El España - Finlandia que reivindicó Gibraltar

En 1969 España venció 6-0 en la Línea de la Concepción

El España - Finlandia que se jugará en Gijón el próximo viernes no será un encuentro que pase a la historia por su extraordinaria competitividad, el partido se presenta para los de Vicente Del Bosque como un ensayo con puntos en juego antes de medirse a Francia en París. Hace pocas fechas hemos asistido al referéndum celebrado en las Islas Malvinas. La disputa sobre su soberanía nacional nos recuerda al caso Gibraltar, ese pequeño territorio de ultramar que ha causado más de un quebradero de cabeza a nuestras instituciones, y también a nuestro fútbol... la selección de Finlandia lo vivió de primera mano hace ya algunos años.

Y es que en 1969, los búhos reales (seudónimo con el que se les conoce) fueron el primer rival de la España de Ladislao Kubala (nombrado nuevo seleccionador), un periodo que se alargaría durante más de diez temporadas. El España-Finlandia que se jugó en la Línea de la Concepción el 15 de Octubre de 1969 representó uno de los mayores puntos de conexión entre el fútbol y la política en la historia de nuestro país.

En la actualidad, la selección española (o "La Roja", concepto repudiado por historiadores) disfruta de un impacto social y mediático como nunca ha vivido. No podemos afirmar que este hecho sea debido únicamente a un exceso de apego por los colores nacionales o a un repentino gusto por el fútbol de corte participativo. La razón principal de este seguimiento (que roza en ocasiones el acoso a los jugadores) que no conoce edad, sexo ni religión, es que ahora las copas y trofeos llegan a España; gozamos de una selección imparable, capaz de ganar a cualquier rival que se ponga por delante. El apoyo a la selección, que debería haber sido la norma ante cualquier cita internacional, se ha visto sacudido en los últimos años de una fiebre que soprepasa cualquier patrón conocido; "La roja" puede con todo.

No es mal momento el actual para recordar tiempos en los que no se nadaba en la abundacia. Mundiales a los que España viajaba con Manolo el del Bombo y un número de fieles que a duras penas podían llenar un avión. España no ganaba títulos, pero ¿acaso no jugaban con la selección futbolistas de talla internacional contrastada? Así lo eran Guardiola, Raúl, Santillana, Rexach o Juanito. Jugadores que tuvieron que soportar las críticas y llevar el peso del fracaso a sus espaldas por un balón que no entró como el de Cardeñosa o inoportunos tropiezos en momentos decisivos. La conclusión es que la selección española actual ha ganado un mundial siendo el mejor equipo aunque marcando en la parte final de la prórroga, y venció en un par de tandas de penaltis decisivas en las dos Eurocopas que se llevó. Analizando, con fútbol de por medio y sin arrebatos triunfalistas y patrióticos, somos muy buenos pero pudimos caer y no llevarnos nada, como aquellos que eran "tan malos" en el pasado y vieron las finales por televisión.

Y es que es costumbre muy arraigada en el carácter español aplaudir la hazaña del vencedor, sin reparar en el esfuerzo empleado por aquel que no ganó la medalla y sin embargo la acarició. Todos estaríamos de acuerdo en que España es un país de fútbol, y por eso las victorias de la selección han calado tan hondo en el corazón de los aficionados; 90 años de espera para ganar el mundial no son pocos. Pero... ¿qué nos interesa realmente a los españoles después del fútbol? Somos de basket, ciclismo... ¿vela?

Somos de baloncesto en época de medallas olímpicas y españoles en la NBA, de tenis por supuesto ahora más que nunca (en los ochenta existiría más debate sobre su capacidad para movilizar a las masas), de ciclismo fuimos con Perico y sobre todo con Indurain, aunque ahora le echamos la culpa al dopaje de que ya no nos guste tanto. Aquellos que forzaban la jornada intensiva para llegar a tiempo al final en Alpe d'Huez en los Tours de Francia de los años 90, decidieron acudir a la sesión vespertina de su trabajo con el fin de no perderse un entrenamiento de Fernando Alonso en Australia por ejemplo; así lo demandaba nuestra obsesión por todo deporte en el que un español gane.

