Así nació la polémica Supercopa de España
Nuñez fue el impulsor del proyecto
La Supercopa de España vivirá este año la última edición con el formato habitual de doble enfrentamiento, a partir de la próxima temporada un cambio radical llegará a la competición, que se disputará a partido único y en China; el trofeo que decide el supercampeón nacional vino cargado de polémica desde su nacimiento y se mantuvo siempre en la cuerda floja del calendario, por la dificultad para encontrarle acomodo y los diferentes acontecimientos que se sucedieron en su disputa.
La crisis económica del fútbol español de inicio de los ochenta, forzó a los clubes a buscar nuevas vías de financiación. José Luís Núñez, vehemente negociador, abanderó la idea de hacer revivir un enfrentamiento entre el campeón de copa y el de liga como medida para conseguir más ingresos. En los años cuarenta y principios de los cincuenta, la supercopa tuvo precedentes en la Copa de campeones, la copa de oro argentina y la Copa Eva Duarte de Perón.
La idea de Núñez nace en 1981, aunque no se concretará hasta su aprobación en la asamblea de la federación española un año más tarde. Después de la Copa del Mundo de España 1982, nacen tanto la supercopa de España (o la Supernúñez, como fue bautizada por los críticos del proyecto) y la Copa de la Liga.
La primera resistió el paso del tiempo hasta nuestros días y vivirá a partir de la próxima temporada una nueva realidad con su disputa en China. La segunda fue un fracaso absoluto y en nada se asemejó a la inglesa, que en un principio fue el modelo a seguir.
La Real Sociedad (campeón de liga 1980-81) y el Barcelona (campeón de copa), intentaron llegar a un acuerdo para la disputa de la primera supercopa en verano del 81. El torneo no tendría carácter oficial, pero constituiría una excelente prueba de fuego para evaluar la viabilidad del proyecto. A falta de fechas, se especuló con que se jugara a partido único en el estadio de La Romareda, pero finalmente no se celebró. Oficialmente, fue aprobada en una polémica asamblea en Julio de 1982, con los máximos estamentos del fútbol español en máxima ebullición por el reparto del dinero de las quinielas, las deudas y el sonado fracaso del mundial 82 todavía muy reciente.
La primera llega cargada de incidentes…
Finalmente, en Noviembre de 1982 llega la primera edición de la Supercopa de España. Real Madrid y Real Sociedad abren el fuego en el Santiago Bernabeu. Ganó el Madrid gracias a un gol del holandés Metgod, pero el escenario futbolístico se transformó en un campo de batalla. Expulsión de Juanito, agresiones, lanzamiento de objetos a Arconada, insultos del público a José Luís Núñez, el creador de la idea (Núñez, cabrón, enano cabezón… gritaban algunos), y simpática reacción de Alfredo Di Stefano en rueda de prensa al nefasto arbitraje de Enriquez Negreira: “Este árbitro parecía Billy el niño”.
La vuelta, en el caliente estadio de Atocha, fue una auténtica revancha donostiarra al trato recibido en Madrid. Si en la capital de España, Arconada tuvo que sufrir el asedio de la grada, en el País Vasco, el meta del Real Madrid Agustín, soportó todo tipo de tropelías por parte de la hinchada local. Un gol de Uralde forzó la prórroga, y en medio de un festival de agresiones y expulsiones, el equipo blanquiazul sentenció en el tiempo extra con tres goles más, que dejaron el marcador en un contundente 4-0. Hubo sanciones, y la primera Supercopa fue de todo menos una fiesta del fútbol. Además, sirvió para que el Real Madrid certificase la primera de sus míticas cinco derrotas aquella temporada negra para los hombres de Di Stefano.
Suspensiones, vueltas de honor y el pisotón a Urizar...
La Supercopa pasó por un periodo turbio en los años de su consolidación. La antigua regla de que un equipo que conseguía el doblete se adjudicaba automáticamente el trofeo, dejó huérfanos a los aficionados de la competición en 1984 (ganador Athletic) y en 1989 (Real Madrid). Además, durante dos temporadas consecutivas en 1986 y 1987, los clubes que debían disputar el trofeo no pudieron llegar a un acuerdo para concretar una fecha. En conclusión: durante seis años, solo se jugaron dos supercopas. No era la mejor forma de revitalizar una competición que necesitaba encontrar su lugar en el fútbol español, pero que corría el serio riesgo de tomar el mismo camino que la desaparecida Copa de la Liga.
