Gérson da Silva, la estrella del Sub20 que murió de Sida

Fue Balón de Plata en 1985

Gérson da Silva fue uno de los grandes triunfadores del mundial Sub20, un nombre no especialmente conocido en Europa, pero su historia y las circunstancias de su repentina muerte conmocionaron al fútbol brasileño. Recordamos la historia de Gérson, el balón de plata que no pudo vencer al Sida.

En 1985, las selecciones de Brasil y España jugaron la final del campeonato del mundo sub 20 en el estadio olímpico de Moscú. El título fue para la “Canarinha”, aunque los Fernando Gómez, Nayim o Juan Carlos Unzué, miembros del atrevido equipo entrenado por Chus Pereda, volvieron con la cabeza muy alta tras haber llevado a la selección donde nunca antes había llegado. En las filas del equipo campeón destacaban varios jugadores que más tarde triunfarían, algunos como Taffarel o Muller incluso levantaron la Copa del Mundo absoluta unos años más tarde.

Gérson da Silva, balón de plata juvenil en 1985, no vivió lo suficiente como para disfrutar el tetracampeonato. A inicio de los años noventa, el virus del Sida era visto como una de las grandes amenazas a las que el ser humano debía enfrentarse. El deporte quedó marcado por el sello del pánico cuando varios deportistas reconocieron ser portadores del VIH. El anuncio de Magic Johnson y el testimonio años más tarde del excampeón olímpico de salto de trampolin Greg Louganis, fue una evidencia de que nadie, ni el más reputado de los ídolos universales, estaba a salvo de los tentáculos de la enfermedad.

La historia de Gérson da Silva no está adornada de titulares ni fundaciones que apoyan su caso. Su historia no es la del personaje emblema que logra superar el mayor obstáculo de la vida gracias al apoyo de sus conciudadanos. Su historia terminó en el quinto mes del año 1994; el perverso y cruel mes de mayo en el que también perdió la vida Ayrton Senna... el mes negro del deporte brasileño. La familia de Gérson nunca reconoció que el jugador tenía la enfermedad, y tal vez por ello la resonancia mediática del caso fue menor.

Gérson nació en Santos, un municipio cercano a Sao Paulo en 1965. Era nieto-sobrino de Oswaldo da Silva, más conocido como Baltazar “cabecinha de oro”, miembro de la selección brasileña en los mundiales de 1950 y 1954. Gérson da Silva comenzó destacando en el Santos, equipo con el que se proclamó máximo goleador en la Copa Sao Paulo Junior de 1984. Tuvo pocas oportunidades debido a la gran competitividad que había en el equipo, un hecho que le obligó a ser cedido al Guaraní. Sin embargo, el Mundial Sub 20 de 1985 disputado en la Unión Soviética haría que su nombre comenzara a ser tomado en cuenta con mayor asiduidad. Se llevó el título y fue condecorado con el balón de plata de la competición, sólo superado por su compatriota Paulo Silas. Gérson tuvo actuaciones magníficas, como el día en el que tres goles suyos sirvieron para que Brasil se impusiera a Colombia 6-0 en los cuartos de final.

Pero tras el campeonato las cosas no fueron fáciles para él y tuvo que buscar un lugar en un club que no militaba en primera división. Gérson dominaba bien el juego y era hábil con las dos piernas, pero el ímpetu juvenil le perjudicaba en ocasiones. Fichó por el Paulista Futebol Clube, donde se convirtió en la gran sensación para unos aficionados que llenaban el estadio para verle; todos recordaban al magnífico futbolista que había deslumbrado en el mundial Sub 20 poco tiempo atrás.

Gracias a sus goles consigue que su nombre vuelva a aparecer en la agenda de equipos importantes, y es en 1988 cuando Atlético Mineiro se hace con sus servicios. Allí coincide con grandes nombres del fútbol brasileño como Éder Assis, el histórico integrante del equipo de Tele Santana en España 82. Gérson consigue jugar con la selección absoluta en 1989; a un año del mundial de Italia le llega su gran oportunidad.

