CD Castellón, cuando 8.000 almas se conjuran en un partido de Tercera División

Los aficionados albinegros abarrotaron el Castalia para el derbi ante el segundo filial del Villarreal en un encuentro de Tercera División

En el fútbol los millones vienen y se van, algo que saben muy bien los aficionados del C.D. Castellón, que han visto cómo en poco más de un lustro su equipo pasaba de luchar por ascender a Primera División a pugnar por evitar el descenso de Tercera. Pero en Castalia el fútbol sigue siendo fútbol y se sigue viviendo como tal, sólo así se puede explicar que el pasado domingo cerca de 8.000 personas abarrotasen las gradas albinegras para ver a su equipo ante el Villarreal C.

Hace diez años, un grupo de benefactores del fútbol con más pasión por los billetes que por el balón se hizo con el control del club bajo el nombre de una sociedad denominada Castellnou 2005. Lo que encontraron fue un equipo recién ascendido a Segunda División con una ciudad volcada tras el éxito logrado. Los nuevos mecenas llegaron con la promesa de que devolverían al club a Primera catorce años después y, tras varias temporadas luchando por la permanencia, casi lo consiguen en 2008 con un meritorio 5º puesto, pero ahora el negocio prima sobre el deporte y después de varias ventas que beneficiaban a los bolsillos de los miembros de Castellnou al ser la mayoría representantes de jugadores del club albinegro, el Castellón volvía a 2ªB tras cinco años en la categoría de plata.

Al descenso se le sumó la desidia de los directivos, que abocaron al club al descenso al Grupo VI de Tercera División por las numerosas deudas con futbolistas e incluso a su desaparición, algo que consiguieron evitar los aficionados con numerosas recogidas de firmas, movilizaciones y denuncias a los propietarios del club, que finalmente vendieron el equipo en 2012. Estos mismos aficionados orelluts son los que a día de hoy forman parte de los más de 4.000 socios de este gigante dormido que aguarda en la cuarta categoría del fútbol español y que junto a otros 4.000 albinegros abarrotaron las gradas ante el Villarreal C, una cifra que ya querrían muchos clubes de divisiones superiores. Los encuentros ante el Villarreal, aunque sea contra su tercer filial, son algo más que un derbi en la capital de La Plana. Eso bien lo sabe el estadio Castalia que, presidido por la legendaria torre de Marathon, vivió cómo 8.000 espectadores entonaban el 'Pam Pam Orellut' cuando los equipos saltaban a su césped, un grito casi centenario que ha pasado de generación en generación y de corazón a corazón.

Una afición que tiene a un cuarto de hora partidos de Primera División cada 15 días, pero que se niega a vender su espíritu visitando el Madrigal si no es para ver a su equipo. Una afición que prefiere vivir en el ostracismo de las catacumbas del fútbol valenciano con tal de ver jugar a su equipo, aquel por el que tanto lucharon para evitar su desaparición 90 años después de su fundación. Una afición que cree y aguarda tiempos mejores para su club, que con el ex internacional Ramón María Calderé vuelve a mirar a los puestos altos de la tabla. Y es que los magnates que pasaron por Castalia pudieron vender todo lo que encontraron a su paso salvo una cosa: su afición.

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