Los Lederman, el ‘sueño americano’ en Barcelona
Ben Lederman nació en Estados Unidos pero ha visto como su sueño se convertía en realidad al hacerse un sitio en las categorías inferiores del Barcelona
Tres equipos profesionales en la MLS (Los Ángeles Galaxy, San José Earthquakes y Chivas USA), decenas de campeonatos amateurs y centenares de torneos juveniles, convierten a California en el estado de mayor actividad futbolística de Estados Unidos. Su amplísima comunidad latina, sus raíces sudamericanas y la enorme cercanía con los millones de mexicanos que pasean por sus calles, generaron desde hace muchas décadas una clara vinculación con el fútbol en su raíz menos nacionalista y más planetaria. Una línea que se extiende poco a poco al resto del país, tentado por los tentáculos de una pelota que ya se ha convertido en la preferida para los chicos yankees. Una familia californiana refleja a la perfección ese sentimiento creciente en todos los escalones de su hogar. Danny, el padre, disfrutó siendo niño la etapa del soccer setentero en la singular NASL. Tammy, acudía cada semana a disputar amistosos en la explanada donde logró sus mejores amigas. Y Ben, la mezcla entre ambos, el gen del nuevo siglo, creció enamorado del fútbol post USA 94, conociendo la cada más agradable del balompié en la historia de Estados Unidos.
“Le llamaré Messi”, respondió Ben cuando cumplió 8 años. No se trataba de una pelota, ni de un videojuego, ni tan siquiera de una camiseta, sino que su familia le regaló un pequeño cerdo casero para intentar que tomara conciencia de la responsabilidad de tener a alguien a su cargo. Semanas más tarde, el curioso animal vestía los colores azulgrana, era capaz de golpear el balón con su cabeza y correteaba haciendo giros y reversos por el jardín. Sus dos siguientes cumpleaños serían plenamente futbolísticos pues a los 9 años la tarta llevaba una foto de la plantilla barcelonista y a los 10, su forofismo culé tocó lo más alto logrando convencer a su padre de acercarse al Camp Nou en unas vacaciones por Europa. Aquella noche, con 90.000 personas a su alrededor y una goleada como orgullo, Ben giró la cabeza hacia su padre y con una entonación ambiciosa e irreconocible para un niño, le clavó los ojos en la cara y le retó a ser parte de sus sueños: “Papá, quiero jugar aquí algún día. Tengo que lograrlo”.
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Hasta ese día, el pequeño había jugado diariamente en clubes de su barrio, en asociaciones californianas y en torneos comarcales, siendo tan enérgico como avispado en la mayoría de sus movimientos. Rápido, tenaz, muy concentrado y habilidoso en el manejo de la pelota, las cualidades de Ben no habían pasado desapercibidas para nadie en California, por lo que al escuchar sus deseos, los Lederman dieron un paso adelante. John Ellinger, uno de los ex entrenadores de Ben en California, organizaba partidos amistosos entre escuelas hasta que, en una concurrida mañana de partidos, recibió tres llamadas de cazatalentos europeos que se habían asomado a inspeccionar. Rechazó la primera. Rechazó la segunda. Aprobó la tercera, la del FC Barcelona.
Una semana de prueba exitosa, derivó en un entrenamiento en La Masía, sesiones duras con sus especialistas y dedicación especial en conocer hasta dónde podría ser capaz de sorprender aquél minúsculo malabarista californiano. La culminación llegó cuando el club les envió una carta exclusiva para que Ben accediera a firmar un contrato de vinculación azulgrana. Tammy y Danny, conscientes de que Ben siempre había sido un enamorado del fútbol, tenían que decidir por él debido a su edad. No había ninguna garantía pues únicamente eran dos temporadas fijas, sin promesa más allá de lo que ocurriera en ese tiempo y sin compromisos futuros. "No puedo describir su cara cuando le comunicamos la noticia. Era imposible imaginar ni siquiera por un momento, que fuéramos a impedir a nuestro hijo soñar con cumplir sus metas. Como padres, estas son las alegrías que te hacen muy feliz”.
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El deseo de convertirse en jugador azulgrana era la única que los Lederman iban a tomar como posibilidad real, como lectura de vida, como reto global. Lo único que tenían asegurado era todo aquello que Ben necesitaría, pues en el contrato se especificaba educación, alimentación, uniformes y ropa de entrenamiento, asesor y un pago mínimo para gastos personales del chico. La decisión fue unánime y colectiva en todo momento. Dejaron sus trabajos, dejaron sus familias, dejaron sus amigos. Vendieron la casa, vendieron el coche y vendieron sus propiedades. Se trataba de empezar de cero, de cambiar sus vidas, de moldearlas en torno al sueño de su joven componente y apoyar por completo la meta hacia el profesionalismo, el fútbol de élite y el FC Barcelona.
No hablaban español y se plantaron en la Ciudad Condal con 4 maletas gigantes y llegando en metro a la puerta del hotel. Tocaba buscar casa, comprar alimentos, encontrar colegio a su hijo mayor e iniciar un desafío marcado por la pierna derecha de su vástago futbolero. “Las personas cercanas a nosotros no entendían qué hacíamos. Dejamos nuestra casa, nuestros amigos y nuestros deseos personales por una pelota, la que hacía disfrutar y soñar a Ben. Salimos de nuestras vidas con una idea en la cabeza. Una idea que a la mayoría de los americanos les parece caótica, pues en España no existen becas, ayudas o padrinos que impulsen este tipo de retos de los niños que sobresalen en un área como sí ocurre en USA”, dijo Tammy. Hoy, conoce a sus vecinos, bromea en español y sonríe cuando le llaman para elogiar las grandes cualidades de su chico.
Dos años después de su primer impacto, Ben Lederman tiene 13 años, sigue entrenando día y noche en La Masía y es el primer estadounidense en participar en el sistema de cantera del Barcelona. Ha marcado varios goles importantes y muy impactantes, ha impresionado a diferentes especialistas y tiene una capacidad asombrosa para ver líneas de pase y encontrar clarividencia allá donde no hay aparentes soluciones. Una elegancia y compresión inteligente del juego que enamora a todo aquél que lo contempla con detenimiento, lo que ha generado enormes impresiones desde su país. El intento no hace sino empezar, quedan muchas etapas que cumplir y muchos retos que superar pero, trabajando en busca de su camino en los equipos juveniles, la posibilidad siempre permanecerá intacta. Solo un 8% de los que acuden y entrenan en suelo barcelonista, alcanzan el primer equipo con el paso de los años. El primer chico de Estados Unidos en saltar al Camp Nou y culminar el nuevo ‘sueño americano’ futbolístico, está hoy más cerca que ayer… El sueño de Ben Lederman.
