Tévez, Balotelli y la desigual paciencia de Mancini

El tridente que está hundiendo al Manchester City

"¡A complete team performance! Well done Sergio and Carlos. It's not over yet" (Un gran rendimiento del equipo. Bien hecho Sergio-Carlos. Esto todavía no está terminado), expresaba un motivado aficionado del Manchester City hace unos días tras ganar al Wolverhampton y colocarse a sólo tres puntos del liderato del Manchester United. Una renta que este lunes tendrá su acto final, el partido clave por la Premier y el choque decisivo que puede trastocar dos de los proyectos más gigantes del fútbol actual. Tres puntos que dejarán vía libre a los Red Devils o que harán recuperar la primera plaza (gracias al goal-average favorable) meses después, cuando hasta el propio Roberto Mancini había lanzado la toalla al suelo con declaraciones en clave derrotista.

El punto de máxima decepción citizen llegó a mediados del mes de marzo, cuando en apenas cuatro días, una derrota en Swansea y la eliminación en Europa League, debilitaron la esperanza de remontar la desventaja sobre su ‘vecino’, una situación que empeoró tras ceder contra el Arsenal a principios de abril mientras los ‘Fergie-Boys’ acumulaban puntos en su escapada. Esa tarde en el Emirates, el City perdió su gran parte de su aún frágil identidad al no poder contar con David Silva, nunca se encontró cómodo pese a la exigencia de la situación y radicalizó decisiones en torno a la figura de ario Balotelli, que acababa de auto-expulsarse absurdamente por enésima vez. Tal fue el dolor de la hinchada, que el propio técnico italiano aseguró que, tras analizarlo durante mucho tiempo, el delantero no volvería a jugar con la camiseta celeste.

A ‘Super-Mario’ se le trató con especial cariño dada su naturaleza conflictiva. Y es que el excéntrico atacante ha superado cualquier desmadre convertido ya en el ‘Bad Boy’ de la historia del fútbol en tiempo record. Lo irracional se une a lo absurdo, lo polémico a lo grotesco y lo escandaloso a su propio ADN. Multas, sanciones, declaraciones, castigos, mensajes, portadas sensacionalistas y un sinfín de salidas de tono impropias de un profesional del deporte, que siempre representaron algo especial para Mancini pues, a pesar de estar en contra, aguantó y mostró una actitud mucho más paciente con su ‘chico malo’. Sin posibilidad de domar a la ‘fiera’ y con la pesadumbre de aplaudir la ineptitud, la conciencia renunció a hacer horas extras. Allí donde la fruslería se cruza con la ley sin desenlace esperanzador, el juicio de la razón prefirió evitar más disgustos pasando de largo y ahora, la propuesta cambió de pareja de ataque.

Cuando parecía que todo estaba perdido para el Manchester City, aparecieron los argentinos. Nadie extrañará ahora que Sergio Agüero sume 22 goles en su primer año en la Premier, pero sí es innegociable que su rendimiento ha sido mayúsculo cuando ha podido conectar con su compatriota, un Carlos Tevez auto-vilipendiado (fue él quien inició una lucha sin positivismo alguno contra su entrenador), falto de inteligencia (nunca puedes perder su forma física pese a los problemas que se te presenten) y hasta grosero en sus intenciones durante los últimos meses (intentando marcharse a clubes de potencial europeo pero negándose a cobrar menos que en el Manchester City). Y pese a ello, el ‘Apache’ ha sido absolutamente clave en la reacción de su equipo en el tramo final de campaña y en que ahora, a falta de una última oportunidad, surja como elemento desequilibrante.

Desde que apareció, Tévez devolvió al equipo la ilusión, estimuló al vestuario como el líder que siempre fue (hay que recordar que era capitán el año pasado y que fue el máximo goleador del City en la Premier 2011) y apadrinó la caza al líder. Cuatro goles y tres asistencias en apenas 300 minutos separados en los últimos siete partidos, han multiplicado las esperanzas cuando la desidia había abanderado los sentimientos citizen. Una prueba irrefutable que cuestiona más que nunca la paciencia de su entrenador, un Roberto Mancini que recibió cientos críticas para acabar decidiendo mucho meses después, que Balotelli no era una buena influencia y que su aportación era inferior a los problemas que generaba. Pero que, sin embargo, nunca entendió que la negación a jugar en Múnich por parte de Tévez (raíz de esa separación y ‘castigo’ del argentino) fue concreta y, aunque condenable, quizás muy inferior a cualquier día normal con ‘Super-Mario’ ansioso de protagonismo.

Una decisión con múltiples lecturas y análisis pero que ha debilitado durante mucho tiempo las opciones reales de un proyecto millonario que aún sueña con que el cambio de frecuencia haya llegado a tiempo. Tévez necesita romper con sus meses desaparecido. Mancini no seguirá salvo que levante un título. Balotelli puede no volver a vestirse jamás de corto en suelo celeste. Todos saldrían ganando. El fútbol, también.

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