Las excusas de Xavi: del juego de posición al exceso
Xavi Hernández volvió a menospreciar el estilo de juego de un equipo que había derrotado al Barcelona. En este caso, el Real Madrid
Xavi Hernández realizó unas sorprendentes declaraciones tras la derrota del Barcelona ante el Real Madrid el pasado sábado. El catalán justificó el traspiés de su equipo alegando que el rival únicamente había aprovechado sus errores jugando al contragolpe. No es la primera vez que Xavi utiliza argumentos similares cuando el Barça no gana.
Que Xavi Hernández ha sido uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol español es indiscutible. Que su trayectoria en el Barcelona y la selección fue inmaculada y estuvo cargada de títulos es una evidencia. También lo es el hecho de que muy pocos jugadores han sabido leer el fútbol de la manera en la que lo ha hecho el de Terrasa durante los últimos 15 años, pero ¿qué le ocurre a Xavi a la hora de analizar las derrotas de su equipo? Xavi Hernández ha interiorizado de tal manera la idea de juego del Barça que en ocasiones se muestra absolutamente incapaz de reconocer que existen infinidad de caminos para llegar a la victoria.
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El fútbol es un juego con reglas específicas. Todos sabemos que no se puede tocar el balón con las manos a excepción del portero o que el juego brusco se sanciona con faltas y tarjetas. Conocemos los límites del campo y por supuesto la forma y diámetro del balón. A partir de ahí no existe ninguna norma que exija a un equipo un mínimo de pases durante un partido o que limite el número de contras. Tampoco se especifica si los goles deben ser anotados con el pie o en jugadas a balón parado; un equipo podría llegar a ganarlo todo si solo marcara goles de falta directa y defendiera a la perfección para terminar con su portería a cero todos los partidos. A buen seguro que lo anterior marcaría época ya que nunca lo hemos visto, pero sería absolutamente legal, tan legítimo como el juego de posición y combinación que tan buenos resultados le ha dado al Barcelona y a la selección española en los últimos años. El problema llega cuando el análisis de un estilo se convierte en dogma, ya que el fútbol no entiende de caminos únicos e indiscutibles para llegar al objetivo, que no es otro que ganar partidos. Aquí entraríamos en el eterno debate sobre si lo importante es jugar bien o ganar títulos.
Jugando bien se ganan más partidos que haciéndolo mal. Pero jugar bien no es únicamente desplegar un arsenal de recursos plásticos que sirvan para ilustrar horas de televisión. No existe ningún entrenador profesional que no sepa esto. Jugar bien es aprovechar al máximo los recursos de los que dispone un equipo, y no todos los equipos tienen jugadores como Iniesta, Xavi o Pirlo. Para el éxito del fútbol como espectáculo hacen falta los Guardiola y Paco Jémez, pero también son imprescindibles los Mourinho o Javier Clemente. Todos ellos han tenido en alguna ocasión de sus carreras equipos que jugaban bien, y al contrario de lo que se pueda pensar, algunos de los citados no siempre utilizaron los mismos mecanismos. Pocos recuerdan al Athletic bicampeón de Javier Clemente, que era un equipo con bastantes recursos más allá del pelotazo y un once cargado de centrales como siempre se achaca al técnico vasco. También parece que nos hemos olvidado del primer Chelsea de José Mourinho, un conjunto capaz de desarbolar a los rivales con infinidad de recursos ofensivos y un Lampard sensacional. El mismo Guardiola reconoció que se equivocó en el planteamiento realizado en las semifinales de la Champions del pasado año ante el Real Madrid. Con esto se demuestra que los entrenadores exitosos e inteligentes no viven tanto del análisis y la literatura del día a día, sino que conocen a la perfección los fundamentos de su deporte y son capaces de adaptarse a situaciones distintas. A veces incluso contradiciendo su propia esencia de juego en busca del mejor resultado.
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Por ello las declaraciones de Xavi Hernández criticando un estilo diferente al de su equipo son faltas de lógica. Lo son más viniendo de una institución como él, pero no es la primera vez que utiliza argumentos similares. Después de la final de copa de 2011 que el Real Madrid gano al Barça, el capitán arremetió contra el juego desplegado por los de Mourinho. En aquel encuentro el portugués utilizó a uno de sus perros de presa, Pepe, para ganar la batalla en el centro del campo. El Barça fue sorprendido y no pudo superar el sistema táctico impuesto por Mourinho a pesar de realizar un gran encuentro. El aficionado recordará la belleza de aquel choque de estilos contrapuestos que lucharon hasta la extenuación por llevarse un encuentro que duró 120 minutos. Tras la batalla Xavi criticó el estilo de su rival: “ellos nos presionan, nos asfixian, no saben jugar de otra manera”, era como querer admitir que aquella victoria del rival no era del todo legítima por la forma en la que se consiguió. Días después el Barcelona dio una lección futbolística en el Bernabeu en las semifinales de la Copa de Europa. Maniató al Real Madrid con un Messi sensacional y superó por completo las armas del Madrid. Una victoria incontestable que nadie se atrevió a rebatir. Bueno sí, Mourinho lo hizo, ofuscado en otras peleas absurdas y haciendo célebre el archiconocido ¿Por qué? Pero siendo ridículas sus manifestaciones, no se atrevió a poner en duda el estilo de juego empleado por su rival. No dijo algo así como: “Nos han ganado pero dando 600 pases”. Tan grotesco hubiera sido aquello como las declaraciones de Xavi unos días antes.
El pasado sábado el Barcelona fue mejor que el Real Madrid en la primera media hora de partido. Dominó la posesión y tuvo las mejores ocasiones. Con el empate Carlo Ancelotti leyó a la perfección el desarrollo del juego y supo contrarrestar la circulación de balón de su oponente con rápidos contraataques y una óptima utilización de las acciones a balón parado. El planteamiento y sobre todo las decisiones adoptadas durante el encuentro no permitieron que el Barça pudiera corregir errores de bulto que ya se vieron en la etapa de Martino. Tras esta derrota no hay nada decidido y resta mucho campeonato, pero la autocrítica debe ser el marco de partida para que este Barcelona pueda crecer. El estilo del equipo sigue siendo innegociable en Can Barça, pero por supuesto no es la única vía para alcanzar el éxito.

