De cara a la Navidad, la Liga también hace caja

Otra sanción económica impopular

La última de la LFP la supimos ayer cuando castigó al Espanyol con una multa de trescientos euros por la celebración que ejecutó Sergio García en la última jornada liguera. Sacar una camiseta desde el banquillo para dedicarle el gol a su suegro, quien no pasa por su mejor momento, a los ojos de nuestra Liga es una celebración inadecauda.

No vamos a entrar en el debate de qué celebración es acorde con las ideas que la Liga quiere transmitir (un baile tonto, increpar al público o incluso buscar a un rival han sido algunas de las que se han visto últimamente) porque no es el objetivo.

No hace mucho, estuvo de moda el debate sobre los balones que se tiraban al campo para perder tiempo o la eterna discusión sobre la actitud de los recogepelotas y, por encima de todo, el castigo por parte del torneo. Seiscientos euros costó el interrumpir un partido con balón.

Pero aún muchos recuerdan los dos mil euros con los que se castigó al Barça (más la amarilla que le árbitro le enseñó) por permitir que Messi se levantara la camiseta para enviar una felicitación a su madre tras marcar un gol.

¿No tiene la LFP y la RFEF temas más preocupantes y urgentes de los que preocuparse? A no ser que, como otros organismos públicos, quieran sacar el dinero de las pagas extra de cara a las fiestas navideñas haciendo cumplir a rajatabla el reglamento con un caracter netamente recaudatorio.

Reglas absurdas y castigos impopulares en medio de la que nos quieren vender como la mejor Liga del mundo. Quizás por jugadores lo sea, pero, desde luego, por organización y dirigentes, no.

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