Croacia - Serbia, la guerra del siglo XXI

Los acontecimientos pasados y presentes lo convierten en un duelo de alto riesgo

Croacia y Serbia se enfrentan hoy en el Stadion Maksimir de Zagreb, el orgullo nacional de los dos países se pone en juego por primera vez en la historia ya que la única vez que se celebró un encuentro parecido fue en 1999, cuando Yugoslavia, formada por Serbia y Montenegro, visitó al conjunto arlequinado.

25 años es tiempo suficiente para que un país descienda al infierno y resurja convertido en una realidad de siete banderas distintas. Teniendo en cuenta que un habitante de la antigua Yugoslavia vive alrededor de 75 años, 25 representan casi la mitad de su vida. 25 años es tiempo suficiente para conocer a tres Papas distintos, y precisamente la religión con luchas entre ortodoxos, mulsumanes y católicos, fue una de las razones de peso que originaron la cruel guerra que dividió a los Balcanes. 25 años son suficientes para que un hombre como Davor Suker marque un penalti decisivo en el Campeonato del Mundo juvenil con la selección yugoslava y después presida una Federación que ni existía en ese momento, la croata. 25 años después del éxito de Chile, Serbia y Croacia disputan el partido más importante del siglo XXI en los Balcanes.

El 25 de Octubre de 1987 la mejor generación de la historia del fútbol yugoslavo logra el Campeonato del Mundo Sub 20 tras vencer en la final a Alemania. El logro tiene lugar en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, escenario utilizado 14 años antes como centro de detención y torturas tras el golpe de estado que derrocó a Salvador Allende. El destino tendría reservado un capítulo macabro que dejaría marcadas a varias generaciones; la mayor batalla étnica y política en Europa tras la caída del Muro de Berlín.

Selección de Yugoslavia de 1987 Mundial Sub' 20

El partido que se jugará esta tarde en Zagreb hará evocar para muchos el horror. Aunque varios jugadores traten de alejar el enfrentamiento deportivo del recuerdo bélico, la memoria sigue estando con los que murieron, con los hermanos que perdieron la dignidad y vieron perderla a mucha gente, con los cementerios llenos de cadáveres... Croacia espera al enemigo, que llega por primera vez a su territorio sin el envoltorio yugoslavo; ahora, por primera vez en la historia, Croacia y Serbia miden sus fuerzas en un terreno de juego.

En el banquillo croata se sienta Igor Stimac, otro hombre que estuvo en Chile. Stimac logra salir de su país en 1992 cuando el presidente del Cádiz Manuel Irigoyen lo firma para el conjunto gaditano, donde coincidirá con Kiko Narváez o el argentino "Tubo" Fernández. En Mayo de 1992 Croacia se había convertido en miembro de las Naciones Unidas, pero las hostilidades de la Guerra croata de independencia seguían sitiando su geografía. Igor Stimac nació en 1967 en Metković, una ciudad a la que únicamente el río Neretva separa con la frontera de Bosnia. Quien la ha visitado puede hablar de la depresión generada por una guerra, un lugar donde los amagos de bombardeos provocaron un estado de psicosis que todavía perdura en los hijos de la generación de Stimac. Aunque peor fue lo vivido en Vukovar, cercana a la Osijek natal de Davor Suker, un lugar arrasado por los paramilitares del ejército yugoslavo y que eligió el presidente serbio Boris Tadic para pedir perdón por los crímenes en una visita realizada en 2010.

Pero difícilmente las buenas palabras pueden hacer cambiar el rencor generado tras una guerra como la yugoslava. Eso es algo que sabe bien Siniša Mihajlović, el seleccionador serbio: "En una guerra civil no hay buenos y malos, no hay blanco o negro. El color predominante siempre es el rojo, el de la sangre de los inocentes. La Guerra de Yugoslavia tiene muchos culpables". Mihajlovic no fue parte de la mágica generación yugoslava de Chile 87, aunque sí estuvo en el Estrella Roja que se proclamó campeón europeo en Bari. Sinisa era parecido a un M-84, los carros de combate utilizados en la guerra. Cuando abría fuego con su cañón podía ser letal, pero su sensibilidad para el juego era tan baja como la que podían ofrecer estas máquinas de matar con la vida de los balcánicos. Mijhailovic hizo carrera en base a saber tirar faltas, en eso sí era un maestro.

La copa que levantó Leković de manos de Joao Havelange estaba tocada con la barita del talento. Había pasado por las manos de Maradona hacía en ese momento ocho años, y la nueva generación yugoslava demostró ser un grupo fresco y armonizado que sin duda secundaría bien el trofeo. Mirko Jozić, entrenador croata que echaría raíces en Chile, manifestó: "El gran secreto de este equipo es que siempre busca la alegría en el juego y en la vida". La armada plavi marcó 17 goles en 6 partidos.

[video:http://www.youtube.com/watch?v=0GXm1ZSjxkM]

Aquel triunfo sería la mejor tarjeta de presentación en el desembarco en las grandes ligas de la mayoría de aquellos jugadores. Los Prosinecki, Boban, Jarni, Mijatovic o el malogrado Dubravko Pavlicic, comenzaron una nueva vida lejos del fuego cruzado que destrozaba cada rincón del país en el que crecieron. Lo que ocurrió en la Yugoslavia deportiva después de la muerte del mariscal Tito fue casi un milagro. En el país germinó una generación de deportistas inigualable que habría hecho más historia si la guerra no hubiera cortado su camino. El potencial de las selecciones en deportes colectivos era inmenso.

Cuando serbios y croatas escuchen sus himnos esta tarde y se miren a los ojos antes de la batalla competitiva, serán conscientes de que hubo un día en el que paralizaron el mundo deportivamente hablando. Alguno de los protagonistas no había nacido cuando sus padres sintieron por primera vez el pavor ante una sirena de bomba...

También te puede interesar:

CUANDO BOBAN DESENCADENÓ UNA GUERRA

Artículos destacados

Comentarios recientes