¿Somos de atletismo? Es difícil no encontrarse con un "runner" en cualquier avenida, sin embargo las retransmisiones atléticas no son rentables porque poca gente las sigue, parece que no nos gusta mucho y además últimamente ganamos pocas medallas. La vela ya no engancha tanto, será por aquello de que la familia Real ya no tiene tanto tirón... podría ser, o porque ya no se conceden Copas América a nuestro país. España en materia deportiva, más que en ningún otro lugar, es del que gana, del triunfador. Dirán que esto pasa en todos lados, y en cierto modo es así, pero en nuestro país el asunto es mucho más evidente. Cuando ya no se gana, aquello comienza a evaporarse como la espuma, dejando en la supericie a los fieles de cada uno de los deportes y en el aire nuestra supuesta pasión por uno determinado.

En 1969 como la selección no ganaba, se llamó a uno de los que más sabía de levantar copas, Ladislao Kubala. El húngaro debía hacer grande a una selección rota que había dicho adiós al Mundial de México 1970. Poco quedaba de aquel conjunto que un año antes le había puesto las cosas muy difíciles a la Inglaterra de Charlton, Moore y Norman Hunter. España e Inglaterra, campeonas de Europa y del Mundo, se cruzaron en los cuartos de final de la Eurocopa de 1968 a doble vuelta (como se jugaba el campeonato en aquella época). España dio la cara en Wembley, fue aplaudida por la prensa local y desató la esperanza en el partido de vuelta.

La selección tenía un buen equipo (por aquello de los que dicen que nunca lo tuvimos). Estaban Pirri, Gento y Amancio, estrellas absolutas de su tiempo, también Zoco o Rifé, pero los ingleses tenían el mejor conjunto de su historia. Les regalaron gran parte de su mundial, pero Sir Alf Ramsey sabía como mantener la concentración de sus hombres en encuentros largos que requerían saber jugar con el tiempo. Partidos como el de España, que terminaron ganando.

Como los españoles no pudieron adornar sus anhelos políticos con una histórica victoria sobre el terreno de juego, buscaron dar un paso más. La guerra entre selecciones era una minucia, ni tan siquiera las batallas entre el Real Madrid y el Manchester United podían equipararse al verdadero combate del gobierno español de la época: Gibraltar.

Justo un año y un mes después de perder contra los ingleses, España cerró la verja de Gibraltar, y en Octubre de ese mismo año, las autoridades competentes decidieron llevar a la selección a La Línea de la Concepción para jugar contra Finlandia, con el Peñón al fondo.

En una época de escasa inversión en materia deportiva y donde los deportistas debían echar mano de la imaginación para reforzar sus entrenamientos y competir con cierta suerte en el extranjero, el gobierno de Franco daba un golpe de efecto a la situación política. El deporte serviría para relanzar un conflicto que no había podido resolverse (y sigue sin hacerlo) por la vía del diálogo y las urnas.

El partido ante Finlandia, oficial pero intrascendente, se convirtió en un acto de propaganda nacional. Había que convencer a los aficionados de que esa línea era la correcta para alcanzar la vía del éxito. Si en Amberes 1920 la fuerza y el espíritu habían originado el nacimineto de "La Furia" y en 1960 nos habíamos plantado cuando debíamos enfrentarnos a la URSS, estaríamos en el buen camino con iniciativas que reivindicaban nuestros colores por encima de cualquier razón o pensamiento. La propaganda nacional más absoluta estuvo presente en aquel encuentro de la Copa del Mundo. Por cierto, la selección estuvo 9 años sin acudir a un mundial, así que tan bien no se estarían haciendo las cosas.

El lleno en el Estadio José Antonio Primo de Rivera de la Línea de la Concepción fue histórico. Desfiló la banda de la legión, que interpretó los himnos nacionales, y la España de Kubala goleó sin compasión a la fría Finlandia. Los goles de Pirri, Amancio o Gárate encendieron a un animado público español que pensó para sí mismo... ¡Qué lástima que esto no hubiera llegado antes y pudiéramos viajar a México!... Todo ello ocurrió con el Peñón de Gibraltar presenciando la fiesta.

[video:http://www.youtube.com/watch?v=iN4vpj0xKfE]

De las impresiones que los finlandeses pudieron llevarse de tanta celebración no tenemos demasiadas noticias, aunque no nos equivocaríamos al pensar que relacionarían todo aquello con un espectáculo cercano a lo "taurino". Lo cierto es que su imagen en el campo ese día no fue muy positiva, no muy lejana seguro a la que ofrecerán el próximo viernes en El Molinón. Finlandia vuelve a España para enfrentarse al campeón del mundo, a un país con problemas mucho más graves y angustiosos que la soberanía del Peñón que preocupaba tanto en 1969.

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