Irán: fútbol, latigazos y segundas oportunidades
Rezaei y Nosrati vuelven a sentirse futbolistas tras su condena
Se ha descrito como el éxtasis del fútbol, el momento de mayor estimulación global y el secreto más tórrido. Euforia, locura, desenfreno, rabia o libertad. Emociones, gestos y sensaciones que emitimos todos aquellos aficionados cuando uno de nuestros equipos logra el tan ansiado objetivo del deporte rey, el gol. Las celebraciones son el reflejo más puro de la alegría desbordada ante una acción puntual tan básica que la hace efectiva, vulgar pero incomparable. No existe ‘guiño’ que no hayamos presenciado durante el sumun pero sí nos hemos acostumbrado a que algunas de las irónicas interpretaciones de sus protagonistas, generan más polémica que alegría.
El país donde se prohíbe a las mujeres asistir a las canchas de fútbol (defienden sus organizadores que se debe al lenguaje y entorno inapropiado para sus pensamientos) pese a la gran hinchada que han demostrado las selecciones femeninas que siguen obligadas a obliga a las futbolistas a jugar con el tradicional 'hiyab'. Allí donde el fanatismo amenaza cualquier desnivel en el correcto equilibrio global de su sociedad, dos futbolistas llevan meses instalados en una ‘pesadilla’ judicial y social por un supuesto “exceso inapropiado en un contexto deportivo calificado de crimen”. El delito de Mohammad Nosrati y Sheis Rezaei, dos de las estrellas del equipo más popular de Irán, el Persépolis de Teherán, se basa en una celebración en plena remontada ante Damash Gilan (3-2) el pasado mes de noviembre de 2011. El partido, transmitido por la televisión estatal, obtuvo grandes datos de audiencia, una de las peores noticias posibles cuando Nosrati tuvo la idea de tocar el ‘trasero’ a su compañero Rezaei e ironizar con su dedo índice por la zona.
Lo que en el mundo civilizado no pasaría de un par de días de risas en las redacciones periodísticas, en el contexto inadecuado, ha pasado a ser casi una cuestión de estado. Los dos jugadores fueron considerados culpables de "un acto inmoral que en público se castiga con sentencias de cárcel de 10 a 60 días y a 74 latigazos". Esas palabras del juez Valiollah Hosseini, abrían una dinámica de persecución hacia los dos futbolistas, que inmediatamente fueron suspendidos por inmoralidad por la Federación de Fútbol de Irán (FFI). Pese a que ambos se defendieron admitiendo y recalcando que todo se trataba de una broma en un momento de máxima alegría, la justicia no tuvo reparos. Tanto, que incluso en la pena que se ha solicitado, el castigo no es otro que ser latigueados públicamente en el campo de futbol donde mostraron sus “actitudes vergonzosas”.
Un día después de aquella imagen, la plantilla del Persépolis fue castigada con una reducción de salario de un 15% y los dos jugadores tuvieron que hacer frente a una multa de 40.000 dólares. Hasta el entrenador, un mito del fútbol nacional como Mahmoud Khordbin (técnico del Persépolis desde 1980), fue despedido de su cargo por no haber informado del incidente al club, que recibe financiación del gobierno. Y es que de acuerdo con las normas del ultra conservador país iraní, es lugar tabú para los ayatolás y “esta acción podría ser considerada como una violación de la castidad pública”.
De nada parece significar ahora que Nosrati haya defendido durante once largos años a la selección iraní, pues “cuando se ha roto de manera tan fea los tabúes sociales y éticos, todo es secundario y no tiene significado” (citó un portavoz del club, claramente empujado por el régimen ultraconservador de esta República Islámica). Los dos futbolistas han pasado ya cuatro meses de sanción deportiva, pudieron regresar al césped poco a poco en amistosos y ahora han logrado acceder a partidos competitivos. Esta semana, dando un paso más en su condena, fueron claves en la victoria de los iraníes sobre Al Shabab en la AFC Champions League e incluso Rezaei volvió a marcar un gol. Esos que nunca volverán a ser libres. Todos los cargos siguen vigentes encima de la mesa de la sin razón. Irán es tajante y severa. Irán es destructiva, pese a que ello, les condene a un fútbol a latigazos…
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