Hasta que en Diciembre de 1990 ocurrió el hecho más escabroso de la historia de la competición. Hristo Stoichkov había llegado al Barcelona aquella temporada y comenzaba a impresionar con su fútbol, dejando claro que se trataba de un futbolista especial. El búlgaro venía de un campeonato muy conflictivo, y ya estaba dando muestras de que iba a tener muy complicado adaptarse a las formas y convenciones del fútbol español.
Pero Hristo pasó la barrera de lo inadmisible el 5 de Diciembre de 1990, en el encuentro de ida de la Supercopa frente al Real Madrid. Fue un auténtico clásico, con tensión y pasión en las gradas y en el terreno de juego, y con dos auténticos monstruos en los banquillos; Johan Cruyff y Alfredo Di Stefano. Precisamente el holandés fue el artífice del gran suceso protagonizado por Stoichkov al filo del descanso. Las protestas airadas del técnico del Barcelona produjeron su expulsión por doble amarilla. Stoichkov, herido en su orgullo, comenzó una airada discusión con el colegiado Urizar Azpitarte, que terminó con el famoso pisotón del delantero búlgaro. Muy cerca estuvo aquel incidente de cortar la carrera española a una de las mejores zurdas que pisaron nuestros campos en la historia. El Madrid ganó 0-1 y refrendó su victoria en el partido de vuelta con un contundente 4-1; aquel encuentro dejó para el recuerdo el gol desde el centro del campo de Santi Aragón, una promesa que no cumplió las expectativas y terminaría triunfando en el Zaragoza.
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A las polémicas de Stoichkov hay que añadir las supercopas de 1988 y 1993; torneos que fueron ganados por el Real Madrid en un escenario muy especial, el Camp Nou. Lo cierto es que aquellas dos victorias tuvieron aspectos muy parecidos y finalizaron de la misma manera: con los blancos dando la vuelta de honor sobre el césped del campo de su mayor enemigo y una lluvia de silbidos, insultos, objetos, y mucha policía acompañando los pasos de los supercampeones madridistas.
Por fin llega el fútbol y los goles: la Supercopa veraniega
El torneo necesitaba cambios, y estos afortunadamente llegaron. En primer lugar se trasladaron las fechas, y también se cambió el hecho de que en años de doblete el título ya quedara adjudicado; en esos casos, el subcampeón de copa disputaría la competición. Se vivieron supercopas inolvidables con muchos goles. Una victoria del Zaragoza 4-5 en el Camp Nou en 1994, una noche espectacular de Ronaldo en el estadio Olímpico de Montjuit en 1996, o un combate a doble vuelta entre Barcelona y Valencia en 1999 que finalizó 3-3, y que dio a Cúper su segunda Supercopa (el único título que parecía estar de lado del argentino, ya que ganó una con el Mallorca y otra con los “Ché”).
Una nueva etapa, y “el dedo de Mou”
La Supercopa cumple tres décadas. A pesar de las dificultades, la falta de interés y la poca colaboración de clubes y jugadores, el torneo ha conseguido mantenerse en el calendario. Un título menor obviamente, probablemente el trofeo con menos solera de nuestro fútbol, que tendrá que reinventarse para no constituir una mancha en el calendario.
En la pasada edición, José Mourinho, aquel portugués formado en Can Barça, alimentó desde el banquillo el espíritu de Stoichkov del 90. Mourinho sorprendió a sus jugadores, a las cámaras e incluso a sí mismo con su agresión a Tito Vilanova; un entrenador del que hacía burla con su nombre en rueda de prensa, y que paradojas de la vida, será su rival en un nuevo carrusel de clásicos.
El dedo de Mourinho es la última imagen de la problemática Supercopa, que tendrá a partir del próximo año un lugar en la lejana China... buscar ingresos, alejados del componente deportivo, sin pensar en la integridad de los jugadores ni en las conjeturas del calendario; generar más ganancias, al fin y al cabo fue la razón que motivó a los impulsores de la Supercopa en su nacimiento, y es lo que treinta años después mantendrá con vida al torneo.

