¿Qué hacemos cuando perdemos?

El 22 de abril nos dejó Julio Cesar Toresani. Ex jugador de Newells y Boca. Buscamos entender la figura del jugador en tiempos de consumos. 

Voy aclararlo antes de redactar este articulo: es en referencia al protagonista de la foto- Julio Cesar Toresani- pero contado desde otro prisma y nunca mencionándolo de ahora en más.

Me parare en un punto de partida. Las Vegas, Nevada. Es aquí, donde nace uno de los más grandes tenistas que piso el formato ATP: Andre Agassi. Deportista que solía ser configurado por su fachada y su estructura externa por parte del escrutinio mediático. Especialmente por su forma de actuar, de vestir extravagante. Se lo tildaba de tener un perfil desinteresado por lo que hacía, por hacer cosas de nene desubicado cuando estaba haciendo cosas “importantes”, por ser irreverente, un rebelde sin causa. Tal es así, que su primer interacción-como tenista- con las obligaciones publicitarias, fue pronunciar el slogan: “la imagen es todo”.

Para Andre, ese slogan fue un llamamiento al replanteo sobre la figura deshumanizada que se tiene sobre el deportista. Si cada uno haría su propia biografía (cosa que terminó haciendo años después de su retiro), atravesaría y desandaría una vida por detrás, con contradicciones, reflexiones en la ducha, obstáculos. Y si ahondamos un poco más, en su vida profunda, a él nunca le gusto el tenis. Lo seducía mucho más el fútbol. Pero nunca pudo romper el cascaron de los hechos por sobre los pensamientos. Inclusive manifestó esa encrucijada que tenia en su cabeza más de una vez, pero los terceros lo tomaban como consumo irónico. Y no. Era en serio.

Hay que subrayarlo, los entretelones del ser humano poco tienen que ver con la acción maniqueísta donde se amplifica a la persona por si es buena o mala, sin punto neutro. Sino que esta mucho más relacionado a la complejidad del ser humano, que se encuentra despersonalizado en un mundo productivista y consumista.

Acá coloco el freno de mano y vuelvo a Texas. El nacido en Nevada, en su primer Grand Slam logrado en Wimbledon en 1992, al lograr una victoria en cinco sets frente al croata Ivanevic, se dirigió a un locutorio donde llamó a su familia. En esa charla, en su pensamiento estaba el vacío de no sentirse lleno al ganar el Grand Slam londinense. Acá surge otro asterisco: el éxito es alegría, sin más. Y la derrota, es la nada, sin más.

Sin embargo, el productivismo deportivo no entiende de este asterisco o apartado. Todo lo contrario, genera plusvalía en lo tangible y no en lo intangible. La prisa y la inmediatez es hija de lo que se ve y no de lo que no se ve. Poco importa los perjuicios que se dejan como huella, el partido jugado, las reflexiones profundas, la ruptura con lo ético, las sensaciones personalizadas, el no poder sobrellevar el éxito, el abandono, el desánimo, la perdida de la palabra, del deseo. Todo depende si sos un producto del día o no.

Sin embargo, ese producto del día se cuestiona: ¿qué hacemos cuando perdemos?, ¿qué hacemos cuando entramos en una pulsión de muerte?, ¿de donde nos sujetamos cuando perdemos todo tipo de deseo?, ¿de que manera, podemos conseguir encender una nueva llama cuando otra llama se apagó?. Preguntas que debemos tenerlas a mano, para no temporizar en la indeferencia.

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