Bienvenido, Mister Djukic
Calles empapeladas con su foto. Balcones repletos de banderas dándole la bienvenida. Una marea de gente gritando y jaleando su llegada a la ciudad. Allí estaba Djukic entrando a Valencia con su excavadora, engalanado con su mejor mono de trabajo y su casco con el escudo del murciélago al frente. Braulio escoltaba al serbio, en segundo plano, mientras Amadeo Salvo contemplaba desde el balcón del ayuntamiento, henchido de orgullo, como la salvación del club, de su club, ya había llegado. Una gran pancarta presenciaba toda la escena y rezaba “Bienvenido Mr. Djukic”.
Hoy, Braulio yace en la cuneta después de intentar echar de la carretera a la excavadora, Salvo ha borrado su satisfacción del rostro y solo contempla como sus aldeanos queman los carteles y banderas que antes engalanaban el pueblo, y Djukic se da cabezazos contra el volante buscando la tecla que vuelva a hacer funcionar el motor.
Además, Rufete –que ocupa el lugar del fallecido Braulio, pero con un puesto mejor, más grande y más bonito- aparece vestido de Guardia Civil de tráfico pegando toquecitos en la ventanilla de la excavadora del serbio.
- Buenos días agente, ¿Qué tal el día?
- Medianamente bien. Lleva usted tres meses con el vehículo estacionado en doble fila, el motor gripado y las ruedas pinchadas. Si quiere seguir circulando debe poner las piezas que yo le indique.
- Pero a mí me gustan mis piezas.
- O aplica usted lo que le digo o se baja de la excavadora y abandona el pueblo.
- Pero…
- Pero nada, YA, y sin rechistar.
Y a ver quién es el listo que le planta cara a Rufete con tricornio.
Este es el panorama que presenta a día de hoy el Valencia CF. Un pasaje onírico destrozado por la cruda realidad, una representación teatral extraordinariamente épica que termina por amargar en su representación, un club de fútbol disfrazado de empresa que se olvida de lo que pasa en el césped, y unos jugadores que nunca se han creído el mensaje utópico de su entrenador, que duda entre la servidumbre y el suicidio. Un auténtico desastre. Y como en la obra maestra de Berlanga, el alcalde debe salir a la palestra y explicar a su pueblo porque la salvación que tanto había anunciado, se había convertido en pesadilla.
Ya imagino a Salvo, en ese mismo balcón del ayuntamiento, micrófono en mano, y dirigiéndose firme a sus ciudadanos con un mensaje transparente y esperanzador:
- Como presidente vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar. Que yo, como presidente vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar, porque yo, como presidente vuestro que soy...
Más promesas, más ensoñaciones, más ilusiones, cero realidad. Ahora además desmarcándose del fichaje de Djukic y pasándole el marrón a otro. Y no me malinterpretéis, sigo confiando en Amadeo Salvo, me parece un hombre competente, con las ideas claras, con visión de negocio y con unas ganas locas de sacar el club adelante. Pero también es esclavo de sus palabras, de su optimismo, y de la situación económica que atraviesa el club. Pero oiga, está ya la sabía usted cuándo se metió a presidente del Valencia CF.
Pero no todo son malas noticias, ayer se desvelaba en los medios que KPMG ya escucha ofertas por la compra del club y sitúa entre los mejores colocados a un grupo norteamericano -TPG CAPITAL- que adquiriría las parcelas del actual Mestalla y reactivaría las obras del nuevo estadio. Falta saber si “el tenen tot embastat” o de verdad van en serio. Y si de verdad van en serio, no descarto ver a Salvo, Rufete, Djukic, Españeta y la excavadora cantando aquello de:
“Americanos, vienen a España guapos y sanos,
Viva el tronío de ese gran pueblo con poderío,
Olé Virginia, y Michigan, Y viva Texas que no está mal,
Os recibimos, americanos con alegría,
¡Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tia!”
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