La curiosa relación entre el fútbol y el rock
Por más que las canciones de moda del rock muchas veces terminen convirtiéndose en himnos de la grada, el rock y el fútbol nunca fueron una dupla que se haya caracterizado por tener una buen relación en ciertas partes del mundo. ¿Es posible imaginar a Carlitos Tévez coreando un tema de Roxy Music o a Cristiano Ronaldo yendo a comprar el último de Bob Dylan? De ninguna manera. El mundo de los jugadores de fútbol siempre estuvo más emparentado con los Cuarenta Principales o con el rock and roll más ortodoxo, en el mejor de los casos. Pero existen excepciones a la regla. Tal vez uno de los primeros en protagonizar ese tipo de unión entre dos elementos no tan proclives a ser mezclados haya sido el enorme George Best. Mítico jugador del Manchester United de los años 60s, integrante de la selección de Irlanda del Norte y también famoso por ser mujeriego y un bebedor empedernido, el crack inglés fallecido en 2005 supo sembrar una importante amistad con los Beatles. Incluso Best llegó a ser señalado como el quinto de los Fab Four por la prensa inglesa. Aunque, vale aclarar, ese mote lo han recibido unos cuantos más a lo largo de la historia. Demasiados tal vez como para ser tenidos en cuenta.
Viniendo más acá en el tiempo, otro de los ejemplos destacables de esa extraña y escasa unión que protagonizan la música no tan convencional y los futbolistas lo encarna el jugador español Gaizka Mendieta. El volante derecho vasco, que brillara en el Valencia de Hector Cúper y luego fuera transferido a la Lazio siempre confesó ser un amante de la música. Tanto que el ex del Barcelona y el Middlesbrough se ha declarado fanático de la Velvet Underground, de la banda granadina Los Planetas y, cambiando de disciplina, del cine de Alfred Hitchcock. Todo un caso extraño dentro de un mundo que parece estar rodeado por música mainstream y pocos intereses culturales. Seguramente se me están escapando cientos de menciones más que pueden resultar interesantes, sobre todo provenientes de Inglaterra.
Si bien los futbolistas no suelen destacarse por ser unos estudiosos del rock y el pop, pasa todo lo contrario con los músicos, entre los que sí se pueden contar casos paradigmáticos de enfermedad futbolera. Paul Weller, líder de The Jam, es fan del Chelsea y puso una imagen del mítico delantero inglés Gary Lineker en un simple promocional de uno de sus albumes en solitario. Las leyendas del pub rock Doctor Feelgood no pararon hasta poder conocer al mismísimo Diego Armando Maradona. Y hasta el refinado Ray Davies, genio y figura al frente de los Kinks, se encargó de dejar en claro que el fútbol era una de sus pasiones ante todo aquel que se lo preguntara. Todo esto sin contar el caso de Rod Stewart, que se fue hasta Argentina para apreciar a su selección escocesa en el Mundial del 78 o de Edward Ball, el líder de los ignotos ingleses de The Times, quien fue el primer músico en aparecer en la pantalla del Stamford Bridge de sus amores. Casos como estos pueden contarse por cientos, todo lo contrario que sucede con los futbolistas, quienes parece que no logran captar lo que sí ellos son capaces de hacer sentir a los músicos.
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