Ultras, cuando el fútbol no es espectáculo

El fenómeno ultra cada vez es más preocupante en Italia

El pasado domingo, el Genoa recibía al Siena con la obligación de ganar para alejarse de esa zona de descenso que a principios de año era impensable y que hoy merodea peligrosamente. Los inicios del partido no eran los mejores y, tras la primera mitad, los locales perdían 0-3 con el cuarto que caía cuando apenas iban cuatro minutos de la segunda mitad. Explotó de ira a la hinchada extrema rossoblù que, a ese punto, decidió interrumpir el partido en señal de protesta. El capitán Marco Rossi se acercó para dialogar con los capos, pero cualquier intento fue inútil: la solicitud era que los jugadores se quitaran la camiseta porque no eran dignos de llevarla. Al final, tal fue la presión que todos los jugadores del Genoa, menos Giuseppe Sculli, accedieron a la solicitud y el mismo Rossi entregó las camisetas a los cabecillas del motín. Desaliento, desconsolación y lágrimas era lo que destilaban los rostros de los jugadores del Genoa mientras un grupo de unos 200 violentos dictaban su ley sin que las autoridades presentes hiciesen nada para impedirlo.

Lamentablemente, estas escenas fueron un "deja vu" y no de una sino de tantas otras ocasiones. Basta recordar los efectos colaterales de la muerte de Gabriele Sandri, el hincha de la Lazio asesinado por un policía en una estación de servicio tras un enfrentamiento entre hinchas biancocelesti y de la Juventus: tres partidos de Serie A fueron suspendidos ese mismo día por exigencias de los ultras que querían mostrar su solidaridad con el difunto y su odio para con sus enemigos eternos, la policía. También podríamos recordar aquel 2 de febrero de 2007 cuando, tras un Catania – Palermo, un hincha menor de edad del cuadro local asesinó a un inspector de la policía tras los violentos enfrentamientos entre los bandos más extremos de ambas hinchadas; este episodio fue fatal para la candidatura de Italia como sede de la Euro 2012, que fue decidida poco más de dos meses después. Esto por citar los casos más sonados de los últimos años porque, desafortunadamente, hay episodios para llenar varios libros.

Estos casos han llevado a la Federación Italiana y organizaciones varias, con la ayuda gubernamental, a introducir algunas leyes y medidas que buscan limitar los daños, entre éstas destacan el DASPO y la Tessera del Tifoso. La primera responde a la normativa que prohíbe el ingreso a manifestaciones deportivas a sujetos considerados peligrosos y fue reintroducido a raíz de los hechos de Catania comentados anteriormente. La TDT, por su parte, es un documento de identificación introducido en la temporada 2009/10 en una tentativa (fallida) de tener fichado a todo aquel que asiste al estadio con cierta regularidad: obligatoria para todos los abonados y todo aquel que desee asistir a los partidos en sector de visitante. Y es aquí cuando volvemos a los episodios de Génova.

Los gamberros que sembraron el pánico en el Ferraris son abonados y por ende poseedores de la TDT, demostrando que el instrumento no sirve de mucho puesto que no es preventivo sino represivo; sirve para actuar a posteriori. Por otra parte, a los primeros culpables ya les ha sido infligido un DASPO de cinco años. La pregunta es: ¿cinco años y después vuelven al estadio como si nada, llevando una conducta ejemplar? Las dos medidas principales para combatir la violencia en los estadios italianos no están funcionando, y a esto se le suman estructuras obsoletas: un mix perfecto para alejar a los verdaderos amantes del fútbol. Además del fracaso (parcial) del DASPO y (total) de la TDT, hay que mencionar el poco adiestramiento que tienen las fuerzas de orden público para controlar situaciones de motín en los estadios, basta ver los policías presentes en el Genoa – Siena cómo se quedaron inoperantes tras los amedrentamientos, chantajes y humillaciones a los jugadores. Tiene graves problemas el Calcio, que las instituciones deberán atacar de manera eficaz y deberán hacerlo con la misma urgencia que los clubes deben mejorar sus proyectos futbolísticos y sus estructuras.

Por suerte, a veces los ultras la piensan bien y mientras en Génova el partido era suspendido durante casi una hora, en Turín los ultras de la Juventus hacían llegar volantes a las 41.000 personas presente en el estadio donde pedían incitar el conjunto local sin caer en “coros racistas y groseros”. Un pequeño gesto, pero que sigue siendo una luz en medio de tanta oscuridad y aquí no cae mal el doble cliché cerrando con un donde hay luz hay esperanza.

[video:http://www.youtube.com/watch?v=RwRQrTx5zsE]

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