Portugal: Carlos Saleiro, el niño probeta
Su curioso origen le convierte en un futbolista singular
Hasta las investigaciones de los doctores Edwards y Patrick Steptoe, ginecólogos en el hospital Royal Oldham de Manchester, la fertilización in vitro era sólo un almacén futurista en el rincón más gélido de todo centro de salud. Una sala de experimentación con palabras tabú en un mundo que no comprendía las peripecias que se adentraban con precaución en el entorno del embarazo materno. Así, en 1975, estos avances permitieron la implantación del primer embrión humano dentro de la trompa de falopio de una mujer y aunque en el primer intento el embarazo no llegó a buen puerto, dos años después Louise Brown fue engendrada en el exterior de la matriz de su madre y dentro de un tubo de ensayo. Ella era el primer ‘bebé probeta’ del mundo. Ahora, una madre cartera en Bristol a sus 32 años.
Ese método es ahora un tratamiento rutinario en los hospitales que garantiza el 75 % de éxito en los pacientes que lo soliciten. Según Allan Templeton, médico especialista, la concepción de Louis “fue uno de los momentos más importantes para la ciencia de todo el siglo XX”. Desde entonces se estima que un millón de niños de todo el mundo han nacido mediante ese mismo sistema, que supuso una revolución esperanzadora para las parejas que no podían tener hijos de manera natural. Una de ella, la primera de Portugal, fue la familia Saleiro, que ahora disfruta de las andanzas de Carlos Saleiro, el ‘niño-probeta’ del fútbol mundial.
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El 25 de febrero de 1986 nació en Lisboa el primer bebé por inseminación artificial y, ya por entonces, la RTP entrevistó al padre de tamaño avance médico. Carlos, el padre, tremendamente aficionado al Sporting de Lisboa, apuntaba ya que su niño sería “un miembro del Deporte y un león 100%”, algo que ha cumplido a rajatabla hasta la fecha y que ahora le hace vibrar domingo tras domingo en los graderíos del José Alvalade. Allí, en aquellos asientos que visitaba quincenalmente para olvidar sus penas familiares y donde rogaba con goles de ‘su’ Sporting’ el nacimiento de un hijo para su familia y para la felicidad completa de su mujer. Nada menos que 23 años más tarde, el sueño se hizo realidad, aquella frase tomó forma completa y su bebé, ya crecidito, fue por entonces una de las pocas alegrías dentro de la decepcionante campaña del Sporting de Lisboa.
Salido de la mejor academia futbolística del país y compañero de generación de los Moutinho, Veloso o Djaló (o los vendidos Nani y Cristiano Ronaldo), Carlos Saleiro representa un éxito más de la cantera verdiblanca pero, sobre todo, de la sanidad mundial. Charles, como le conocen en su barrio lisboeta, siempre tuvo un objetivo que durante unos años, pudo cumplir con humildad: ser parte del primer equipo del Sporting y reunirse junto a aquél trío con el que ya ganó el Campeonato Juvenil de 2004/05 de la mano de Paulo Bento.
Pese a que sus cualidades son francamente admirables para el fútbol, pues tiene técnica, es rápido, define bien y tiene una corpulencia admirable, le ha costado muchísimo alcanzar la madurez en Lisboa. Tanto, que tras varias cesiones y solo dos campañas con los leoninos (donde marcó apenas 7 goles), la crisis institucional y la obligada reorganización anual a la que se ve sometido el equipo, le ha ido abriendo la puerta de salida. Ahora, es el delantero intocable del Académica, sigue siendo comparado con Nuno Gomes aunque su ídolo siempre será Pauleta. El ‘niño-probeta’ ha alcanzado su sueño, el próximo, mantenerse en la élite para intentar recuperar su prestigio en Lisboa.
