Marcelo Diaz: el Cid Campeador

Racing es el único puntero de la Superliga. Uno de los motivos está en su mediocentro único: Marcelo Diaz. Jugador que mejora un equipo.

Hay jugadores que no están, pero están. Que hacen un trabajo invisible. Que mejoran a sus compañeros y que no salen en las grandes portadas. Como si fuera el Cid Campeador. Esos futbolistas son imprescindibles para jugar bien. Para jugar y hacer jugar. Estas palabras van dirigidas al que es hoy el eje del mediocampo de Racing: Marcelo Diaz. Hay una simbiosis entre el jugador y el aficionado. Se reconoce que sin el campeón de América con Chile en el 2015 y 2016, Racing no tendría el mismo ecosistema de juego.

La pelota es la que ordena a un equipo. Pierdes muchas pelotas y serás un equipo desequilibrado, pierdes pocas y serás equilibrado. Este leitmotiv, forma parte de los registros que tiene Diaz. Con él, Racing genera triángulos, juego geométrico, complementariedades que dotan a la academia de cohesión y de un engranaje compacto. Un individuo al servicio de lo colectivo, que con su despliegue y sentido de la ubicación anticipa las intenciones y limita recorridos del rival, y que con su precisión favorece a la continuidad del juego.

Vale remarcarlo: los buenos equipos, necesitan de lo macro para poder florecer sus condiciones. Pero también de los detalles. El énfasis en los detalles, hacen que un conjunto cimente, edifique y construya juego. Y Marcelo Diaz hace de constructor en Racing. Los detalles están ahí: orienta el cuerpo para darle efectividad a la circulación de la pelota, se incrusta entre los defensores para ayudarlos con los primeros pases, sabe cuándo trasladar y cuando pasar, activa a receptores cercanos y lejanos. Marca el tempo.

Son de esos jugadores que son la extensión de la idea en el campo. El idioma se vitaliza cuando se poseen a estos tipos de jugadores. Su forma de pensar, sentir y ejecutar el futbol hace que haya un contexto propicio para aumentar las posibilidades de juego y las probabilidades de ganar. Un contexto, que tiene un lema: para jugar bien hay que tener buenos mediocampistas. Y Diaz es de esos. Cuando da un pase es con un mensaje y en ventaja al compañero en cuanto a tiempo y espacio, protege la posesión, pierde pocas pelotas, es el socio de todos, es el toca y dame, usa la pelota como un medio de comunicación.

Por otro lado, el chileno forma parte de una ola que ha roto con ciertas comodidades: para ser fiable no hace falta un 5 rustico o un doble 5 en paralelo. Con un mediocentro único, que no posee un gran físico, pero con una capacidad de supervivencia para saber que hacer antes de recibir, hacer correr rápido la pelota y desligarse del contacto físico al compás del pase, se puede generar equilibrio y desequilibrio a través de la pelota. Porque como dijimos anteriormente: la pelota te ordena y te junta las líneas para viajar agrupados, generar ventajas en zonas de riesgo para el rival y ante perdida recuperar en pocos metros.

Además, el ex Celta de Vigo, es un futbolista que tiene una lectura del juego posicional que le permite llevar a cabo el concepto del “pase siguiente”. Es decir, más importante que el pase que da uno, es el próximo. Por eso es vital el pase intencional. No pasarse la pelota porque sí. Interpretar cuando tocar y ofrecerse, cuando tocar y quedarse parado, cuando tocar y moverse. Es de esa manera que se van generando apoyos, formando simetrías y dándole a la circulación fluidez.

El futbol es una síntesis. No se puede fraccionar. Todas las líneas deben formar parte del juego. Ahí se generan las obligaciones y las posibilidades. Pero para jugar bien se necesitan de buenos mediocampistas. Ellos son el corazón de un equipo, donde deben tomar decisiones, que deben variar según los momentos que se desarrollen en el partido. Marcelo Diaz, como el Cid, pareciera que no está, pero al mismo tiempo va construyendo un imperio durante el partido, a través de sus elecciones, que incrementan las chances de Racing para alcanzar el resultado.

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