Brasil - Inglaterra, la memoria de Julinho Botelho
Pasó a la historia en el primer encuentro jugado en Maracaná entre las dos selecciones
Brasil e Inglaterra protagonizarán un atractivo enfrentamiento en el estadio de Maracaná, se trata de un encuentro entre dos de las selecciones con más tradición histórica del mundo. En 1959 se midieron por primera vez en territorio brasileño, y aquel partido estuvo cargado de enorme simbolismo y una bellísima historia protagonizada por Julinho Botelho...
El 13 de Mayo de 1959 Maracaná se preparaba para vivir un gran momento, el regreso de los héroes de Suecia en un amistoso que les enfrentaría a los inventores del fútbol moderno. Brasil conquistó el mundial de 1958 ofreciendo al mundo la magia de un grupo de jugadores técnicamente privilegiados, pero sobre todo regalando la aparición de un joven de 17 años que, adornando su presencia de filigranas imposibles y remates acrobáticos, se había convertido en el gran redentor del fútbol brasileño; era Pelé, "O Rei" Pelé.
En Suecia el combinado sudamericano ganó todos sus partidos excepto uno, el que le enfrentó a Inglaterra en el Nya Ullevi de Goteborg. Allí no solo tuvieron que conformarse con el empate, sino que la gran estrella del partido fue su portero Gilmar. Para los representantes del juego de toque y la búsqueda incesante de la portería contraria, no ganar y tener que ceder la pelota a su rival suponía un duro golpe; en este caso la filosofía de juego de los hombres de Feola superaba al agobio producido por cualquier resultado.
Lo que pasó después con aquel equipo es conocido. Su partido ante la anfitriona Suecia en la lucha por el título permanece en el recuerdo como una de las mayores exhibiciones jamás vista en la final de un mundial. Garrincha superó una y otra vez a la defensa escandinava, ofreciendo un recital de pases y regates pocas veces repetido. Inglaterra por su parte (que había quedado en una situación inmejorable para conseguir su pase tras el duelo frente a Brasil) no pudo derrotar a Austria en el tercer encuentro, por lo que tuvo que jugarse el orgullo de su fútbol en un play-off de desempate contra la Unión Soviética.
La derrota les dejó fuera de los dos primeros lugares del grupo de la muerte, un suceso doloroso para los hombres de Winterbottom, habida cuenta que sus vecinas Gales e Irlanda del Norte sí que consiguieron la clasificación a los cuartos de final. Los jugadores ingleses tuvieron que volver anticipadamente a su país, otra vez. Entre ellos se encontraba el inédito en el campeonato Bobby Charlton, que esperó sin suerte un lugar en el once del equipo de los "Three Lions". Un año más tarde sin embargo, tendría una excelente oportunidad para resarcirse en un nuevo duelo frente a los brasileños.
La primera visita de Inglaterra a Río de Janeiro se produjo 11 meses después de que Hilderaldo Luiz Bellini alzara al cielo del Rasunda Stadium la primera copa Jules Rimet ganada por su país. El encuentro amistoso ante los británicos se convirtió en todo un acontecimiento para unos aficionados que terminaron acudiendo en masa a Maracaná, y que dejaron en taquilla casi 14 millones de cruzeiros; la mayor cifra alcanzada hasta ese momento en un partido disputado en suelo brasileño. Pero al margen del desenlace del encuentro, una historia relacionada con Garrincha y Julinho Botelho quedaría grabada para siempre en la historia de Maracaná y en la de los duelos entre ingleses y brasileños.
Júlio Botelho había nacido en 1929 en el barrio de Penha, localizado en Sao Paulo. Fue un extremo de gran envergadura, muy rápido y con un certero disparo que pronto le hizo ganarse el apodo de "Flecha Dourada ". Se marchó al fútbol italiano en 1955, después de haber brillado en la Copa del Mundo celebrada en Suiza un año antes. A pesar de sus buenas actuaciones Julinho no volvería a disputar un mundial, aunque no sería porque no tuviera oportunidad. La tuvo en 1958, pero consideró que no era el momento de robar el sitio a los compañeros que jugaban en equipos de su país. Para él eso fue lo justo.
