El fútbol de San Patricio

La repasamos la intensa historia de la selección de la República de Irlanda en su día grande, el día de San Patricio

Dos partidos destacan en la memoria del aficionado irlandés. Su selección hizo historia a finales de los ochenta y principios de los noventa, y lo hizo guiada por la sabiduría de un exinternacional por Inglaterra, la jirafa Jack Charlton. Y es que esos dos encuentros a los que nos referimos, uno frente a Inglaterra en 1988 y el otro ante Italia en el mundial de 1994, ilustran a la perfección el poder de aquel equipo; dos partidos que tuvieron un mismo protagonista, Ray Houghton. Futbolista nacido en Escocia en 1962, jugaría 73 partidos con la camiseta verde de la República de Irlanda gracias al origen de su padre. Desde 1988 a 1994 los seguidores de San Patricio vivieron un sueño gracias a su selección. "Nuestro secreto es hacer jugar mal al contrario", manifestó el futbolista del Celtic Chis Morris en 1990. Cuando un equipo adopta ese sistema como base de su estilo, ciertamente tendrá muy difícil triunfar... pero si ese equipo cuenta con jugadores tan comprometidos con la causa como Paul McGrath, Kevin Moran o Ray Houghton, la percepción cambia y lo que parecía una fantasía utópica puede transformarse en una bella realidad de éxito.

Comenzamos por el principio, el momento en el que Irlanda se ganó el elogio de la crítica y el respeto de sus rivales. Fue en la Eurocopa de Alemania 1988 cuando los irlandeses se presentaron por primera vez en la fase final de un gran campeonato; un proyecto de ilusión que se consolidaría a partir del primer encuentro. En la última década había sido habitual la presencia de selecciones como Escocia o Irlanda del Norte en los grandes torneos. El conjunto que representaba a los seis condados del norte llegó a firmar una gran actuación en la Copa del Mundo de 1982 a pesar de no contar en sus filas con George Best, el mejor jugador nacido en la isla en toda la historia. Pero a pesar de estas credenciales nadie podía imaginar que la debutante vecina del sur pudiera dar guerra a sus rivales en la Euro; era la hermana futbolística pobre, y más aún cuando el sorteo le deparó un rival de campanillas para el primer encuentro del campeonato, Inglaterra.

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Desde que en 1953 la FIFA decidió establecer la línea divisoria entre las dos Irlandas, el representante de la FAI (siglas de la Fottball Association of Ireland) nunca pudo vencer en un partido a la gran enemiga histórica, la poderosa "England". Aquella barrera se rompió en Stuttgart el 12 de Junio de 1988, justo 25 años antes de que Irlanda se mida a España en el estadio de los Yankees de Nueva York. Un gol de Houghton en el minuto 6 bastó para que aquella tarde quedara señalada en la historia del fútbol irlandés. Los Shilton, Adams, Bryan Robson o Gary Lineker, veían como su honor era mancillado, y por si fuera poco la derrota se producía ante un equipo dirigido por una vieja gloria, el hermano del gran Bobby Charlton.

La marea verde se ganó el cariño de todo el fútbol europeo, y aunque no podrían clasificarse para semifinales al ser superados por Holanda (la selección que se llevaría el trofeo), volvieron a su país como héroes y con un sólo objetivo: mejorar su rendimiento en el futuro y profundizar en su estilo, el que les había llevado a derrotar a Inglaterra y que les convertiría pronto en un conjunto legendario.Ya en la fase de clasificación para Italia 90 vencieron a la España de Luis Suárez gracias a un autogol de Michel.

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Eire llegó a Italia con el cartel de joven debutante, y en tierras transalpinas sería protagonista de una encomiable trayectoria. Los de Charlton llegaron a cuartos de final sin ganar ningún partido, un verdadero milagro producido únicamente por la rigidez del sistema y el trabajo técnico de un equipo que encomendaba su suerte a la fortaleza defensiva y al acierto de su portero, el mítico Pat Bonner. Las imágenes de la tanda de penaltis en los octavos ante Rumanía demuestran que los O'Leary, Cascarino o Townsend, no sentían la presión como otros equipos. Sabían que habían llegado más lejos de lo que nunca hubieran soñado, y que el expediente presentado hasta ese momento (cuatro empates y sólo dos goles a favor) escocía de forma evidente a sus rivales, pero para Irlanda bastaba y era efectivo. Ganaron... lo que les permitió jugarse un puesto en las semifinales ante Italia en la ronda de los ocho mejores.

