Un mercenario más: Higuaín

Nadie sabe qué más quiere el argentino

Dicen que es de bien nacido el ser agradecido, pero en el mundo del fútbol en muchos casos el ego se come a los deportistas, que caen en la mala dinámica de siempre querer atraer la atención de su entorno, casi por naturaleza, casi con normalidad.

Gonzalo Higuaín llegaba hace seis años al Real Madrid como una joven promesa argentina de la que se habían visto cosas interesantes, pero a nivel mundial era de esas jóvenes perlas que en muchos casos no llegan a nada. Ramón Calderón, presidente blanco por aquel entonces, pagó en torno a 13 millones de euros por él a River Plate, convirtiéndose así en nuevo jugador del conjunto de Chamartín.

Un futbolista que a nivel mundial se ha dado a conocer en España, que ha crecido y acabado de formar a nivel mediático en la primera plantilla blanca y que, a base de esfuerzo, sacrificio y goles ha acabado convirtiéndose en uno de los claros ídolos de la afición madridista, quien ahora piden en forma de cántico "Pipita quédate".

Sí amigos. Un jugador el argentino que la pasada temporada renovaba su contrato con el Real Madrid y que ahora, un verano después, vuelve a pedir una subida de sueldo en la que, perdonadme, no ha sido su mejor temporada precisamente. Su papel queda en segundo plano, pese a sus más de veinte goles, a priori no se presenta como claro titular para ninguno de los entrenadores que ha tenido durante su trayectoria madridista. Sin embargo, el ego y el poder mediático que le acompaña en cada uno de sus actos, en cada uno de sus pasos, parece ser que se le ha subido a la cabeza y comienza a perder el control hasta tal punto de echar por tierra toda una celebración del título liguero.

Los rumores sobre su futuro, las constantes declaraciones de su padre, todo hacen que su continuidad en Madrid se pueda truncar, pero él prefiere insistir con el juego mediático en lugar de negar cualquier punto de vista.

El Real Madrid se encontraba celebrando el título doméstico ante su afición. Sergio Ramos, micrófono en mano, daba paso al delantero argentino, quien tomaba el control bajo el cántico unánime del coliseo madridista que coreaba su nombre. Él, ante su público entregado, decidió seguir jugando al despiste, seguir engordando los rumores sobre su futuro. Un gesto puramente egocéntrico, para que se siga hablando de su persona, de su futuro, y que el nombre de Gonzalo Higuaín siga presente en todos los debates.

Echó por tierra una oportunidad única por confirmar ese sentimiento madridista que afirmaba de pequeño, cerrar rumores y ganarse a un público ya de por sí entregado. Pero no, todo sigue igual, o peor, ya que sus contínuas respuestas regateadoras delatan que pueda salir.

Gonzalo Higuaín, puedo entender que eres futbolista y que, a parte de tu trabajo como jugador, tu ego debe estar presente para que sigan hablando de tí, como es mi caso, pero creo que la situación está llegando a un límite poco ético, puramente prepotente y que, si no tienes las cosas claras, hagas las maletas y vayas allí donde te satisfagan el factor económico, ya que el deportivo en pocos sitios podrán ofrecerte las mismas oportunidades en el Paseo de la Castellana.

¿A qué juega Higuaín? Un futbolista que renovó hace una temporada, que tiene el cariño de la afición, que está en un club ganador en Europa donde puede ganar títulos y que, además, triunfa a nivel deportivo, ¿qué más quiere el Pipita?

¿Debe marcharse Higuaín del Real Madrid?

Artículos destacados

Comentarios recientes