Gelsenkirchen y su adiós al ‘Señor Raúl’
Jugará su último partido en Gelsenkirchen
Felix Magath decidió arriesgar, destrozar un vestuario sobre el que no tenía ninguna confianza, romper con la línea que les había dejado al margen de las metas europeas y convertido en escudero eterno en una Bundesliga que no les respetaba. Su carácter lo permitía, su reciente título en Wolsfburgo también, pero dieciséis bajas en un solo verano, perdiendo a hombres tan importantes en la unión interna como en la relación con la grada (Rafinha, Westermann, Bordon, Kuranyi o Rakitic salieron en cuestión de días), debilitaba enormemente su personalidad y le obligaba a empezar de cero bajo sus premisas. Sin reyes ni príncipes, anhelando un líder tan caracterial como voluntarioso que alentara la pasión de Gelsenkirchen, llamó una vez tras otra e insistió día y noche hasta cumplir el primero de sus planes, contratar a su propio icono, fichar al ‘Señor Raúl’.
Había que asumir una alta ficha y la presión de quienes pretendían conseguir el título gracias a las nuevas ideas del eterno 7 madridista pero la realidad, es que su fichaje, sin pago de traspaso alguno, jamás será recompensando con justicia por el fútbol alemán y por el Schalke en particular. En plena explosión de su estudiado y detallado plan para reconvertir el campeonato alemán en una fuerte cantera nacional de promesas (se obligó a cada club a cumplir un organigrama estipulado con instalaciones y centros juveniles oficiales), instalado en la vertiente positiva que esas inversiones habían encauzado (realizadas hace diez años, pronto generaron los primeros títulos inferiores a la selección) y con el mejor sistema de explotación-afiliación de derechos a favor del aficionado (la Bundesliga es el campeonato con mayor media de espectadores), la llegada de Raúl supuso un golpe moral adicional. La constancia y el reflejo de que, además de potenciar su fútbol y propuesta, la Bundesliga ya era capaz de atraer a jugadores de primerísimo nivel mundial como antaño.
La actitud encomiable y constante del delantero, infatigable luchador, profesional matriculado e ilusionado en cada momento, pronto generó un vínculo especial con su afición, orgullosa de tener al icono del fútbol español vestido de azul Prusia en la cuenca minera del Rhur. “Lo fácil era quedarse”, dijo cuando decidió abandonar el Real Madrid. Algo que tras 98 partidos (cuando acabe la campaña) y con 39 goles más que anotar a su gloriosa cuenta, ha vuelto a recalcar ahora en el Schalke, que este sábado despedirá con honores a su ‘señor’. No será el día en el que engalanen la ciudad para darle el último adiós en su partico conmemorativo, ni tampoco el día que retirarán el dorsal número 7 para la posteridad, sino la última tarde oficial de Raúl en su estadio. Un justo aplauso a la perseverancia que, en solo dos años, ha conseguido encariñar y unir como nunca a un pueblo excesivamente amigo de las decepciones.
Sólo su carácter ganador, la experiencia que le sirve para seguir aglutinando estadísticas positivas a su espectacular currículum y la constancia de quien un día (dos con el actual) supo abandonar su corazón para disfrutar de su pasión, le ha permitido vivir en el cielo inmortal de Gelnsenkirchen. Nunca pierde su estatus, nunca cede posiciones en la grandeza que lo acompaña y jamás alzó la voz ante sus detractores, a los que prefería alcanzar sus propias conclusiones sobre el césped. Ese cielo verde donde Raúl, ajeno a propulsiones mediáticas y a críticas absurdas, nunca encuentra respuestas negativas, sino una continua apología que justifica sus méritos diarios. Esos, encontrarán en Qatar un paraíso idílico donde asomarse a nuevos retos y ambiciones. Hoy, algo se pierde en el Rhur. Hoy, algo pierde la Bundesliga.
