Villas-Boas, Mancini, Ferguson y la diferencia de ambición
El escocés tiene más hambre de gloria que los jóvenes de moda
Roza los setenta años, se ha sentado durante 25 años en el banquillo de Old Trafford y ha levantado una infinidad de títulos. Sin embargo, su ambición no se ha reducido ni un ápice durante todos estos años y su hambre de gloria sería capaz de devorar a cualquiera de los entrenadores de moda. Así es Sir Alex Ferguson, que durante el Boxing Day ha vuelto a dar una lección a la nueva escuela de técnicos que pretende arrebatarle el poder.
A Ferguson le han bastado un par de frases para recuperar su dominio del fútbol inglés, algo que se había puesto en entredicho tras el gran arranque de temporada de Roberto Mancini con el Manchester City y la dimensión de gurú de los banquillos que ha alcanzado André Villas-Boas. No lo digo porque haya alcanzado a los citizens en lo más alto de la Premier League, ni por haber goleado (5-0 al Wigan) en la misma jornada en la que los otros dos han empatado. Si no por su muestra de ambición fuera de los terrenos de juego.
Roberto Mancini cuenta con una extensa plantilla de jugadores de primerísimo nivel que se ha confeccionado a golpe de talonario. Cualquier entrenador haría su sueño realidad concediéndose el lujo de dejar en el banquillo a jugadores como Samir Nasri porque no le caben en el once. Cualquier entrenador, menos Mancini. El técnico italiano se ha caracterizado por reclamar desde que empezó la temporada "dos o tres fichajes de calidad" que terminarán de completar la plantilla. Por lo visto, con lo que tiene no le llega para aspirar a los títulos.
Ferguson ha adoptado la postura opuesta. El Manchester United tiene problemas en el centro del campo desde la retirada de Scholes y la defensa está rota por las lesiones de Rio Ferdinand, Nemanja Vidic y Johnny Evans. Cualquiera reclamaría un par de parches en el mercado de invierno. Ferguson no. El escocés ya ha anunciado que su equipo no necesitará reforzarse en enero y que confía en los jugadores con los que cuenta en plantilla para luchar por todos los títulos. Fergie no busca excusas, sólo títulos.
Villas-Boas tampoco soporta las comparaciones con el veteranísimo entrenador escocés. Tras empatar contra el Fulham (1-1) en Stamford Bridge, el portugués anunció que el Chelsea había quedado descartado de la lucha por el título. A las primeras de cambio, Villas-Boas ha tirado la toalla y empieza a cicatrizar las heridas antes de que estas se hayan abierto.
Ferguson también ha dado una lección de ambición al luso. El escocés ha visto durante las primeras semanas como se escapaba el Manchester City, como le endosaba una goleada de escándalo en su propia casa, y jamás tiró la toalla. De hecho, en su última aparición pública ha mandado un mensaje claro: "pronto será mi cumpleaños y quiero el liderato de regalo". Eso es ambición. Que vayan aprendiendo los de la nueva escuela. Ferguson todavía tiene muchas lecciones que dar.

