Maximiliano Biancucchi, el eterno primo de Lionel Messi
La suerte le da la espalda al primo del Balón de Oro
Mientras Lionel Messi acapara cuatros Balones de Oro en los últimos cuatro años, a su primo Maximiliano Biancucchi el fútbol le da la espalda y ha llegado cedido al Vitoria brasileño. Analizamos la situación del eterno primo de Messi.
Rosarino y balón son sinónimos, elementos ‘messísticos’ protegidos para la eternidad por la brillantez del, quizás, mejor futbolista de todos los tiempos. Orgullo nacional argentino, satisfacción catalana por segunda patria y marca registrada de unas calles donde devoró pelotas, deleitó a sus amigos y defendió cualidades individuales que iba a exportar para el mundo desde los potreros humildes de su barriada. Leo Messi no convivía solo y su amor por el fútbol fue compartido durante los primeros años de su vida por ese primo donde uno ve reflejadas las energías, vocación y trabajo para conseguir romper los primeros obstáculos. Veloz, dinámico, inteligente, atrevido y habilidoso, son algunas de las cualidades que podrían catalogar al actual Balón de Oro pero también a quien pretendió siempre escribir su propia historia alejado de raíces, orígenes o libros familiares.
Ese amigo cercano que el tiempo fue separando nunca olvidará aquellas lecciones y consejos, pues ha tenido que luchar desde la humildad para alcanzar ciertas cotas de éxito como profesional y escribir su propia historia. Maxi no conoce títulos de primer nivel, contratos millonarios o portadas que vanaglorien sus habilidades pero sí soporta la losa más pesada del planeta futbolístico, una sombra alargadísima cada tarde, un fantasma que no se aparta y al que tiene que retar cada día pese al cariño que le profesa. Maxi Biancucchi nunca fue uno, ni él, sino ‘el primo’, el primo de un tal Messi.
[video:https://www.youtube.com/watch?v=zfk3diZTI2o]
“En el fútbol la cosa es simple: si jugás bien te van a aplaudir y si jugás mal te van a insultar, ya seas el primo de Maradona, de Pelé o de quién sea. Leo es un fenómeno como jugador e incluso más como persona, pero yo quiero que se me juzgue por lo que hago dentro del campo”. Una genética que abrió a la familia las puertas del mundo futbolístico pero que a Maxi solo le brindó una carrera llena de luchas y dudas, de temperamento, de perseverancia, de carácter y psicología. Cargando una mochila tan pesada como interminable, pues cada uno de sus goles son una fuerza minimizada ante la potencia y estadísticas de quien lidera el mundo del fútbol desde el epicentro del primer nivel.
Y es que ya en edad de juveniles, tras quedar libre en San Lorenzo (donde empezó a jugar en Argentina), empezó a luchar contra la soledad de un chico que busca ser profesional en las calles paraguayas. Su brega fue aun mayor tras un repentino traumatismo de cráneo sufrido durante su primer entrenamiento en Libertad, en un percance aún hoy sin explicación que lo obligó a descansar siete meses. Nunca tuvo suerte con las constantes lesiones, siempre tuvo que lidiar con problemas en sus rodillas y varios desgarros le costaron muy caro en sus mejores días (estando en Flamengo, siendo titular y mejorando, cayó lesionado y en su lugar entró Renato Augusto que sería estrella y traspasado al Bayer Leverkusen poco después) o en Cruz Azul (lesionado, Orozco entró en su lugar y acabó siendo el crack del club azteca). Una serie de infortunios añadidos a la enormidad del gigante que lo perseguía cada día desde Barcelona y ante el que sólo se defiende con una postura casi pasiva: “Hago famosos a los demás”.
[video:https://www.youtube.com/watch?v=aeHvA93sdbw]
“Me ha pasado alguna vez de jugar mal un partido y que digan que estoy en un club por ser ‘el primo de Messi’, y eso es como un puñal al estómago. No me molesta que digan que jugué mal, pero sí que duden de mis condiciones”, aseguró hace poco Biancucchi, de larga carrera muy vinculada a Paraguay (su país de adopción) y ya con 28 años. Pasó por Libertad, General Caballero, Tacuary, Fernando de la Mora, Luqueño (ganó el título Apertura), Flamengo (en el punto más álgido de su carrera ganando tres torneos estaduales pese a no ser siempre titular), Cruz Azul y Olimpia, ganando allí el Clausura en 2011 y donde apuraba sus últimos regates tras haberse convertido en la gran figura del mítico Decano nacional.
Tras haber pasado las Navidades con su primo Leo, haber festejado su nuevo Balón de Oro y disfrutar cada día con sus gambetas históricas, Maxi Biancucchi ha firmado con el Vitoria para la nueva temporada mientras sueña despierto con su último gran deseo. “Siempre fui hincha de Newell’s y me encantaría ir allá alguna vez, jugar con mi primo y lograr hacer disfrutar a Rosario”. El gran reto pendiente del ‘eterno primo’.
