Bélgica: Un fútbol que muere en la política
Analizamos la situación que se vive en el fútbol belga
El fútbol de Bélgica ocupa problemas con claro tinte político y social que afectan tanto al país como a su liga. Analizamos la situación que atraviesa el fútbol belga y sus problemas socio-políticos de la mano de Jose David Lopez.
Mi interés constante en temas políticos de índole internacional, se cruzó hace demasiado tiempo con el fútbol en su versión más atractiva, la de los campeonatos menores o escenarios de segunda fila. Los rumores a veces dejan de serlo y lo que aquí en España comenzó hace mucho tiempo con la aparición en escena de selecciones catalanas, vascas, gallegas y hasta murcianas (con sus consecuentes efectos sobre el fútbol nacional), era casi exclusivo del territorio español. Por desgracia, estos debates que en muchas ocasiones vienen creados por fines políticos como trasfondo, podían alterar la competición en un futuro pero no hay que indagar demasiado para ver como en un estado con división de ideas (quizás más contundentes y sectoriales aún que las que nos rodean), estas consecuencias ya rebasan cualquier obstáculo.
Hace unos años, aprovechando que Bélgica se enfrentaba a España, recuerdo haber experimentado y diseccionado los problemas políticos que oculta el fútbol belga, que llevan años obstaculizando su crecimiento-progresión. Rumores que avanzaban cada cierto tiempo una posible escisión en su deporte rey y que ahora vuelven a tomar fuerza. Lamentablemente, comprender cualquier previsión que cite el fin del fútbol en Bélgica como lo conocemos actualmente, aún es prematuro pero resulta imposible explicar sin el papel político-social que se manifiesta diariamente en sus calles. Un país dividido administrativamente en tres regiones y tres comunidades, cada una de ellas (Flandes, Valonia y Bruselas) exclusiva en sus ideas y diferenciadas en su comunidad lingüística (flamenca y francesa).
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Desde hace años, las controversias entre los dos grandes sectores de población del país, (flamencos y valones) han crecido hasta el punto de que muchos ven una desaparición futura del estado belga. Desde entonces, incluso se formó un gobierno interino que los más independentistas vieron como el inicio de un desmembramiento, ya que aseguraban que salvo monarquía, el chocolate, las cervezas y, desde luego, la selección de fútbol, poco tienen en común que les una a luchar por mismos intereses. Esa crisis sirvió para que se debatiera un tema que hasta ahora resultaba tabú. En su día, incluso el ministro de Deportes de la región de Flandes, Bert Anciaux, afirmó que había llegado a un acuerdo con la Unión Belga de Fútbol para poner en marcha una liga flamenca a partir de la siguiente campaña. Algo que nunca se llevó a cabo pese a que aseguraba que su Gobierno ayudaría con 5,5 millones de euros para apoyar a los equipos flamencos que, desde 3ª División, pertenecerían a la nueva competición.
De todos los clubes interesados en esta nueva vertiente, se incluye una de las potencias nacionales, el Standard de Lieja, que siempre quiso dejarse notar en un debate que puede desencadenar grandes cambios en el fútbol europeo. Su ex vice-presidente hace unos años amenazó al citado Bert Anciaux, ya que veía en ese proyecto el primer paso para una “escisión total” que, en caso de concretarse, acabaría con el cuadro Rouche jugando en el campeonato francés. Desde entonces, aquellas previsiones y deseos habían quedado a un lado pero esta semana, el nuevo presidente del club, Roland Duchâtelet, ha amenazado con abandonar la Liga Belga y jugar la Ligue 1 francesa si el proyecto de crear un campeonato con equipos belgas y holandeses no acaba de concretarse.
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Su prioridad pasa por crear un campeonato al que llamarían Beneliga, en el que participarían ocho clubes belgas y doce holandeses. Sus intenciones son las de generar mayor competitividad, nivel y crecimiento en los clubes de este territorio, que han quedado alejados del nivel medio continental en las últimas décadas. Y, desde luego, poder competir por los derechos de televisión con el resto de ligas europeas, pues su lejanía financiera en estos términos es excesivamente notable y el principal motivo de disparidad de recursos. "Sin el establecimiento de una Beneliga, el fútbol belga moriría. De no surgir el proyecto, intentaríamos unirnos a la Ligue 1 de Francia. Es legalmente posible si los franceses están de acuerdo. Denegar este proyecto sería una mala gestión. Anderlecht, Brujas, Ajax y PSV Eindhoven están de acuerdo”, dijo el presidente más polémico pero a la vez, ambicioso de Bélgica.
El proyecto, que pese a haber sido presentado y abanderado por varias plataformas en los últimos años, jamás ha llegado a concretarse, debilita aún más a un país y a un fútbol que se buscan a sí mismo. Un fútbol que acumula estrellas, busca renacer y cautiva en toda Europa pero que parece predestinado a una muerte política. La Brabançonne (himno belga), busca ya una nueva versión…
