Barcelona: Para Copa, la Champions
Los azulgrana están distraídos con la celebración de la final de la Copa del Rey.
No será en el Santiago Bernabéu. Sí será en Madrid. La final de la Copa del Rey se disputará el próximo 25 de mayo en el estadio Vicente Calderón que al parecer no tiene obras por hacer ni miedos ni fobias aparentes. Alguno no podrá darse el gustazo de profanar el estadio del máximo rival pero al menos irá a Madrid a dignificar una Copa maltratada desde todas las partes. Más de uno desde la directiva y la masa social azulgrana considera la designación del recinto rojiblanco como sede un éxito a medias, máxime cuando ni tan solo acudes a la reunión que sirve para decidir la misma.
Toni Freixa, portavoz de la junta, habló este lunes en rueda de prensa dejando un importante ejercicio de ineptitud e hipocresía, que una vez han pasado las horas, no sé hasta que punto estaba guionizada en la hoja de ruta. Dijo que no se quejaban pero me quejo, no estamos molestos pero lo estamos, confiamos en que se cambie la tendencia pero no queremos influir en los colegiados. En fin, un teatrillo ciertamente lamentable que provoca malestar en unos y vergüenza en otros.
Josep Guardiola habló ayer y dejó titulares tanto por lo que dice, como por lo que calla -que normalmente suele ser más sustancial-. Dijo que está de acuerdo con la postura de la directiva (preocupante me parece) y a pregunta de Gemma Herrero [@gemmaherrero] no se mostró muy convencido con que en el Bernabéu se vayan a realizar las citadas obras. Solo con esos dos apuntes ya “da para paja”, perdón, para tertulia. Declaraciones que salen y declaraciones que se quedan. Preguntas incómodas en sala de prensa que se mezclan entre preguntas balsámicas, de acuerdo a mantener el pensamiento único que se pretende imponer desde el Barça. Editoriales de directores de periódicos en clara cohabitación con la entidad, a fin de no perder la posibilidad de seguir vendiendo sudaderas, cuberterías y despertadores del club, que se intercalan con alguna columna de opinión donde se arremete a la directiva por una pésima gestión y nefasta puesta en escena de todo el modo de proceder en el asunto del malestar del club para con la RFEF y el colectivo arbitral.
La directiva del Barça y los medios propagandísticos afines debieran valorar en que momento ese “me quejo, pero solo la puntita” ha ido mutando en un victimismo preocupante que recuerda al pesimismo azulgrana de otras épocas. Tiempos pasados donde la excusa era el leitmotiv. Un victimismo por cierto, que es igual de lastimoso al que protagonizó el Real Madrid el año pasado, y no sus directivos precisamente, que delegaban en su visceral entrenador metido en aquellas a hombre orquesta.
Dicho esto, sobre lo de Piqué, entiendo que la tarjeta roja es justa y que el “wakeado” Gerard merece una sanción ejemplar por sus declaraciones diciendo que Velasco Carballo le expulsó de forma premeditada. Ahora bien, en descargo de Piqué cabe apuntar que le beneficia “la jurisprudencia”. En casos análogos, José Mourinho o Iker Casillas salieron impunes. O todos moros o todos cristianos. Que el Barça como club defienda esto último me parece no solo oportuno sino también necesario, ahora bien, se harían un gran favor si definieran el fondo y ajustaran las formas en el modo de actuar.
A todo esto, así como quien no quiere la cosa, hoy el Bayer Leverkusen visita el Camp Nou en la vuelta de los octavos de final de la principal competición de clubes del planeta. No hablamos de la Copa, hablamos de LA COPA.
Del partido se habla entre poco y nada porque se da por hecho que el Barça pasará sin problemas, de hecho jamás en la historia de la Champions League se ha levantado un 1-3 tras el partido de ida, y no hay indicios que apunten a que hoy vaya a ser la noche, más allá del subidón del equipo de la aspirina tras ganar el sábado 2-0 al Bayern Munich y dejarles prácticamente sin opciones de Bundesliga.
A las 20.45 de hoy hay FÚTBOL, aunque parezca importar poco.
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