Inter, Roma y el cerrojo de Giovanni Trapattoni

Todavía se recuerda su planteamiento ultradefensivo en la final de la Copa UEFA

Inter de Milán y Roma se enfrentan en el partido de vuelta de las semifinales de la Coppa de Italia, el conjunto giallorosso dirigido por Aurelio Andreazzoli contará con una motivación extra en su defensa del gol de ventaja conseguido en el partido de ida, ya que de lograr la clasificación sería la primera vez en toda la historia de la Coppa de Italia en la que se enfrentarían en la final los dos clubes de la capital, Roma y Lazio. Pero antes deberá soportar la presión del Giuseppe Meazza.

Inter y Roma han protagonizado la mitad de las finales de copa jugadas en Italia en los diez últimos años. En 2004-05 comenzaron su serie de enfrentamientos en el partido decisivo; jugaron cuatro finales consecutivas con dos títulos para cada uno. Curiosamente en la temporada siguiente, 2008-09, volvieron a verse las caras aunque esta vez en los cuartos de final, ganó el Inter. Los dos equipos hicieron historia en la siguiente temporada jugando de nuevo la final de 2010 en el Olímpico de Roma. Este año lucharán por una plaza en el encuentro decisivo que sería un buen premio para dos conjuntos que no pasan por su mejor momento. La Lazio ya clasificada desde el pasado mes de Enero, espera a uno de los dos pensando que el rival de la final podría ser su encarnizado enemigo de la ciudad; el derby de Roma podría jugarse por primera vez en la última ronda del trofeo copero de Italia.

Hoy recordaremos uno de los enfrentamientos históricos entre Inter y Roma, el duelo en el que aconteció el caso contrario al que hoy deberán afrontar ambos clubes: el equipo de la capital debía remontar en el encuentro de vuelta un resultado negativo ante el cuadro lombardo.

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En 1990-91, Inter de Milán y AS Roma se vieron las caras en la final de la Copa de la UEFA. El doble encuentro representaba la segunda final consecutiva disputada exclusivamente por clubes italianos, y en el caso de la Roma, la tercera ocasión en la que llegaba tan lejos en una competición continental en toda su historia. Todavía permanecía en la memoria el recuerdo del fiasco vivido en 1984, cuando el Liverpool arrebató a la escuadra romana la posibilidad de proclamarse campeón de Europa en su propio estadio. En esta ocasión no sería la maldición de Di Bartolomei ni la danza de Grobbelaar quienes le alejarían del título. El verdugo nació muchos años antes en la población de Cusano Milanino; su nombre era Giovanni Trapattoni. Aquella final será especialmente recordada por reflejar a la perfección el decálogo futbolístico del veterano técnico transalpino.

Los años noventa eran tiempos de prosperidad para el fútbol italiano, quizá no tanto en el estilo de juego que podía verse en los estadios como en los resultados obtenidos por sus clubes. En 1990 por ejemplo, llegaron a ganar las tres competiciones europeas que se jugaron. La remodelación o construcción de algunos campos para la Copa del Mundo que se disputaría ese año en el país, convirtió a las gradas italianas también en gran protagonista del espectáculo.

Los estadios eran auténticos circos de luz que daban al fútbol un color diferente; era la época de esplendor del movimiento ULTRA, que desembocó sin embargo en episodios de violencia entre aficiones. Los tifosi protagonizaban desplazamientos masivos a otras ciudades, y en aquella final de la Copa de la UEFA obviamente volvieron a demostrarlo, aunque fueron los nerazzurri los hinchas más animados a hacerlo tras el resultado conseguido en el partido de ida; llegaron a desplazarse a Roma más de 8000.

En el terreno de juego los dos equipos sumaban hasta cinco hombres que habían levantado la Copa del Mundo en Roma con Alemania pocos meses antes; Klinsmann, Matthäus, Brehme, Berthold y Voller. Los primeros minutos de la final fueron insulsos, carentes de interés futbolístico más allá de la batalla táctica presentada por los dos entrenadores.

No fue hasta la segunda parte cuando el encuentro se abrió gracias a un dudoso penalti... no podía ser de otra forma. Matthaus no falló y Trapattoni logró que el encuentro adoptara el guión perfecto para sus intereses. A partir de ese momento (minuto 10 de la segunda parte) su equipo se atrincheró en su campo frenando el impulso de ataque del equipo entrenado por Ottavio Bianchi. A la contra el Inter hizo mucho daño, logrando un segundo tanto que sería vital en la consecución final del título. Nicola Berti culminaba a la perfección una rápida jugada de Jurgen Klinsmann.

Con el 2-0 Trapattoni leyó el partido de vuelta de forma transparente, siendo fiel a su idea futbolística. Tenía 90 minutos para poner en práctica su planteamiento, donde dispuso un cerrojo de hasta seis jugadores que salieron al campo con la única determinación de hacer que la Roma no se acercara al marco defendido por Walter Zenga. Ocho italianos, tres alemanes y un único hombre en punta, Klinsmann.

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La desesperación local fue en aumento conforme avanzaba el partido, y únicamente a falta de 9 minutos para el final pudo la Roma de Ottavio Bianchi superar a la ferrea defensa impuesta por Trapp. Curiosamente el autor del gol, Rizzitelli, acompañaría años después a "Don Giovanni" en su aventura alemana al frente del Bayern de Munich. El Inter levantó el título, aunque hoy 22 años después de aquella batalla, la AS Roma podría tomarse cumplida revancha de la encerrona y superar a los nerazzurri con las mismas armas que causaron su derrota en 1991.

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