50 años de la mayor derrota de España en casa

Escocia le ganó 2-6 en Madrid

Se cumplen 50 años de la mayor derrota en casa de la historia de la selección española, fue un 2-6 ante Escocia en el estadio Santiago Bernabeu de Madrid. El desastre cambió el rumbo de un equipo que un año más tarde conquitó su primera Eurocopa.

Dos ligas, una Copa Intercontinental, una Copa de Europa, dos Recopas y una Copa de Ferias era el imponente palmarés que presentaban los jugadores que saltaron a Chamartín el 13 de Junio de 1963 para sufrir uno de los mayores ridículos de la historia de la selección. "España ganó en lanzamientos a la madera pero fue superada en goles", "doloroso impacto"... o como escribió Bernardo Salazar en "La selección a través de sus crónicas": la actuación pésima del guardameta Vicente y el central Mingorace originaron la derrota más abultada de la selección en nuestro suelo.

El bochorno provocado por los representantes del aspa blanca de San Andrés en la capital de España tuvo consecuencias inmediatas y fue un serio aviso para el equipo de Villalonga, que sin embargo celebraría sólo un año después el mayor triunfo de su historia sobre el mismo césped en el que había sido superado por Escocia. Los británicos llegaron a Madrid casi de turismo. Impactados por las fuertes temperaturas que se encontraron, realizaron una sesión de aclimatación en el lugar del encuentro, terminando deshidratados y semidesnudos debido al calor; nadie sabía que en pocas horas harían historia.

Les entrenaba John Miller "Ian" McCol, un exjugador del Rangers que dirigiría más tarde al Sunderland inglés y que se retiraría de los banquillos con sólo 41 años. Pero si un jugador de aquella selección estaba destinado a marcar época no era otro que el joven Denis Law. Recién llegado al Manchester United de Matt Busby un año antes, Law formaría parte de la santísima trinidad del club de Old Trafford, y aquella noche de junio de 1963 jugó con el 10 a la espalda para firmar una de las actuaciones más recordadas por los Tartan Army. Wilson y Henderson le acompañaron jugando de extremos, mientras que los otros miembros de la linea de ataque eran Gibson y el jugador del Liverpool Ian St. John.

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España por su parte llegaba al encuentro con pocas expectativas de futuro, pero la derrota sufrida actuó como antídoto para un equipo que parecía muerto. Dos semanas antes de la ecatombe se había disputado el partido de ida de los octavos de final de la segunda Eurocopa de naciones ante Irlanda del Norte. Si en la primera edición España se había marchado tras renunciar a jugar frente a la Unión Soviética, las cosas no pintaban bien en el retorno. Tras eliminar a la débil Rumanía, los de Villalonga no pudieron superar al Úlster en Bilbao (éste fue el último encuentro oficial de la selección española que se jugaría en ese estadio por cierto).

España no jugó bien y dejó que los irlandeses salieran con vida tras empatar 1-1. Meses más tarde, los Pereda, del Sol o Suárez, levantarían la eliminatoria ganando en Windsor Park con un gol de Gento. De ahí se pasó a cuartos, donde se jugó ante la otra Irlanda y más tarde llegó el éxito... victorias frente a dos rivales del otro lado del telón de acero, Hungría y la URSS, permitirían a Olivella terminar levantando la primera Eurocopa para España en 1964.

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Pero volvemos a aquel fatídico partido del que hoy se cumplen 50 años. España salió con tres jugadores del Atlético, dos del Madrid, dos del Zaragoza, uno del Athletic, Valencia y Deportivo... y uno del Córdoba, el desafortunado José Mingorace Chimeno, que nunca volvería a vestir la camiseta de la selección y que fue sustituido a los 34 minutos ¡en el día de su debut!

Y es que cuando se fue del campo España ya perdía 1-4 frente a Escocia. La afición culpaba a los directivos del fútbol español de su poca implicación con el equipo; habían perdido la fe. Su desidia estaba provocando la que sería (y sigue siendo) mayor derrota en toda la historia de España delante de sus propios seguidores. Sólo fueron 30.000, pero con el espectáculo presenciado se ganaron la penitencia eterna.

La prensa coronó a Law como una estrella británica a la antigua usanza, un fenómeno capaz de dirigir con maestría a su equipo, y por supuesto, no tuvo reparos en condenar a los jugadores ibéricos con la más absoluta de las críticas: la indiferencia. Pero a pesar del ridículo, los jugadores no recibieron el castigo que podríamos pensar que merecería aquel 2-6, sino que fueron los responsables federativos y técnicos los que más sufrieron aquella derrota. Como único detalle positivo de aquel encuentro hay que señalar el debut del jugador del Zaragoza Carlos Lapetra, que sería uno de los integrantes del mágico equipo que, gol de Marcelino mediante, se proclamaría campeón de Europa un año después.

Hoy se cumplen 50 años de una de las derrotas más duras en toda la historia de la selección española, el 2-6 que provocó el cambio de mentalidad y la revolución en un conjunto acomodado. Ahora que afortunadamente la selección navega de triunfo en triunfo, no viene de más recordar aquellas noches que marcaron el camino. En 1963 los vecinos del Monstruo del Lago Ness llegaron a Madrid para sembrar el pánico en el Santiago Bernabeu.

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