El cuento de la lechera del Valencia

Los resultados deportivos ponen en peligro el proyecto de Salvo

Analizamos los primeros meses de gestión de Amadeo Salvo al frente de un Valencia que heredó a Manuel Llorente y trazamos las opciones para el futuro con este artículo de nuestro especialista ché.

¿Alguna vez habéis pensado en el “cuento de la Lechera” como una estrategia de marketing? Me explico. Imaginad a esa lechera portando su cántaro de leche en la cabeza “que va diciendo a todo el que advierte, ¡yo si estoy contenta con mi suerte!”, y que no solo le dice eso, sino que además le cuenta al gentío que se encuentra, que con el dinero que sacará por tal cántaro de leche, se comprará un canasto de huevos para conseguir pollos, pollos que venderá para comprar un cochino, cochino que engordará para cambiar por una vaca y un ternero, que le darán todos los cántaros de leche que desee.

Yo le compro el cántaro antes de que llegue al mercado. ¿Quién dejaría pasar una oportunidad así?

La cuestión es que Manuel Llorente le entregó de mala gana a Salvo un cántaro de leche lleno de grietas, con el lácteo de calidad saliendo a borbotones destino a otras centrales lecheras de más prestigio, de una marca en decadencia y que en el último año no había sido capaz de pasar los controles de calidad mínimos que exige el máximo organismo europeo. Supongo que a estas alturas de la historia ya sabréis que las grietas no eran del barro, sino económicas, que el lácteo de calidad saliendo a borbotones representa las ventas bochornosas y la fuga del talento que daba algo de sabor al equipo, que la marca en decadencia no significa otra cosa que la pérdida de identidad del Valencia tanto en España como en Europa y que los controles de calidad europeos representan los cuatro primeros puestos ligueros que daban acceso a la Champions League.

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Pero Salvo, lejos de ponerle pegas a su adquisición, miro el lado positivo y se puso a urdir un plan de ruta que volviera a adecentar el cántaro. Lo primero que intentó fue volver a poner en valor la marca Valencia CF, pasear por Estados Unidos en pretemporada los colores blanquinegros y entablar relaciones comerciales que dieran vida a las arcas del club. También intentó detener la sangría de talento de la que tanto adolecía el equipo, pero la fuga era tan sumamente grande que decidió colocar una jarrita de cristal de bohemia donde derramar la leche que no quería seguir en tal maltrecha vasija, colocarle un lacito con la senyera, y venderla al mejor postor –pero al mejor de verdad, y no al amiguete de turno- cómo lo fue el Tottenham. Además nos presentó a Djukic montado en una excavadora prometiéndonos que el equipo se dejaría la piel en el campo, que no nos podían prometer títulos, pero que pondrían todo su esfuerzo y amor por la entidad para que los aficionados que bebíamos de su leche nos sintiéramos orgullosos. Y por si fuera poco todo esto, le dio un baño de pintura al recipiente y lo dejó de exposición, para hacerle fotos vaya.

Quizá me esté excediendo en el uso de la metáfora, pero siempre he pensado que los grandes problemas se disimulan o asimilan mejor bajo una capa de fantasía. Y la única realidad que vive ahora mismo el Valencia es la de una asfixiante deuda que ahoga a todos y cada uno de sus estamentos y que solo presenta una única vía de escape: la venta del club. Es una verdad dolorosa que a mí personalmente me provoca un miedo tremendo, va en nuestra condición humana, siempre tememos a lo desconocido porque no sabemos lo que va a pasar. Cierto es que equipos como el PSG, el Chelsea o el Manchester City ya pasaron por estos tiempos de incertidumbre que ahora se instalan en Valencia, y que ahora mismo, el único quebradero de cabeza que tienen sus aficionados es si el fichaje millonario de este verano rendirá como todos esperan. Pero también hemos sido testigos de cómo un jeque multimillonario se compraba el Málaga para afincarse en la Costa del Sol y montar sus negocios turísticos para luego dejar tirado el club en una situación más que precaria, peor de lo que estaba antes de la venta.

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Y esta verdad dolorosa os la está contando un aficionado de a pie, que sabe lo justo de números –y sumando con los dedos- y que tiene una información mucho más limitada que la que pueden tener los altos cargos del club. Y mi pregunta ahora es ¿y si Salvo sabe de sobra -aunque lo niegue- que la venta del club es necesaria, y adecenta el cántaro con la única meta de llevar a cabo un preciso plan de marketing para terminar vendiéndolo? Yo no os puedo facilitar la respuesta, no estoy en la mente de Salvo, pero si os puedo decir que las piezas encajan, salvo por una pequeña obviedad, si la pelotita no entra en la red, todo el plan de remodelación y mercadotecnia del cántaro se va a la basura, y viendo los resultados en Liga, Salvo se puede encontrar con que el cántaro caiga, y “adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero”. Porque aunque el fútbol moderno ya no sea el de antaño, y otros factores estén ganando terreno, el deportivo sigue siendo el más importante y el que marca el porvenir. Así que Amadeo, si quizá quieres vender, “no anheles impaciente el bien futuro, mira que ni el presente está seguro”.

EL DEBATE: ¿PODRÁ SALVO SOLUCIONAR LOS PROBLEMAS INSTITUCIONALES DEL VALENCIA?

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