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En las filas de la Fiorentina, Julinho fue vital en el título de la serie A conquistado en 1955-56. El brasileño se convirtió en un ídolo, tanto que en ocasiones varios compañeros lo camuflaban para que no sufriera el asedio de los Tifosi Viola. La Fiorentina no solo triunfó en Italia, sino que llevó su éxito más allá de las fronteras del país transalpino cuando al siguiente año jugó la final de la Copa de Europa. En el Bernabeu, el 30 de Mayo de 1957, cedían ante el Real Madrid en el último encuentro de dicho torneo; Julinho lideraba los ataques por banda del equipo de Bernardini.
Y por fin le llegó la oportunidad de representar a su país en el mundial de Suecia. Pero como decimos renunció a ir, y se perdió lo más grande que le puede ocurrir a un brasileño... ser campeón del mundo con su selección. Antes de viajar al país escandinavo para disputar el campeonato Brasil jugó una serie de amistosos en Italia, uno de ellos ante la Fiorentina. Aquel encuentro pasará a la historia por el gol que marcó Garrincha, una ofrenda al talento.
A Suecia acudió un equipo compuesto en su totalidad por jugadores que militaban en el fútbol brasileño: Pelé, Vavá, Garrincha, Didi, Djalma Santos... comenzaba la leyenda de la Canarinha y muy pocos echaron de menos a Julinho Botelho. Sin embargo el día del enfrentamiento ante Inglaterra en Maracaná un año después, allí estaba él, sustituyendo nada menos que a Garrincha tras un sorprendente cambio de planes de Vicente Feola.Vavá, Zagalo y Garrincha fueron los únicos campeones del mundo que no jugaron el partido frente a Inglaterra. Pero fue la ausencia de "Mané" la que provocó una sorprendente reacción del público, ya que Julinho Botelho se llevó la mayor bronca de la historia de Maracaná.

Varias leyendas circulan en torno a aquella ausencia de Garrincha del once titular. Casi todas ellas están relacionadas con la indisciplina del futbolista y sus noches locas rodeadas de alcohol y mujeres en plena concentración del equipo. Al parecer Feola quiso castigarle dejándole en el banco el día que Brasil volvía a casa, pero el técnico no reparó en las injustas consecuencias que tendría su decisión y que podrían perjudicar la moral de Julinho. Siempre profesional, el jugador asumió la bronca del estadio cuando su nombre sonó por megafonía, pero estaba dispuesto a silenciar aquella equivocada actitud. Con el pitido inicial Julinho extrajo su rabia e instinto interior.
Más de 100.000 personas le habían abucheado, pero con la pelota en juego tardaría sólo dos minutos en cambiar los silbidos por palmas. Marcó el primer gol ante los ingleses y sacó de la chistera un magnífico repertorio de pases, carreras y driblings. Años más tarde Julinho recordaba ese momento: "Me quedé sorprendido por las burlas. La gente prefiere a Garrincha porque se olvidan rápidamente de las cosas buenas, no se acordaban de mí".
Con el 7 a la espalda Julinho hizo magia. Marcó un gol espectacular y dio otro. Los ingleses volvieron a perder en Río de Janeiro como ocho años antes en su estreno mundialista gracias a su inspirada actuación. La injusticia vivida aquella tarde por el sustituto de Garrincha no fue olvidada jamás, y en cada visita de Inglaterra es recordada por un país que venera a sus ídolos futbolísticos de la misma manera que adora a los santos.
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Julinho Botelho, la "flecha dorada paulista", se ganó un lugar de privilegio en la historia de la selección brasileña. Ante Inglaterra no se disputaba una copa, pero la supremacía mundial estaba en juego. Bajo la atenta mirada de Pelé y la resignación de Garrincha, Julinho fue el rey de Maracaná.

