Genoa: Un canto por volver a ser

Se cumplan o no las mejores previsiones, Genoa ha vuelto a sonreir, ha vuelto a disfrutar y ha vuelto a vivir en lo más alto

Desde finales del siglo XIX hasta la primera gran depresión económica de 1929 la emigración europea al continente americano se contabilizó por millones de personas. Se calcula que unos 60 millones de europeos llegaron a bordo de barcos que desembarcaron en las costas de Nueva Jersey. Y en uno de ellos viajaban los cuatro abuelos de un hombre icónico que sembró de elegancia la cultura musical de su generación con los insospechados e insondables registros vocales de su eterna VOZ. La Voz, de Francis Albert Sinatra, un italoamericano genial que con el timbre de su voz y su armonía, sembró de belleza los recuerdos musicales de varias generaciones, una voz que sigue llegándonos con la misma fuerza y poder, siempre como una voz nueva, eterna, por la que no parece transitar el tiempo. Icono mundial e histórico de la música, el gran Sinatra nunca fue amante del fútbol, pero sí de un equipo. En uno de sus últimos años de vida, contó al compositor Giorgio Calabrese, una anécdota que demostraba llevar muy adentro los colores del Genoa, pues cuando era niño sí visitaba frecuentemente el estadio de Marassi: “Me habló de su amor por el fútbol cuando lo conocí en 1978. Tengo dos pasiones, me dijo, que son la ciudad de Génova y el Genoa, el equipo de fútbol”. Fue por ello que, antes de morir, solicitó expresamente ser enterrado con una corbata roja y azul, los colores de su equipo, los colores Grifone. Ahora, muchos años después, Frankie sonríe en la distancia pues su pasión futbolística vuelve a brillar como siempre lo hicieron sus canciones.

Toda la ciudad genovesa está de enhorabuena a finales de este 2014 donde, desde luego, se antojaba imposible vislumbrar un rayo de esperanza hace tan solo unos meses. En los últimos tiempos, ambos equipos de la ciudad, tanto Genoa como Sampdoria, parecen claramente decididos a complicarse su futuro entre los elegidos del fútbol italiano y han protagonizado algunos de los descensos (o casi descensos) más famosos e inesperados. Y quizás por ello, se hace incluso más imprevisible y sorprendente su actualidad a día de hoy. Y es que si los dorianos están en zona alta luchando por grandes retos europeos, son los Grifone quienes, además, rozan directamente sus sueños más históricos habiendo alcanzado ahora mismo posiciones de Champions League (un torneo que nunca han disputado). Y todo, como producto de una larga concatenación de factores trabajados durante muchos años pero que no habían tenido el camino positivo que ahora parece haber encarrilado. Una línea adecuada para jugadores que, o rebotados de decepcionantes aventuras en equipos superiores o dispuestos a tener su primera gran oportunidad, han osado retar a la élite italiana en busca de un proyecto que logre aquello que nunca lograron los grandes mitos genoveses.

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No se puede esconder que la fórmula del éxito del equipo que ahora mismo dirige Gianpiero Gasperini, no es tal, no existe y no es producto de una serie de decisiones que hayan generado un éxito esperado como tal. Podría decirse todo lo contrario. Y es que bajo la siempre polémica e irónica mano del intocable presidente Enrico Preziosi (mandatario de la empresa de juguetes Giochi Preziosi Group), los excesos y reiterativos procesos erróneos, se han acumulado con demasiada continuidad últimamente. Un líder icónico que supo rodearse de muchos agentes de futbolistas jóvenes del mundo y que, tras haber estrechado lazos con muchos de ellos en la última década, hace tiempo que completa su plantilla anualmente sin necesidad de peticiones expresas o preguntas a su entrenador. Un sinfín de cesiones, compras de porcentajes, adquisiciones juveniles e intercambio de nombres que, al final de cada verano, servían para crear un esquema con el que el nuevo entrenador pudiera trabajar. Quizás por esa naturaleza imprevisiblemente polémica, el único que ha sabido rentabilizar en números esas acciones directivas, ha sido aquél que ya levantó el club llegando desde categorías inferiores, un Gasperini que tras haber dejado hace años algunos detalles positivos, fracasó allá donde estuvo y regresó para intentar reorientar su carrera. Eso, equilibrar, reactivar e insuflar nuevos aires a sus ideas de fútbol, es lo que necesitaba el míster y lo que une a la totalidad de la plantilla del Genoa.

Durante años, todo chico que mínimamente destacaba en cualquier lugar del globo terráqueo, era tanteado por los agentes infiltrados del club. Eso sirvió por ejemplo, para ser de los primeros en contratar a futbolistas que dieron un salto potencial en sus carreras, que recuperaron crédito tras pasar por allí o que usaron el equipo como trampolín en uno de sus pasos hacia la súper élite (Criscito, Milito, Motta, Suazo, Rafinha, Sokratis, Borriello o Immobile). Ejemplos que seguirán saliendo y entrando continuamente del club, instalado en esa dinámica de incapacidad para retener aquellos que brillen e igualmente incapaz de fichar a otros que puedan hacerle aspirar a más. Una estrecha línea entre el éxito y el fracaso que, a finales de este 2014, está haciéndoles rozar gestas impensables desde la tercera plaza de una Serie A que, dada su naturaleza cambiante en los últimos años, permite soñar a cualquiera que pretenda hacerlo enérgicamente.

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Ahora los nombres que atestiguan un momento dulce en Genoa son otros, igualmente menos desconocidos, pero con la valentía de unir fuerzas en busca del nunca antes visto. Hoy, el Grifone vive de una columna sólida. El portero Mattia Perin es una de las grandes perspectivas de futuro del equipo, con solo 22 años, ya varios de experiencia y una enorme solvencia bajo palos. El férreo y contundente marcador central francés De Maio, el polifuncional Antonelli, un Kucka que lleva varios años sonando para dar un salto tras dominar con su físico y fuerza el medio campo partido a partido, el dúo de jóvenes extremos Iago Flaqué-Piatti que han pasado años malos pero que apuntan a una clara mejoría por su calidad individual y un delantero ex internacional que busca recuperar sus mejores cifras, Matri. Un equipo que perdió el primer partido del curso pero que, desde entonces, solo dejó escapar el tan querido Derby ante la Sampdoria (ambas derrotas, curiosamente, como local y por un solo gol de diferencia). Y es esa cualidad o rasgo, el de competir y vivir de grandes explotaciones a sus atributos, lo que le hace estar vivo cada partido, aguantar con opciones en cualquier estadio y haber sido ya capaz de vencer al Milan o, sobre todo, a la Juventus, cuando han pisado el Luigi Ferraris (nombre que recibe el mismo estadio genovés de Marassi cuando el que juega como local es el cuadro Vecchio Balordo).

Resulta muy difícil imaginar que tanta improvisación sobre un proyecto, e incluso tanta rentabilidad de sus mejores jugadores, pueda imponerse a proyectos más consolidados, disciplinados y expeditivos, pero la Serie A se ha igualado y aparecen alternativas nunca antes pensadas. El primer reto, evitar el descenso, está ya casi conseguido a mitad de temporada. El segundo, que no ha sido tal hasta esta serie de milagros en forma de resultados positivos, sería apostar por luchar hasta el final por posiciones europeas que rentabilizarían como nunca cada experimento del presidente Preziosi. Se cumplan o no las mejores previsiones, Genoa ha vuelto a sonreir, ha vuelto a disfrutar y ha vuelto a permitir que cada semana, esté donde esté, la voz del gran Frank Sinatra inunde sus mejores deseos. Un canto por volver a ser…

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