia, y encima, dentro del equipo ganador del oro olímpico, había varios jugadores que garantizaban el futuro deportivo del club azulgrana, como Guardiola o el Chapi Ferrer. ¿Quien podía imaginar que un gran golpe sacudiría a un club inmerso en tanta perfección?
Cuando nadie lo esperaba, un viaje a la recién desintegrada Unión Soviética iba a colocar al Barcelona al borde del abismo. Se empató en Moscú frente al CSKA con un gol de Beguiristain, ese que siempre aparecía para arreglar desaguisados... pero en un Camp Nou, que esperaba una nueva exhibición de los suyos en el encuentro de vuelta, ocurrió una de las mayores sorpresas de la historia del Barça.
[video:http://www.youtube.com/watch?v=iI3497qDW18]
Aquellos rusos remontaron dos goles del equipo de Cruyff en la primera mitad, y terminaron venciendo por 2-3. El Barcelona ya no podría defender su título europeo en la primera Liga de Campeones (con denominación oficial de la historia).
Otro equipo del este, en este caso ucraniano, sembró de dudas el estadio barcelonista pocos años después. Si la derrota ante el CSKA fue casi un shock, perder 0-4 frente al Dinamo de Kiev con tres goles de Shevchenko fue un auténtico ridículo para los pupilos de Van Gaal. Vitor Baía, el portero portugués del Barça, no daba crédito ante el asedio de los talentosos ucranianos. Luís Figo, Rivaldo o un jovencísimo Carles Puyol, no olvidarán aquella terrible experiencia.
Como tampoco borrarán de su memoria, el día en el que el Valencia les remontó un 3-0 ante su público en 21 minutos, nuevamente con Van Gaal como protagonista, y con un grupo de argentinos en el bando rival que enloquecerían una tranquila noche de lunes. Marcó Moriggi el del honor en el minuto 69. Poco podía ofrecer ese Valencia que planeaba con más pena que gloria por la parte baja de la clasificación... pero ese día llegó dispuesto a profanar el Camp Nou, y vaya si lo consiguió. Dos goles del "piojo" López sirvieron para que el eléctrico delantero "ché" comenzara a erigirse en la pesadilla barcelonista. Para el Valencia, empatar a tres cuando se perdía 3-0, ya era algo más que un triunfo... pero faltaba el éxtasis, la puñalada final.
[video:http://www.youtube.com/watch?v=e3osi378rP8]
Cuando los comentaristas narraban todavía el empate, el "burrito" Ortega se encaminó hacia el área del holandés Hesp... como siempre que se trataba de Ortega, iba a demostrar las dos caras de la moneda, la del futbolista brillante con las medias caídas al que no le temblaban los tobillos para definir con clase, y la parte más oscura de su personalidad que tristemente hacía bueno su apodo... el gol de Ortega daba la victoria al Valencia por 3-4, el "burrito" se quitaba la camiseta y era expulsado, mientras las gradas del santuario más espectacular del mundo se vaciaban de espectadores.
Ganar allí sigue siendo un hecho excepcional. Muchos clubes consiguieron resistir para terminar levantando un trofeo; Inter, Chelsea o Real Madrid son ejemplos... pero cada vez que se abren las puertas del túnel y ruge la grada del Camp Nou, el miedo escénico con el que Valdano definió la sensación de pisar el Bernabeu, adopta tintes azulgrana... solo resta luchar y encomendarse al milagro.

