Frank Arnesen, el detonador de un Hamburgo ‘Blue’

El danés está enloqueciendo el club con su dirección

Es uno de los estados más prósperos de Alemania, goza de la exención en el cobro de impuestos, existe un florecimiento de su actividad de comercio portuario y el agua fluye con libertad por todas partes. La libertad expresada en la multiculturalidad de esta región la hace única y, como bien dicen los hanseáticos (como se conoce a esta región alemana), lo que ha nacido libre será siempre libre. Esa actitud empapó la leyenda de su club de fútbol, un HSV que rompió tabús y destruyó la condena que sumía a la ciudad de éxitos deportivos. Capaz de liderar Alemania en los 80 y convertirse en rey de Europa en el 83 con una generación irrepetible, eliminaron la afrenta en el césped. Ahora, en la distancia, todos examinan la auto-destrucción y el bombardeo que vuelve a sacudir su ciudad (como en la Segunda Guerra Mundial y en los libros de W.G.Sebald) aunque esta vez, con un epicentro concreto, las ruinas del Volksparkstadion.

El progreso de la Bundesliga, la renovación del gigante Bayern y la proliferación de alternativas competentes en el resto del país, complicaron el camino de un Hamburgo que empezó a perder crédito, a sentirse un mero acompañante y a multiplicar decepciones. Una alarmante falta de identidad global en la institución, que no conoce estilo definido en su plantilla ni sistema táctico que estructure sus ideas, le llevó al caos más absoluto en los últimos tiempos, un golpe que hoy les sitúa en lo más profundo de la Bundesliga. Dieciocho entrenadores en dos décadas, dan fe de ello.

En el nuevo siglo, todos los proyectos han caído en picado, desacreditando el poderío del club, destrozando sus pilares básicos e introduciendo novedades que jamás funcionaron en una dinámica negativa que inyectó calamidades con demasiada ligereza. Fracasaron proyectos en los que sí había una inversión posible y sobre los que se arropaba una nueva etapa en busca de soluciones. Un más joven Felix Magath, Klaus Topmoller, Thomas Doll, Hubb Stevens, Martin Jol, Labbadia, Armin Veh y el último, Michael Oening (al que incluso le suplió unas jornadas el interino y técnico Sub 23 Rodolfo Cardoso). Ninguno de ellos estuvo más de dos años, lo que refleja por sí solo el caos existente en la (por masa social y salud financiera) segunda institución más grande del país.

El sumun de los despropósitos ha llegado este verano, cuando el club abogó por soluciones a mayor escala e intentó empezar desde cero inculcando un nuevo organigrama en la base deportiva. El líder sería Frank Arnesen (ex internacional danés), que había moldeado la estructura primaria del Chelsea de Abramovich y que era la piedra angular del magnate ruso en cuestiones ajenas al césped. Su trabajo en Londres repercutió de manera evidente en el club, ya que reactivó la cantera con numerosos jóvenes llegados bajo scouting de cualquier rincón del planeta y haciendo llegar al primer equipo a otros que estaban destacando a un nivel menos exigente (Obi Mikel o Kalou, por ejemplo, llegaron por el trabajo del danés). Las limitaciones que existían con sus entrenadores, ya que Arnesen llegó con Mourinho y pocos más entendieron como el luso su trabajo, incomodó al ojeador, que acabó pidiendo su salida y firmando un contrato millonario con el Hamburgo. Él representaba la piedra angular del nuevo proyecto pues tomaba máxima relevancia y poder en el plano deportivo como director general de la entidad hanseática. Y meses después, él sigue siendo el principal culpable del caos absoluto que viven hoy los ‘Dinosaurios’.

Su experiencia previa le hizo tomar protagonismo desde su aterrizaje pues no tardó en contratar a varios de los jóvenes que, en su día, había situado en la cantera londinense. Tras un verano lleno de polémicas y convulsiones por sus extraños refuerzos, pocos entendían como Mancienne, Bruma, Rajkovic o Sala (todos llegados desde el Chelsea), podían afianzarse en el esquema. Una defensa de cristal, incapacidad total de manejar la posesión, nulo volumen de peligro generado y una alarmante falta de estilo e identidad en un equipo, además, sin energía ni alma.

Un nuevo giro desconcertante en un club que nunca ha descendido y es el único que ha participado cada temporada de la Bundesliga desde que comenzó a disputarse en 1963. Toda una demostración de grandeza puesta en duda desde hace demasiado tiempo. La búsqueda de identidad, de propuesta y de integrantes efectivos que la ejecuten, está destrozando a un ‘gigante’ bombardeado. 70 años después de Gomorrah, la amenaza vuelve a Hamburgo y esta vez el detonador está en la oficina.

También te puede interesar:

MOHAMED ZIDAN, EL FARAÓN DE LOS RECORDS

BARRIO CHINO DE LA BUNDESLIGA

Artículos destacados

Comentarios recientes