La Azzurra temía a Irlanda. Sabía que una defensa rígida no bastaría para superar a un equipo que físicamente era incluso mejor que ellos. Había que explotar el talento de Baggio y si era necesario, encomendarse al acierto del delantero de la Juventus Salvatore Schillaci. Y sólo de esa forma, con "Toto" convertido en el Paolo Rossi de los noventa para los Tifosi, pudo vencer Italia. Los irlandeses volvían de nuevo a casa, pero Jackie Charlton no olvidaría ese partido que frenó el impulso de su equipo; quería "vendetta".

En la fase de clasificación para el mundial de 1994, Irlanda tuvo que jugársela en un duro grupo en el que también estaban España y Dinamarca (la campeona de Europa). El bloque seguía siendo el mismo que había triunfando en los dos campeonatos anteriores, pero a la experiencia de los veteranos se habían añadido algunas jóvenes promesas que después comentaremos. Pese a la dura derrota en Lansdowne Road frente a la España de Salinas y el mariscal Miguel Ángel Nadal, Irlanda consiguió la clasificación para el mundial en la última jornada empatando in-extremis en Belfast.

Y llegó el gran día, el debut en el mundial frente a Italia en el Giants Stadium de New Jersey. El Italia-Eire era el encuentro más esperado en los Estados Unidos, casi más que los partidos de la selección local. El motivo no era otro que la gran colonia de irlandeses e italianos que poblaban la zona. El ambiente que presentaba el estadio era espectacular, con una intensidad en las gradas que no hacía presumir que el encuentro se jugaba en la tierra del Soccer.

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Italia era una de las grandes favoritas para hacerse con la Copa al inicio del campeonato. Llegaban con Roberto Baggio, con la base de jugadores del Milan que había destrozado al Barcelona en la final de la Copa de Europa pocos días antes, y sobre todo con el poderoso Arrigo Sacchi en el banquillo. Pero Irlanda estaba dispuesta a hacer que los italianos sudasen tinta para llegar a los octavos de final. Charlton presentó un equipo muy hermético, con poca intención de jugar el balón en el centro del campo y con las marcas muy claras. El éxito irlandés pasaba por no fallar en defensa y lograr salir muy rápido en ataque. Si el gol tardaba o no llegaba ninguna oportunidad, no se caería en la desesperación; el empate a cero era bueno obviamente.

Jugaron Irwin y Phelan por los laterales, con McGrath y Babb en el eje de la defensa. Italia encontró muchos problemas para llegar al área rival ya que los "Irish" estuvieron sensacionales en el corte. No perdían la posición pero tampoco querían la pelota. Fue en una acción rechazada por la defensa Azzurra cuando Roy Houghton se hizo con un balón peligroso. Ganó la posición y disparó, no demasiado fuerte. En principio parecía una pelota fácil para el portero de Italia Pagliuca, pero el balón trazó una espectacular parábola que le sorprendió.

El gol hizo estallar al estadio, Irlanda tomaba ventaja. A partir de ese momento llegaron las prisas para Italia y la inseguridad de verse por debajo en el marcador, aunque ciertamente comenzar mal un campeonato no era algo nuevo para ellos. Los marcajes irlandeses se intensificaron, aunque en ningún momento se hizo uso de la violencia extrema. Eire abusó de la pelota larga y creó pocas ocasiones hasta el pitido final, pero jugó con inteligencia, forzando las virtudes que le habían convertido en un equipo grande en los últimos tiempos. Con el pitido final de Mario van der Ende llegó el éxtasis de los aficionados. Nueva York y las zonas colindantes se tiñeron de verde tras una victoria que todavía se recuerda en Dublín. Para Italia comenzaría un camino duro que estuvo muy cerca de tocar a su fin en el segundo encuentro frente a Noruega. La expulsión de Pagliuca que obligó a abandonar el campo a Roberto Baggio estuvo muy cerca de mandar a Italia para casa... pero a veinte minutos del final apareció la flor característica de este equipo.

Irlanda terminaría clasificandose en aquel grupo de la muerte de los cuatro puntos (los cuatro equipos los sumaron), y en octavos un error de Bonner y el poderío ofensivo de la Holanda de Bergkamp le enviaría de nuevo a la isla. Han cambiado los tiempos, y la Irlanda actual vive de las ideas de otro viejo zorro de los banquillos, transalpino paradójicamente, Giovanni Trapattoni. Esa Irlanda se enfrentará la próxima madrugada a España con la esperanza de no recibir un castigo como el sufrido en la última Eurocopa de naciones. El 18 de Junio se cumplirán 19 años del partido ante Italia, una de las victorias más épicas de la historia de Irlanda y el día en el que Estados Unidos fue más verde que nunca...

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