La espina clavada de Jose Mourinho

El técnico luso ya perdió en Heliópolis

Todo héroe no se convierte de la noche a la mañana, ni tan siquiera su currículum es todo oro. Existen inicios, existen pequeñas batallas en las que no se sale victorioso. Pasan de largo, pero quedan ahí, esperando a ser rebatidas.

Jose Mourinho es sin duda alguna uno de los mejores entrenadores del Mundo. Un palmarés más que meritorio en el que se pueden apreciar dos Copas de Europa como técnico por encima del resto de títulos. Un entrenador luchador, batallador, meticuloso, que estudia cualquiera de sus gestos, de sus movimientos y de sus propias palabras. Sin embargo, en la figura exultante del hoy entrenador del Real Madrid existe una pequeña espina clavada de su etapa en el Chelsea que todavía, tras algo más de seis años, sigue pendiente en la agenda del entrenador luso.

Temporada 2005/06. El Chelsea era el equipo más poderoso del momento. Llegaba en encuentro correspondiente a la Fase de Grupos de la Liga de Campeones en un estadio del Ruiz de Lopera por aquel entonces engalanado con las mejores de las estéticas en las que se hablaba de noche grande, noche digna de la máxima competición continental. El mejor Chelsea de las últimas décadas estaba dirigido por un Jose Mourinho que comenzaba a escribir una página personal gloriosa y mediática.

Un Chelsea que llegaba tras más de cinco meses sin perder, con jugadores como Lampard, Terry, Gudjonshen, Robben, Makelele, Carvalho o Cech en su mejor versión. Una plantilla que íba a marcar una época en la Premier League y en su propia historia. Sin embargo, aquella noche la ilusión de un equipo inexperto, la ilusión de un coliseo verdiblanco que llevó en volandas a los béticos hicieron que David venciera a Goliat.

Un gol de Dani Martín, hoy en día en el Atlético Baleares de la Segunda División B, otorgaba tres puntos en el Grupo G que a la postre no serviría para continuar en el camino de la UEFA Champions League pero que, teniendo en cuenta que compartían cartel junto a los londinenses, Liverpool y Anderlecht la tercera posición final fue más que meritoria.

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Aquella batalla la ganaría Serra Ferrer, entrenador por aquel entonces del Real Betis Balompie. Desde entonces la vida de Jose Mourinho ha dado miles de vueltas, su estatus deportivo, personal y mediático nada tiene que ver con aquel entrenador que enamoraba a Inglaterra. Sin embargo, todavía no ha tenido la oportunidad de vengarse de aquella derrota, no ha tenido la oportunidad de resarcirse de aquella noche gris europea.

Ahora con el Real Madrid Jose Mourinho vuelve a la escena del crímen, vuelve a Heliópolis. Actualmente no se conoce como Ruiz de Lopera, se trata del estadio Benito Villamarín, pero, pese a que no sea tema de debate, de actualidad, es un factor personal que Mourinho sin duda tiene en su cabeza para intentar sumar otros tres puntos que acerquen una semana más a un título liguero que, pese a catástrofe mayúscula, tiene alto porcentaje de tintes blancos.

De aquel encuentro tan solo estará presente en la capital andaluza, junto a Mou, el defensa madridista Ricardo Carvalho, por aquel entonces junto al entrenador portugués en Londres, y pese a que no pasa por su mejor momento personal y deportivo será uno de los jugadores que tendrán en el recuerdo aquella mágica noche para la parroquia local y más que amarga tanto para su entrenador como para la figura del veterano central luso.

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