Cuando ser futbolista profesional te cuesta dinero

Las Sesiones AFE son la otra cara del fútbol

Jugar al fútbol a nivel profesional está asociado a dinero, lujos, excesos, mujeres, coches, poco trabajo, vida contemplativa, Leo Messi, Cristiano Ronaldo, campos llenos coreando tu nombre. Nunca se piensa en agua fría, ropa usada y rasgada, toallas que son para trapos, balones que no son iguales, medir la gasolina y repartirla entre varios, pisos compartidos, que cada euro valga su peso en oro… Y eso si te pagan al día. Comer de lata, gastar lo justo, no poder traer a tu familia contigo. Un futbolista se Segunda B, el nombre no es importante, solía decir que él jugaba al fútbol ahorrar, “si no te pagan en 7 meses, no gastas”.

Este mal ha venido ocurriendo en el fútbol desde siempre, pero actualmente, es una plaga. Y cuando más desciendes en categorías nacionales, mucho peor. La Segunda B es el mayor campo de cultivo de estas situaciones. La situación del Racing de Santander, mediática por su marcha en la Copa del Rey, es sólo una muestra. En los últimos años son varios los cubes que incluso han abandonado la competición por no poder pagar nada: ni personal, ni viajes, ni árbitros, nada.

Entre Segunda A y Segunda B hay 102 equipos. Más de 2.000 fichas por cubrir, y si quitamos los jugadores no nacidos en España, un porcentaje enorme, las posibilidades de encontrar un equipo se reducen muchísimo. La movilidad geográfica de otros tiempos, los buenos tiempos, cuando el dinero corría en abundancia, ha dado paso a querer jugar en casa, cerquita, y por cantidades que en muchos casos son hasta 6 veces inferiores a las de hace unos años.

Ese fútbol, ese otro fútbol, en el que miras hasta cómo lavar la ropa para no gastar, es el que vivimos hoy en día. No todo es Madrid y Barcelona, no todo es LFP con derechos televisivos que lo pagan todo, o al menos gran parte. El fútbol no es ajeno a la sociedad, y si en ella hay paro, hay falta de trabajo, en el fútbol también.

Desde hace unos años, la AFE, la Asociación de Futbolistas Españoles, con Luis Rubiales al frente y unas ideas revolucionarias por bandera, puso en marcha las Sesiones AFE. Ni más ni menos que la oportunidad de poder entrenar y jugar para los futbolistas que se han quedado sin equipo, que no lo han encontrado, que en definitiva, están en el paro, como casi 6 millones de españoles.

El fútbol sin focos, sin medios, sin televisiones. El fútbol con marcas de ropa modestas, que mandan lo que pueden mandar, con picnics de sándwich de jamón y plátano, y agua casi del grifo. Con autobuses con asiento y con televisión que se oye mal o DVD que más que reproducir películas, pega saltos olímpicos. El fútbol con 20 personas viendo un partido, todos ellos agentes, directores deportivos o cazatalentos. Y los que están en el verde sabiéndolo y enfrentándose a un casting individual pero en un deporte de equipo donde sus otros compañeros están en la misma situación. Ese fútbol del que nadie, o muy pocos, se acuerdan.

El año pasado, y se ha reducido de forma considerable, la AFE trasladó a la Federación Española de Fútbol 240 reclamaciones por impagos de jugadores de Segunda B por un valor de 2.328.567,45 euros. Esta cifra hay que contextualizarla, ya que hablamos de jugadores que, en el mejor de los casos, pueden cobrar una media de 24.000 euros al año. Y esto son las denuncias, ya que en muchos casos, se espera que se solucione todo sin tener que recurrir a ello. Eso supone para muchos jugadores estar meses sin cobrar, y en medio plazo, a los clubes, reducir sus presupuestos al mínimo. Al mínimo que pueden pagar sin endeudarse más y poder hacer frente a sus obligaciones.

Ese fútbol existe. Ese fútbol donde todos los gastos se miran con lupa, donde cada euro es una batalla. Es un choque a los sentidos ver a Toni Doblas, campeón de Copa del Rey con el Betis, o Toni Morán, aquel jugador del Celta que protagonizó una gran polémica con el Celta por una alineación indebida, buscarse el pan en partidos como el que describía antes. Y todo ello sin perder el buen humor, la sonrisa, el carácter futbolista, que a fin de cuentas, esto es un estado de ánimo.

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“Sólo falta que los de Primera pierdan el miedo”, dice un responsable de AFE. Y es que hay reparos todavía a decir públicamente “soy futbolista profesional y estoy en paro”. El propio rodillo mediático, ese en el que si re dejas envolver estás perdido, hace que puedas llegar a perder la perspectiva de la realidad. Rubiales, la AFE, todo su equipo, con mucha pelea, está terminando con ello.

Se frivoliza mucho con el fútbol y con el futbolista, se tiende al estereotipo, especialmente al mediático. Y aunque son especiales, y tienen su cosas, son personas de carne y hueso, con problemas mundanos, con facturas que pagar, pero con una suerte superior a la de muchos: ellos se ganan la vida, como pueden, jugando al fútbol.

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