Brasil había sido invitada al Torneo de Dinamarca, y Sebastiao Lazaroni no dudó en convocar a Gérson ante la ausencia de algunos habituales. Pese a todo, el cartel de jugadores es de gran nivel, y los Branco, Silas, Careca, Valdo, Paulo Roberto o el mismo Gérson, lucharán por crear una grata impresión que les ayude a ser convocados en el futuro. Los resultados son muy malos, e incluso se produce una humillante derrota 4-0 ante Dinamarca. Gérson no juega el mundial de Italia 90.

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En Septiembre de 1991 da otro paso en su carrera, ficha por Internacional de Porto Alegre, el que será el último club de su vida. En su nuevo equipo conquista varios títulos y se convierte en un hombre importante, aunque también debe hacer frente a la inestabilidad y los cambios de entrenador; nada extraño en la vida de un joven futbolista de 26 años.

Pero el 30 de Marzo de 1992 algo cambia. Todos los jugadores de Internacional pasan por un análisis rutinario, solo un exámen debe repetirse. Es el informe de Gérson. La muestra es enviada a París, y tras el revuelo general la bomba es filtrada a la prensa.

Brasil se muestra conmocionada al mismo tiempo que censura la falta de ética de quien anuncia la noticia sin el consentimiento de Gérson; el jugador niega que padezca la enfermedad, y desde el club se admite días después que Gérson está enfermo, pero que tan solo sufre paperas. Múltiples artículos inundan los diarios tranquilizando a la población y explicando que nadie puede contagiarse tan solo por compartir vestuario o jugar al fútbol con el afectado. No obstante, el médico de la selección ordena analizar uno por uno a sus jugadores.

A Brasil llegan las noticias que hablan de Magic Johnson y su posible presencia en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 a pesar de ser seropositivo, algo que anima a los técnicos de Internacional. Gérson vuelve a los terrenos de juego, y aunque nadie termina de confirmar que padece la enfermedad, su participación se convierte en un acontecimiento ya que el estadio le aclama valorando su vuelta. Sus compañeros le habían dedicado victorias en su ausencia y se habían revelado frente a la actitud de algunos rivales, incómodos con su futura participación.

Pese a los rumores, Gérson realiza una vuelta triunfal y es parte importante del equipo que conquista frente a Fluminense la Copa de Brasil. Sus goles y arrancadas consiguen levantar a un estadio que ha olvidado por completo que el futbolista es portador de los anticuerpos del Sida. Pero el entorno del jugador conocía que Gérson pasaba por un momento anímicamente bajo, cercano a la depresión. Por eso su actuación durante la temporada fue considerada por muchos como una de las mayores hazañas conseguidas por un jugador brasileño en la historia, y una lección de fortaleza ante las circunstancias.

Tras la euforia llegan las penas. Internacional cae muy pronto en la Copa Libertadores, una eliminación que es vista como un gran fracaso. Gérson debe asumir las críticas debido a su repentino bajo rendimiento. El club comienza a buscarle un destino ya que el futbolista no aguanta la dureza de los entrenamientos. Tras su muerte se ha sabido que en aquella época el jugador ya se administraba AZT, uno de los medicamentos que retardan la extensión del VIH.

En Abril de 1994 Gérson es ingresado en un hospital aquejado de Toxoplasmosis. La familia debe hacer frente a los gastos médicos, en un tiempo en el que su esposa Andreia espera su tercer hijo. La cesárea de nacimiento se programa para el 17 del quinto mes del año, pero una noticia provoca que sea pospuesta, Gérson da Silva muere el 17 de mayo de 1994, el mismo día.

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La selección brasileña gana su cuarto Campeonato del Mundo justo dos meses después en Estados Unidos. Alguno de los hombres que recuerda a Senna sobre el césped del Rose Bowl de Pasadena había vivido junto a Gérson aquella final del mundial Sub20 de 1985 ante España. A día de hoy parte de la familia no ha reconocido que el jugador era portador del virus del Sida, y por tanto las circunstancias de su muerte siguen navegando en un océano de incógnitas. Los informes médicos y las revelaciones de los testigos apoyan casi con certeza que la muerte sí se produjo debido a la enfermedad. En cualquier caso la huella de Gérson permanecerá ligada al fútbol, a la selección brasileña y al mundial juvenil, el campeonato de las ilusiones que nunca mueren...

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