Valencia: ¿Por qué despertó el gigante?

Los jugadores reaccionaron impulsados por egoísmo

El Valencia ha despertado con una victoria ante el Sevilla después de tocar fondo ante el Swansea y en Fútbol Primera analizamos las claves de la reacción del equipo entrenado por Miroslav Djukic, quien escapó de la destitución.

Qué bonito es el fútbol. El jueves, después del esperpento ante el Swansea en Europa League, todos dábamos por hecho que el Sevilla iba a pasar por encima del Valencia y que la cabeza de Miroslav Djukic acabaría por los aires, siendo el segundo técnico destituido en la Liga BBVA. Incluso los más forofos del lugar bajaban la cabeza en señal de derrota y admitían que el equipo no jugaba a nada, aunque no se terminaban de explicar el motivo. No se sabía si los jugadores habían sido capaces de tramar una conspiración maquiavélica para deshacerse del entrenador, si el sistema planteado era tan sumamente nefasto que no daba lugar a una imagen decente dentro del campo, o si directamente había una falta total de entendimiento entre plantel y cuerpo técnico.

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La única realidad era que ayer Djukic desenfundaba su última bala. Y vaya que si dio en la diana. El Valencia mostró la actitud, las ganas, y el pundonor que tanto pedía Mestalla, salió desde el primer minuto a comerse el césped –tres ocasiones claras en los tres primeros minutos dan buena fe de ello- y consiguieron en gran parte del primer tiempo encerrar a los sevillanos en su propio campo. La presión asfixiante que ejercían los jugadores de arriba y el trabajo del doble pivote fueron excelentes y arrancaron los aplausos de Mestalla que tanto necesitaban. Al finalizar el partido, el 3-1 campeaba en el marcador y la satisfacción rodeaba el templo valencianista.

Ahora la pregunta estaba clara, ¿por qué esta vez sí habían jugado? Creo que se pueden dar dos respuestas a esta pregunta en forma de versión positiva y negativa. La solución más colorista la encontramos en forma de mensaje motivador. Me explico. Las horas previas al partido, y el día anterior, se dieron a cabo varias reuniones entre Amadeo Salvo y Djukic, así como entre el técnico y los jugadores. El presidente ratificó al serbio en el cargo y le transmitió su entera confianza en el proyecto, y le aseguró que se diera el resultado que se diera ayer en Mestalla, el puesto de entrenador seguiría siendo suyo. Además, y por si fuera poco, también extendió su confianza a la plantilla, que se vio respaldada por su presidente y confiada de por fin comunicarle al serbio, los problemas que estaban teniendo con el sistema táctico propuesto. Una falta de diálogo y motivación que por fin, y tras varias jornadas de pesadilla, se vio resuelta. Esta comunión y entendimiento dieron sus frutos en forma de cambio de imagen radical, y en victoria.

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Y ahora si os parece, nos adentramos en la respuesta más oscura. Después del ridículo ante el Swansea, la mayor parte de la grada señaló a los jugadores como grandes culpables de la mala imagen del equipo sobre el terreno de juego. Exculpaban a Djukic y centraban su foco en la plantilla. El grueso del plantel empezaba a ser consciente de que –en caso de que hubieran querido echar al entrenador- aunque destituyeran al serbio, la mirada del público iba a seguir sobre ellos. Si a todo esto unimos la palabra de Salvo ratificando al técnico en el puesto, ya tenemos todos los ingredientes para que el vestuario sufriera una repentina comunión. ¿Por qué? Por puro egoísmo. En cuánto vieron que no podían eludir la culpa y que su supuesto plan no les iba a servir para quitarse la presión, se vieron obligados a entenderse –ya ves tú, que trabajazo- con el cuerpo técnico después de varias semanas en silencio. Con el sistema técnico claro después de charrar durante una hora con Djuka y la necesidad de brindar una victoria merecida a Mestalla que calmara los ánimos, la imagen cambió radicalmente y se consiguió el objetivo.

Cualquiera de las dos versiones nos sirven para explicar el repentino cambio de actitud de la plantilla valencianista, tan sólo se diferencian en el trasfondo. Unos pensarán que los jugadores estaban perdidos, desorientados y confusos ante un cuerpo técnico con el que no lograban entenderse y un mensaje difuso que nos les llegaba al corazón, y otros se inclinarán por el estereotipo de niñatos ricos sin preocupaciones, que sólo se mueven cuando de verdad les interesa.

Sea como sea, el Valencia cuajó un gran partido –salvo algún fallo defensivo resuelto a base de esa recuperada intensidad-, mostró una cara totalmente renovada y recordó a aquellos partidos de pretemporada contra Inter o Everton que tanto ilusionaron. Pases rápidos, sencillos, juego directo, sin pérdidas de balón, controlando el encuentro y con presión constante. Por fin pudimos ver el Valencia CF que quería Djukic, al que además ratificó Amadeo Salvo para el resto de temporada. Así que el serbio seguirá siendo el técnico del conjunto ché, muy a pesar de algunos -o no-, pero eso ya se lo dejo a su juicio.

EL DEBATE: ¿LA VICTORIA ANTE EL SEVILLA ES UN PUNTO DE INFLEXIÓN PARA EL VALENCIA?

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