Caruso Lombardi, el temible espejo argentino

Ha protagonizado numerosas polémicas como entrenador

Ricardo Caruso Lombardi, entrenador de Argentinos Juniors, se ha convertido en un habitual de los periódicos como consecuencia de las constantes polémicas que protagoniza. Repasamos los 'ataques de ira' de este explosivo entrenador argentino.

Tienen más pasión que ninguno. Tienen más capacidad lenguaraz que la mayoría. Y desde luego, tienen más facilidad expresiva que cualquier otro ciudadano mundial. El planeta fútbol se paraliza cuando Argentina abre la boca. Lo hace cuando Di Stéfano intenta hacernos sonreír con alguna pillería de antaño, cuando Valdano maximiza su estereotipo de filósofo de pelota de cuero o cuando Maradona ejerce de Dios en la sombra para hacernos ‘chupar’ su interminable lista de groserías animadas. Todos ellos alumbran, explotan o exaltan a diferentes sectores sociales no sólo en su país, sino lejos de él, donde acumulan seguidores con a misma facilidad que enamoraban con sus gambetas. Pero lo que ninguno de ellos logró, es convertirse en la identidad real de lo que es, de lo que representa, de lo que significa el fútbol argentino. Para eso, el pueblo y sus personajes más verborrágicos, crearon su propia figura, la del inigualable Ricardo Caruso Lombardi.

El entrenador argentino, capaz de sacar de apuros clasificatorios a varios de los clubes más modestos y humildes durante los últimos años, podría haber recabado argumentos futbolísticos interesantes para ver crecer la aureola de su estilo. Es caracterial, poderoso en el cara a cara, impaciente en sus pretensiones y un especialista psicológico para aquellos que sacan oro y quilates de la garra como premisa determinante para mantenerse en la élite nacional. Podría haber sacado réditos de sus 17 diferentes proyectos como entrenador en el fútbol argentino, pero lejos de explotar su imagen de ‘bombero salvador’ ante urgencias clasificatorias, prefirió convertirse en otro tipo de personaje, mucho más aliado de la farándula y los excesos públicos. Un excelso historias de declaraciones, cruces, agresiones y difamaciones a diferentes profesionales de un fútbol que su figura representa con peligrosa fidelidad.

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Caruso Lombardi, actualmente técnico de un Argentinos Juniors que roza el descenso de categoría de cara a la siguiente temporada (viene de perder cinco partidos seguidos), se convirtió en estrella de exportación mundial tras diferentes problemas con jugadores. En plena lucha por sacarse de encima esa presión, volvió a su senda propagandística esta semana. "Se la pasó más tiempo en el consultorio, que se calle la boca. Es un terrible cagón y un pendejo insolente. Este pendejo no me va a ensuciar. No voy a permitir que este mocoso insolente venga hablar de mí. Se pone a llorar por televisión para que le tengan lástima. A mí me chupa un huevo lo que diga, que se dedique a lo suyo que es el restaurante y que se deje de chorear. Mientras yo estuve vino a pasear. Se la pasó todo el tiempo en el consultorio médico, así que no hable más y se calle la boca". Todo, absolutamente todo, en un espectacular plano televisivo que atravesó las cadenas de medio mundo y que, desgraciadamente para quienes amamos el fútbol albiceleste, volvió a causar más revuelo que las figuras inexistentes de su país.

Esas declaraciones ‘top’ para todo buen sensacionalista, iban dirigidas sin tapujos al que hasta días atrás, había sido uno de sus jugadores. Diego Placente, ex internacional argentino con diferente paso por clubes europeos y uno de los más importantes a nivel de experiencia en su vestuario, fue despedido y expulsado del club hace poco. Y en esa falta de criterio para aceptar el destino, uno se alió al periodismo como moneda de alivio a sus penurias mientras que el DT, sabedor de su incontestable dominio del plano corto, tenía a sus pies y en bandeja, un nuevo momento de gloria. Por ello, mientras el ex de Celta o River Plate era entrevistado por, Lombardi recibió el aviso y ofreció una improvisada pero absolutamente desaforada rueda de prensa en directo. Suficientes argumentos para colocar esos minutos entre los más polémicos y vergonzosos de la televisión deportiva del país. Por desgracia, dentro de un fútbol herido de muerte por una interminable lista de poderes y administraciones mal estructuradas, la vía para mirar hacia otro lado no son sus triunfos ni sus jóvenes promesas, sino sus impertinentes protagonistas.

Caruso no es nuevo en estas lides. En 2008, como entrenador de Newells una serie de exigencias al vestuario desde la directiva, precipitaron el cruce ante varios de sus jugadores. "Schiavi se deja manejar por Husaín, que es quien maneja el vestuario. Husain insulta a todos los juveniles, es el buchón del presidente y cobra por hacer eso. Se agranda porque tiene plata y jugó en Boca”, lanzó contra uno de los ejes de su equipo, disparando sin tapujos: "Tengo tres balas y si me siguen jodiendo los voy a buscar y se las doy en la frente".

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Poco antes, otro líder de vestuario en Argentinos, el uruguayo Scotti, se cruzó con él. "Estaba jugando con los osos polares en Rusia y yo lo traje acá, donde no había jugado nunca. Tiene que estar eternamente agradecido conmigo", le tiró, algo que casi clonaría poco después cuando, visitando a River en el Monumental, se encaró con "Chori" Domínguez. Pidió que le sacaran tarjeta amarilla por fingir y, cuando el Chori lo vio, se acercó y le hizo un gesto como que el partido estaba pagado. Caruso, enojado, le respondió arreglándose el pelo y gritándole “puto” con gestos que no podemos representar (por suerte) en un texto de esta índole. El pasado año, cuando dirigía a San Lorenzo, se cruzó con Carlos Bueno, quien dijo no tener trato con el míster. Caruso no tardó en atizar: "Me dijo que se siente mejor entrando en los segundos tiempos. Entonces, si un jugador te dice eso, ¿qué voy a hacer? Que se haga cargo, no quiero quedar como un boludo. No puede salir a decir las cosas que dijo", le respondió.

Una más, una de tantas, una de las que aún faltarán por relatar. El reflejo peligrosamente real de un fútbol condicionado por valores perdidos, premisas. Ninguneadas y el amargo recuerdo de épocas brillantes que enloquecen la mente pensando en un futuro que no se antoja mejor. La pelota “no dobla” más en Argentina…

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