Valencia: ¿Impossible is nothing?
Bofetada de realidad al proyecto GloVal
El Valencia continúa sumido en una profunda crisis de resultados que ha provocado las dudas sobre la capacidad de Miroslav Djukic para dirigir al equipo. Analizamos la realidad valencianista con nuestro especialista en la materia Yeray Fita.
“Djukic no tira los penaltis”. Y menos mal, porque si tiramos de videoteca no creo que el serbio tenga muy buen recuerdo de los once metros, y si no, preguntarle a los aficionados del Depor. La desafortunada frase que cito forma parte de las declaraciones de Rafael Bonmatí -portavoz del Consejo de Administración del Valencia CF- después de aproximadamente cinco horas de reunión que acabaron en un “medianamente bien” como valoración general a la actuación del técnico al frente del equipo en lo que llevamos de temporada. Me queda la duda de si lo de “medianamente” se refiere a la situación que atraviesa el equipo de navegación por mitad de tabla o si simplemente no han visto los mismos partidos de fútbol -por llamarlo de alguna manera- que este año han disputado los blanquinegros. Sea como sea, el Consejo ha vuelto a ratificar por enésima vez a Djukic como entrenador y le ha marcado una serie de objetivos a corto plazo que cumplir si quiere comerse los turrones en Valencia, aunque esto último no lo hayan dicho, no vaya a ser que Salvo se enfade. El caso es que el Valencia debe llegar a Navidad con aspiraciones europeas en Liga, siendo primeros de grupo en la Europa League y pasando de ronda frente al Nástic en Copa del Rey, o lo que viene a ser lo mismo, manteniéndose vivo en las tres competiciones para que la afición siga teniendo motivos para ilusionarse y seguir escondiendo el cabreo que tienen encima.
Lo que tampoco se dignaron a decir es que el equipo sigue sin jugar a nada concreto. Vuelves de Mestalla con la sensación de haber visto a once tíos correr detrás del balón sin ningún orden, como en aquellos partidos que jugábamos en el colegio contra la clase de al lado y que normalmente ganaba el equipo que más patadas metía, y ni así, porque con el proyecto GloVal no podemos ni aferrarnos al juego sucio.
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Y es que sobre el papel todo quedaba precioso. Un entrenador nuevo con ganas de practicar un juego preciosista basado en la visión de juego de un Éver Banega ascendido a la condición de semidios, que tendría a su disposición la magia de mediapuntas como Canales o Viera para dar pases de gol de espuela y sin mirar al delantero estrella referencia –se hablaba de Fred, Osvaldo, Damião y Chicharito, que vuelve a sonar para invierno- que vendría para sustituir al incrédulo Soldado y que metería los goles a pares para deleite de un Mestalla completamente renovado, y por si fuera poco, sin pegar patadas, a lo GloVal. Hay que ser tonto para no ilusionarse con ese panorama. Tonto, o quizá realista.
El bofetón de realidad llega en el momento en que a Banega se le sube el brazalete de capitán a la cabeza y busca el lucimiento personal en cada acción individual olvidándose de repartir el juego, en el momento en que a la magia del mediapunta se le ve el truco y los defensas le roban el balón dejando al mago como un embustero sin argumentos, o cuando la economía del club te obliga a comprar un delantero cuyo nombre aparece en Wikipedia y de milagro. Si a todo esto le sumas la incredulidad de los jugadores delante del proyecto y la incapacidad de Djukic de transmitir su mensaje e implantar un sistema defensivo digno de Primera División, el resultado al que el aficionado asiste es al de un equipo que solo es capaz de plantar cara al rival cuando planta sus bemoles en el verde, y justamente de esos no anda sobrado la plantilla.
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¿Y qué mensaje nos intentan transmitir ahora? Que es una temporada de transición en la que ir moldeando el proyecto del serbio. Perdone usted, a mí me dijeron que el Valencia de Djukic iba a pelear por todo los títulos, porque era inadmisible que el equipo quedará a treinta puntos de Madrid o Barça. Lo primero que debería de hacer el Consejo, el presidente o el mismísimo Djukic es pedir perdón por vender un mensaje incorrecto, inadecuado y falaz. Después de pedir perdón, deberían de explicar el proyecto real, con todos sus condicionantes, a la afición, decir la verdad al pilar principal del club, que es la gente que lo apoya domingo a domingo en Mestalla. Y por último ser fiel a ese proyecto. No me vale que día sí y día también andes cambiando la alineación y buscando “la tecla” con la que el equipo empiece a ganar partidos por arte de birlibirloque. Las victorias llegan puliendo tu sistema, corrigiendo errores y con un trabajo constante con la implicación de los jugadores. Todo lo demás son experimentos en busca del milagro, y resulta que esto es Valencia, y no Fátima.
Aunque precisamente esta temporada en Valencia hemos visto a Piatti marcar un doblete en Europa o a Barragán comerse la banda como si se tratara de la mismísima reencarnación blanca de Cafú. Pero claro, eso de “Impossible is nothing” últimamente ha calado muy hondo. Falta que sepamos diferenciar el puro marketing, de la cruda realidad.
