César Azpilicueta, Álvaro Arbeloa y el lateral derecho de España

El defensa del Chelsea oposita a la Selección

César Azpilicueta se está ganando su presencia en la convocatoria de Vicente Del Bosque para la Selección de España gracias a su rendimiento con el Chelsea y se ha presentado como una firme oposición a Álvaro Arbeloa.

Tenía apenas 12-13 años, edad como para tener la fuerza y el tiempo libre asegurado en todo momento. Suficientes argumentos como para lograr estimulación plena por el fútbol, pero no por el competitivo y sacrificado, sino aún visto desde los ojos humildes de un niño cuyo disfrute es la pelota y juntarse cada fin de semana en torno a ella con un buen puñado de amigos. Aquella mañana hacía muchísimo frío, un sábado invernal en Talavera de la Reina junto al prado, entre la niebla densa y a unos 100 metros del río. Sensación térmica nada recomendable para los huesos de los valientes padres, adultos que habían llevado a sus hijos a semejante hobby una semana más. El míster da las alineaciones. Quien escribe, una vez más, estaba forzado a mover el equipo como organizador-enganche, una posición habitual que no sorprendió. Mis ojos, estaban clavados en César…

Aquél compañero de equipo que apenas llevaba cinco meses en el equipo, había jugado aún poco, y sólo se dejaba ver en el césped momentáneamente en minutos finales. Aquella espesa mañana, el entrenador lo citó pronto, siendo titular para paliar las bajas defensivas que habían mermado el lateral derecho. Lo animé, lo empujé para que no tuviera miedos y para que solo pensara en disfrutar. Un par de minutos de prueba sirvieron para que se soltara, encontrara tranquilidad, mejorara defensivamente e incluso se animara en un par de ocasiones a buscar su carril para profundizar y dejar buenos centros. No reconocíamos esa velocidad, esa capacidad para llegar hasta línea de fondo ni tampoco su seriedad ante los rivales que amenazaban su zona. Al finalizar el encuentro me acerqué a él y lo felicité, escuchando al míster de fondo: “Por fin encontré al lateral derecho. Siempre jugaba el último, el que no tenía hueco, el que suplía las bajas”. César convirtió un mal endémico sobre una posición donde cualquiera parece estar capacitado para ‘cumplir’, en una cualidad clave de nuestro equipo desde aquella fría mañana. En Londres, esa teoría se ha extrapolado al Chelsea pues en Stamford Bridge otro César, Azpilicueta, por fin ejerce de especialista en un rol sin claro referente. El que también busca España.

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La evolución del carrilero diestro pamplonica responde a la perfecta idiosincrasia repetida mil y una veces por el organigrama de la selección española. Club competitivo de Primera División logra sacar de su propia cantera un jugador para una posición específica que llega hasta el primer equipo tras criarse bajo sus premisas en El Tajonar. Azpilicueta procedía de Zizur Mayor, donde siendo niño, uno de sus apenas 13.000 habitantes observó como uno de los críos que jugueteaba en el recreo del colegio San Cernin (el único de la localidad navarra), tenía cierta habilidad con la pelota y una enorme capacidad física. Hasta entonces, cualidades que le habían servido para recibir elogios de las chicas del pueblo y para ser la envidia de sus compañeros masculinos. Pero desde entonces, ese pequeño atleta juvenil entró jovencísimo en las categorías inferiores de Osasuna y se auto-obligó a cambiar aquellos elogios por competitividad sana, algo que no había experimentado en su entorno, neutral en esas sensaciones y alejado del mundanal. El chico del pueblo que había llegado con buenas referencias no podía quedarse en eso y con trabajo, encontró recompensa años después, debutando nada menos que en el Santiago Bernabéu.

Su progresión fue tal, que en cuestión de unos años se convirtió en titular absoluto del lateral diestro rojillo y fijo en las categorías inferiores de la selección española (ganó el Europeo Sub 19 y fue creciendo hasta ser capitán de la Sub 21 campeona de Europa en el verano de 2011 o estar en la pre-selección de 30 convocados por Del Bosque para Sudáfrica 2010). Una de las mayores promesas del mercado español que, en una maniobra extraña, lo dejó escapar rumbo a la Ligue 1 hace tres años para enrolarse en el pasional Olympique de Marsella. En ese instante se hablaba de las opciones que podría tener en los planes de Guardiola o Emery (Barcelona o Valencia por entonces) en aventuras nacionales de enorme trascendencia, pero sin forma de concretarlo, acabó siendo el fichaje más caro del fútbol francés por un monto de 9 millones de euros (fue posteriormente superado por su excompañero Remy).

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La presión era máxima y el entorno siempre complicadísimo del OM, suponía otra grave obstáculo para su adaptación. Cuando había logrado convencer y ganarse adeptos en el Velodrome, la gran preocupación lo persiguió en forma de lesión de gravedad. César se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda y seis meses de ausencia debilitaron su estatus como carrilero en progresión a punto de explotar. Incisivo, enérgico y equilibrado en sus labores ofensivas-defensivas, había sido defendido en todo momento por un Didier Deschamps (su técnico por entonces) que había solicitado de primera mano su fichaje, pero que no tuvo otra opción que buscar soluciones tras su lesión. La contratación de Fany para su demarcación, la llegada de un Europeo Sub 21 al que llegó más que justo (apenas jugó pese a ser el capitán testimonial porque no podía ofrecer su mejor versión) y la competencia creciente en un Marsella muy decepcionante desde principios de curso, volvía a ponerlo a prueba. Pero una vez más, ese atleta implacable demostró sobriedad y capacidad de reacción de inmediato pues apenas meses después, recuperaba su rol, volvía a ser titular y aprovechaba los meses posteriores para reivindicar que Marsella se le quedaba pequeño.

Un verano cargado de rumores, opciones de mercado y pretensiones deportivas de mayor calibre, lo acabaron llevando a Londres para estrenarse en la Premier League con un Chelsea recién coronado campeón de Europa. No tenía hueco de inicio pues Di Matteo tenía fe máxima en la zaga que le había llevado a la cima continental, aunque los malos resultados del equipo y el cese del técnico italiano, acabaron por abrir las puerta a Rafa Benítez y, por ende, a Azpilicueta. El esfuerzo, dedicación y sacrificio diario desde el silencio de quien jamás levanta la voz en el vestuario, han vuelto a dar relevancia a su desempeño, ahora ya indiscutible en uno de los ‘gigantes’ europeos. Titular en el carril diestro Blue, progresando con mayor eficacia de lo esperado y habiendo dado los pasos adecuados en el escenario internacional, nadie duda que ahora más que nunca, el reto es alcanzar la titularidad con la selección española. Un rol para el que siempre fue preparado (así lo marcaba desde que entró en Sub 16) y que ahora toca con los dedos a la espera de la llamada de Vicente del Bosque. Arbeloa tiene un nuevo rival. España tiene un nuevo lateral.

DEBATE: ¿DEBE AZPILICUETA OCUPAR EL LATERAL DERECHO DE ESPAÑA EN LUGAR DE ARBELOA?

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